¿Cómo podría mejorarse la elección de la Gaita del Año?
 
Banner
Sabor Gaitero

Ricardo Cepeda, un corazón valeroso para cantar por @leonmagnom

“La música ha de ser un
instrumento para el desarrollo del hombre,
y no una estética intrascendente”.
José Antonio Abreu (Valera, 1939)


Pocos seres tuvieron el privilegio de tener como maestro en su aula a Ricardo Aguirre, el cantor gaitero formado para la docencia en el Rubio del Táchira. El único individuo que la historia del Zulia ha registrado como alumno de Aguirre, en la Escuela  Panamericana,  y como fiel aprendiz de su canto, es Ricardo Cepeda. La vida le dio esa regalía, la oportunidad de ver en un salón de clases a ese vocalista gigante, que a la vez, era un maestro cálido,  humanista pedagogo.

Con nombre de origen germánico: Ricardo, que designa a un rey valiente, se ha paseado por los escenarios de Venezuela e Hispanoamérica, como dueño de una voz privilegiada, de gran brillo y excelsa melodía.

El 8 de noviembre de 1952 nació como el primer hijo de José Cepeda, un gaitero oriundo de Punta Iguana, en la Costa Oriental del Lago. Su madre, María Chiquinquirá Olivares, una piadosa devota de la Virgen, marcada con su nombre, de profunda tradición musical. Lo bautizaron en la barriada Santa Lucía como Ricardo José.

Exactamente el día que Ricardo celebraba su cumpleaños 17, se produjo el fatal accidente que segó la vida de Ricardo Aguirre. Su maestro moría en una calle de Veritas a los 30 años de edad, en pleno cenit de su carrera musical.  Ese día aciago se produjo un cambio, un gran viraje: se iba Ricardo José Aguirre y dejaba en su lugar a Ricardo José Cepeda. Fue como una carrera de relevos, donde el maestro pasó el testigo a su mejor alumno, su tocayo dos veces. Tenían cierto parecido físico, ambos de tez morena, usaban lentes de pasta, cabello ralo y crespo, con timbres vocales muy semejantes: sólo  diferenciados en los registros graves que poseía Aguirre González, que eran extraordinarios.

Ricardo José Cepeda Olivares comenzó a gaitear con grupos aficionados: Los Tauros, Ciclones, Armonía Gaitera. En 1969 debutó en la gaita profesional con Los Tucusones de Ana Stael Duque. Allí lo vio Douglas Soto, el gran mecenas y promotor, y lo llevó a las filas de Cardenales del Éxito al año siguiente, donde permaneció hasta 1979. Eso constituyó la primera etapa en la célebre agrupación, con ellos grabó temas que se han convertido en clásicos inmortales: “Aleluya” (1971), “Sentir zuliano” (1972), “La piragua” (1973), “Mi ruego” (1974), “El bambuco” (1975), “Alguien canta” (1977), “Celestina aurora” (1979) y “Viejo ilustre” (1979).

“Un bambuco y una serenata
le dieron vida a un amor
un mozuelo cantaba a una flor
que más tarde sería mi madre
le cantaba mi futuro padre
lleno de inmenso fervor”
(Renato Aguirre, 1975)

En esa temporada de 1975,  Ricardo resultó ganador con la composición “Sabor añejo” de Astolfo Romero del primer lugar en el Festival de Gaitas “Virgilio Carruyo”:

“Los alegres albores
del diciembre sin igual
los venimos a evocar
como en tiempos anteriores
cuando los gaiteros viejos
parranderos de excelencia
nos cantaban con esencia
gaitas de sabor añejo”
(Astolfo Romero, 1975)

Cardenales del Éxito era una agrupación muy completa, donde desplegaban su talento Astolfo Romero, Pedro Rossell, Ricardo Portillo, Ender Fuenmayor, Daniel Alvarado. Ricardo Cepeda representaba el cantar solemne, la devoción a la Virgen Morena.

En 1980 se produce el deslinde de los Cardenales del Éxito de Pedro Suárez y nace la Universidad de la Gaita. Cepeda integra esa divisa y coloca temas en la cartelera nacional de éxitos: “Que viva la democracia”, “Cita con Ricardo” y  “Aquel Zuliano” del álbum titulado “100 años de gaita”:

“Fresca está la madrugada
y en la aurora maracucha
una inmensa voz se escucha
es el bardo que en parrandas
cantando sus gaitas anda
deleitando a quien lo escucha”
(Renato Aguirre, 1980)

Con el impacto generado por “Aquel zuliano” se consolidó la dupla artística  Aguirre-Cepeda, dueto creativo de alta factura. Renato como cuatrista y compositor, ocupa un sitial de honor en su ateneo de compositores más queridos. Volvieron a coincidir como binomio exitoso en Cardenales del Éxito reagrupado, cuando Chichilo Urribarrí adquirió el conjunto, en 1986. En esta segunda etapa con la divisa roja, logra éxitos nacionales como “Ceuta”, “Mis promesas”, “Como un extraño”, “Mi hermano”, éste último de su autoría, una gaita agradecimiento de Ricardo Aguirre a su hermano compositor:

"Mi hermano cómo estáis
con el permiso de Dios
vengo a agradecerte a vos
las gaitas que me cantáis.
De parte de mi Chinata
traigo mensaje de luz
de su bella excelsitud
en mi vida espiritual”
(Ricardo Cepeda, 1990)

Cardenales del Éxito - Mi hermano (En Vivo en Sábado Gaitero)

En 1989 participó en la fundación del conjunto VHG, divisa que tomó el nombre de la canción de Conny Méndez: “Venezuela habla cantando”, por una sugerencia  de Jesús Terán Chavín. Con el VHG grabó “La historia de la grey”, “Mi vida es cantar”. Allí de nuevo compartió la escena con Renato Alonso, Chavín, Ender Fuenmayor, y se anexaron los jóvenes talentos: Ozías Acosta y  Jaime Indriago.

