En
aquellos tiempos el paseo Ciencias
era el centro de polémicas.
Miles abogaban por conservar las
estrechas calles donde la crónica
de Maracaibo se sentaba en las tardes
a ver caminar el calor y a repasar
zulianidades armónicas para
proyectar vivencias. Las calles
estrechas son propias de las tierras
calientes porque así el sol
no tiene mucho espacio para quedarse
en siesta. Pero otros miles alentaban
el presagio de una avenida amplia
creyendo que la modernidad, al sustituir
con cemento la nostalgia le gana
calidad al desafío.
También en aquellos tiempos,
tal y como acontecía con
el paseo Ciencias pasaba con la
gaita. Que si el piano, que si las
trompetas, que si la fusión
era buena…
Por eso llamaba tanto la atención
a mis oídos de aprendiz el
sonido de un grupo gaitero que se
escuchaba mucho en la radio marabina
de mis andanzas zulianas. Mejor
nombre no podía tener: Barrio
Obrero que es como decir compromiso
con la patria, fidelidad a la raíz,
sudor con poema junto, alegría
ligada a la tradición, belleza…
Los instrumentos absolutamente
tradicionales, la voz solista, de
hombre, parecía extraída
a la vida por un balancín,
única forma de asociar el
balanceo de su timbre con la solidez
del contenido. Algo había
en aquél grupo que seducía.
Ahora, con los años pienso
que fue su anticipo de conciencia
lo que atrapó mi búsqueda
de sentido en la palabra cantada.
Y heme acá pensando que
el 13 de mayo hace rato para lo
melómanos encierra el luto
por la muerte de Ismael Rivera,
sin darnos cuenta (muy pocos se
ocupan de estas cosas), de que el
13 de mayo también significa
la fecha que marca las pérdida
irreparable de uno de los más
contundentes compositores populares
venezolanos, quien proyectó
esa cierta manera inconfundible
que tiene la poética popular,
contundente, hermosa y sin remilgos
a través del grupo que atrapó
mi querencia para siempre. Y hablamos
de un zuliano de los que sumaron
y multiplicaron, porque resta y
la división son una huella
mala, y la de Chinco siempre fue
fértil, como la auténtica
zulianía. Y es que el 13
de mayo de 1975 moría este
poeta y trabajador petrolero, al
que siempre llamaremos Chinco.
En Bobures
Nació el 3 de junio de 1915
en Bobures, al sur del lago de Maracaibo,
en una tierra de negros y devotos
como él. Tierra del inolvidable
Juan de Dios Martínez y lar
donde San Benito hace ondear la
sonoridad de su resistencia sin
doblez ni sincretismo. Según
lo averiguado José Chiquinquirá
Rodríguez, “Chinco”
no aprendió a tocar instrumentos,
tal vez porque a sus manos tuvo
que darles uso de ese entonces:
el fragor del campo petrolero, la
pobreza en aceite de la tierra,
el asfalto hundiéndose como
seña de camino, el agua lista
para hervir desde grifo de humildad.
Tal vez, digo yo, fue ese fragor
manual el que permitió que
en la faena desglosara como cantos
de trabajo sus poemas. De otra forma
no se entiende que su verso fuera
tan apegado al horizonte al que
tuvo acceso.
Cabimas se convirtió en
su asiento cuando la formalidad
le llegó en forma de amor.
En trabajo periodístico realizado
por la colega Moraima Gutiérrez
en 2007 da cuenta de una conversación
sostenida con uno de los 6 hijos
del compositor, quien le dijo que
su padre apenas sabía leer
y escribir y que cuando se sentía
inspirado comenzaba a darle golpecitos
a lo que tuviera enfrente. También
dice que cuando tenía 30
años, es decir, en 1945 se
tropezó con quien sería
su compañera: Brusnilda Montiel,
“hermosa mujer blanca, de
ojos verdes. Con ella formó
un humilde hogar, quizá con
algunas carencias materiales, pero
no afectivas”.
Todo indica que la vena autoral
de Chinco se esparció a los
cuatro vientos luego de su encuentro
con el conjunto Barrio Obrero y
al conjuro de su amistad con quien
cantaría como nadie los poemas
de su vida: Bernardo Bracho, voz
cantante del grupo fundado en 1955
con aporte margariteño. No
se debe olvidar que muchos aportes
orientales llegaron a la Costa Oriental
del Lago de Maracaibo a causa del
boom petrolero. El fundador de este
grupo, Héctor Silva, vivía
en el Barrio Obrero de Cabimas y
de ahí se tomó el
nombre que ha dado la vuelta a Venezuela
unas cuantas veces como referencia
de tradición buena. Y a ese
conjunto fueron a parar Bernardo
Bracho y Chinco Rodríguez.
Para muestra
De su “Gaita a Cabimas”
podemos extraer versos de Chinco,
que causaron furor hacia 1965, adelantándose
en la denuncia de Ali Primera:
“Virgen del Rosario Cabimas
se desespera, hay hambre por donde
quiera
Y otros problemas precarios. Rogad
desde tu santuario por la zona petrolera.
Una capa por encima de petróleo
mal echado, ese es el gran asfaltado
de las calles de Cabimas. Siempre,
siempre en el olvido Cabimas la
han echado, ella es la que más
a dado y menos ha recibido…”
Pero si la “Gaita a Cabimas”
fue el germen de una protesta cantada
en tiempos de democracia representativa,
“Así es Maracaibo”
fue la revelación profunda
del sentimiento amoroso por la zona
de sus desvelos obreros:
“Cuando llegues a un puerto
de madrugada donde el marullo lleva
hacia lontananza el ritmo cadencioso
de alguna danza que despide el boguero
en la ensenada…Así
es Maracaibo cuando amanece: un
puerto te ofrece toda la gracia
que hay en su rada...”
Ahora, en tiempos de diatriba,
en los que los conceptos se confunden
poniendo lodo al alma y estigma
a los amores por la tierra, valdrá
recordar también los versos
de Chinco Rodríguez cuando
en “El Regionalista”
apunta al único horizonte
que conoció por causa de
la escasez de recursos.
“No hago el verso tierra
adentro pues no conozco los llanos
ni otros estados cercanos, ni las
bellezas del centro. Yo mis versos
los concentro en los lares de occidente
donde un lago transparente es un
cristal que hoy nos muestra una
imponente silueta de su majestuoso
puente…”
Esa juglaría popular, tan
familiar a los venezolanos por obra
y gracias de un Aquiles Nazoa, de
un Andrés Eloy Blanco, de
un Alí Rafael Primera, de
un Chinco Rodríguez, de un
Mariano Rivera, de un Alejandro
Vargas, de un Jesús Ávila
ó de un Guillermo Jiménez
Leal, no es poca cosa. Ella encierra
códigos que conviene tener
presentes y no confundir “La
Inocencia” –decía
Alí-“no mata al pueblo,
pero tampoco lo salva: lo salvará
su conciencia” y en eso Alí
se apostó el alma.
Va el recuerdo para Chinco, quien
fue capaz de sacar de la Cota de
hoy a Ismael Rivera, porque seguramente
Maelo tendrá quien le escriba,
mientras los sueños de Chinco
permanecen ocultos en esta amplia
tierra nuestra que él no
puedo recorrer. Chinco, por favor…
Publicado
en el Diario Últimas Noticias,
el domingo 11/05/2008 |