En
el siglo XVII sólo existía
un pequeño fuertecillo para
defender a las poblaciones de Maracaibo
y Gibraltar de los ataques e invasiones
de piratas, corsarios, bucaneros
y filibusteros. A raíz de
las incursiones del pirata Jackson
en 1643, se propuso fortificar la
barra de entrada al lago de Maracaibo.
A través de una Real Cédula,
se ordenó fortalecer la protección,
por lo cual se construyó
el primitivo Castillo de la Barra
de Grande, cuyas deficiencias no
evitaron nuevas incursiones piratas.
En ese entonces, Maracaibo pertenecía
a la Gobernación de Mérida
y La Grita, la cual a su vez dependía
de la Audiencia de Santa Fe, y es
precisamente el gobernador de Mérida,
Jorge Madureira Ferreira quien inicia
los trabajos del Castillo de San
Carlos. La construcción se
finalizó en 1682. El ingeniero
militar Francisco Ficardo fue el
encargado del informe que explicaba
los planos del castillo recién
construido.
Mientras se levantaba la Fortaleza
de Zapara, el Castillo de San Carlos
iba siendo dejado en el olvido de
gobernantes, que emprendieron diversas
obras para reparar su estructura,
pero ninguna fue concluida.
El Castillo de San Carlos sirvió
de resistencia durante el Bloqueo
de 1903, pero su protagonismo fue
mayor durante la guerra de Independencia,
porque fue el último bastión
español derrotado para lograr
la emancipación: José
Tomás Morales se había
apoderado del Castillo de San Carlos
casi un año antes de la Batalla
Naval del Lago de Maracaibo, el
24 de julio de 1823, pero tras la
derrota, hizo entrega del fortín
a los próceres venezolanos;
para luego capitular ante Manrique
y Padilla.
Este castillo, que ahora constituye
un atractivo turístico de
la Isla de San Carlos, en el actual
municipio insular Almirante Padilla,
fue también una cárcel
política durante el siglo
XIX y hasta el final de la dictadura
de Marcos Pérez Jiménez;
y hoy en día recibe a visitantes
que buscan descubrir en sus oscuros
pasillos cuentos de piratas, hazañas
de próceres y secretos de
prisioneros.
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