“…será como un árbol plantado junto a una fuente…”
Ernesto Cardenal.
Salmo 1.
En el año 1984 conocí en la salida nacional del aeropuerto de La Chinita a Rafael Enrique Mena, llegaba a explorar una ciudad desconocida por completo para él. Entró a la pequeña cabina que tenía Radio Aeropuerto 1220AM y se presentó ante Rufina Carrizo, Enmanuel Bracho y yo, que recién terminaba mi guardia, le extendí mi mano.
Le explicamos que éramos una estación AM dirigida a un público contemporáneo en pleno aeropuerto y nos replicó que él venía a encargarse de Radio Calendario, emisora de gran raigambre zuliana. Con su voz de barítono profundo, me pidió que le orientara sobre cómo llegar al Hotel Delicias, le respondí que yo lo llevaría en mi precario Chevrolet Malibú modelo 74, si no le incomodaba.
Durante la travesía por la Maracaibo nocturnal me contó sobre su historia como locutor que comenzó en su Aragua natal para luego coronarse en Caracas junto a su hermano José Alfredo Mena, para la época fallecido por los excesos de la bohemia y el éxito mal administrado. Me ofreció una guardia como locutor en Calendario, la correspondiente al programa gaitero, que de inmediato acepté. En el primer programa de Sabor Gaitero que realicé conocí a Tomás Aquino Font, se presentó con su elegancia natural y gentilmente me ofreció grabarme los tips, los apoyos para identificar mi programa. Tomás era uno de mis ídolos de la radio por su gran aporte a través de Mundial Zulia. Allí llegó en la incipiente década de los 70 de la mano de Gustavo Baptista, luego de probar suerte en Caracas. Antes, había buscado establecerse en su Caripito natal, donde nació el 7 de marzo de 1943. En Caracas conoció a los grandes de la época: Fidias Danilo, Full Chola, Renny Otolina, Germán Regalado, Osvaldo Yépez, entre otros.
El estilo de Tomás era vanguardista, a tono con el boom de la salsa nuevayorkina que él adoraba y promovía, sonaba excéntrico para una Maracaibo de emisoras AM y unos 300.000 habitantes para entonces. Su apellido siempre lo relacioné con la palabra fontana, para mí era una fuente de sabiduría.
Pasaron los cinco años y me tocó en suerte recibir el cargo de director general de Radio Calendario y productor del Circuito Continente, que lo conformaban cinco emisoras en distintos puntos del país; comenzaba el año 1989 y a mis 27 años ameritaba un buen asesor, ese fue Tomás, el negro Font, quien para entonces tenía 46 años y 25 en la radio profesional con marcado éxito. Afiné el equipo, rescaté de la venta de motores usados a Rómulo Enrique Semprún y le asigné la identificación de la emisora y la narración del noticiero Marazul junto a Héctor Querales. A Tomás lo coloqué en la mañana junto a Fander Serrada para comentar las informaciones a primera hora y luego desplegar sus conocimientos musicales y sus sabias entrevistas a los artistas en promoción. Recuerdo la ocasión en la que entrevistó a Rubén Blades, con una gran camaradería y solvencia, y al final Blades nos confesó “…esta ha sido una de las mejores entrevistas que me han hecho…” Esa escena la vimos repetirse ante Oscar D´León y Cheo Feliciano.
Tomás Aquino nunca hizo programas de gaitas, pero manifestaba un gran respeto por el género, por todos los grupos gaiteros y en especial por los Guaco. Llegó a apadrinar discos de gaitas y a ser animador en los lanzamientos de temporada.
Luego de cuatro décadas de radio exitosa, de erigirse como un líder del medio, de lograr junto a Anita una familia hermosa con una bella hija periodista, Tatiana, su compañera en televisión en los últimos años, llega el momento de marcharse. El padre de cuatro varones que siempre parecieron sus hermanos, dos de ellos ejecutantes virtuosos de la música en las agrupaciones TecumV y Bacanos, Tomás Aquino nos deja como llegó, hablándonos con maestría, ante los micrófonos que le dieron un nombre reconocido en todo el país. Quedarán como un templo sus recuerdos, la forma elegante de presentar y apoyar la música, del buen decir y el hacer digno. Sus hijos que tanto lo amaron, el domingo 21 de junio, mientras el país celebraba el Día del Padre, lo llevaron en sus brazos para entregárselo a la tierra que él escogió como su casa, su catedral iluminada, su morada final. Tomás, como siempre dijiste al final de tus programas: “¡Felices pascuas y que viva San Nicolás. |