En paralelo a su militancia con las agrupaciones gaiteras, Ricardo ha sido un “Fláneur”, es decir un incansable viajero. Ha cantado en muchas ciudades de América del Sur, España, Estados Unidos y el Caribe. No sólo ha destacado interpretando  gaitas, también cantando valses, danzas y boleros. El maestro Luis María Frómeta  le propuso ser bolerista de su orquesta Billo´s Caracas Boys, y no quiso irse a vivir en Caracas. En una demostración de gratitud y admiración al maestro dominicano, grabó el tema homenaje “Al cantor de Caracas” con La Universidad de la Gaita.

“Escuche mi amigo, mi gaita zuliana
alegre se ufana, poderle cantar
escuche maestro, cantor de Caracas
su musa me atrapa y la quiero obsequiar”
(Renato Aguirre, 1982)

Su vocación de cantor de décimas y coplas lo impulsó a grabar la colección “Zulianizando” con el conjunto “Los Marabinos”, propuesta que tuvo una gran aceptación entre sus seguidores. Eso está muy bien reflejado en el libro biográfico escrito por el doctor William Briceño, obra que ha recibido los mejores comentarios y ha tenido una gran difusión.

En 1990 regresó a cumplir una tercera etapa en Cardenales del Éxito, bajo la égida de Ricardo Portillo. En esta tercera etapa impuso los temas “Mi ranchito” (1993) y “Madre es madre” (1994), premiadas por unanimidad como “gaitas del año”. Entre lauros y aplausos vivió intensamente ese tercer ciclo cardenalero.

En 1998 fundó su agrupación Los Colosales, utilizando en plural el calificativo que le colocó en su programa radial el doctor Octavio Urdaneta: “El Colosal”.  Con su agrupación florecieron éxitos como “El vendedor de flores” (1998) y “De la vida real” (2000), y los temas del falconiano Elías Hernández “El barrio de mis andanzas” (1999) y “El cofre” (2001). Ha conseguido premios con las  gaitas “Campechano”, “Cántame” y “Como pompas de jabón”. Los Colosales de Ricardo Cepeda es una marca consolidada en el mercado musical Venezolano, su agenda de presentaciones y su demanda discográfica está garantizada, sustentada por la sólida imagen de Ricardo Cepeda,  la máxima figura  gaitera de la actualidad.

“El barrio de mis andanzas
donde viví a plenitud
donde transcurrió mi infancia
mi niñez, mi juventud
con inquietud y embriagado de añoranzas
regreso con la esperanza
de pasar mi senectud”
(Elías Hernández, 1999)

Ese sitial como artista popular lo ha ratificado su actuación en el magno concierto de los 30 años de Serenata Guayanesa en el Teatro “Teresa Carreño”, donde fue invitado de honor junto a Neguito Borjas; las producciones que ha realizado con Huáscar Barradas, los conciertos con la Orquesta Típica del Estado Zulia y con la agrupación mariana Los Chiquinquireños, conjunto que realiza música folclórica para transformar al hombre, su espiritualidad, y no como una propuesta armónica intrascendente; como nos enseñó el maestro Abreu.

Al igual que su mentor Ricardo Aguirre, a Cepeda la radio le tocó su alma, la ha hecho con gran solvencia, en distintas emisoras por casi dos décadas.

Su talante de líder, lo llevó a incursionar en la política sin acierto. Compitió por un curul como concejal del municipio Maracaibo, lo apoyaron las fuerzas progresistas, pero sufrió una aplastante derrota de las viejas huestes adecas. Pareciera que la ciudad le hubiese dicho: “Eres mi hijo predilecto en la gaita, más no te quiero en los potreros de la política”.

En el año 2010 se le agudizó una dolencia en los huesos de la cadera, que lo venía molestando desde hacía algún tiempo, producto de una artrosis. Por ello, fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas de las que salió bien librado. Después de realizar con rigurosidad la rutina de terapias, enfrentó su temporada más productiva como empresario independiente; la del año 2011.

Ricardo Cepeda Olivares comparte sus días con su tercera esposa Ángela Bozo, con sus siete hijos: Ricardo, Luis, Argenis, Nazarely, Daniela, Gerardo y Ricardo José. Está rodeado de sus compañeros del conjunto de arpa Los Marabinos, con quienes interpreta danzas y bambucos, siguiendo los pasos del gran payador de Isla de Toas: Víctor Alvarado. Sus días son plácidos junto a los integrantes de Los Colosales. La legión de venezolanos que le seguimos, coincidimos en que él es el mejor alumno del Monumental Aguirre, que ha superado su comprobación a través de los años, con notas sobresalientes.

Como él mismo lo compuso:

“Tengo la musa en bajada
mi alegría es un portento
y al cantar gaita presiento
que mi alma está emocionada”
(Ricardo Cepeda, 1974)

Tenemos un coloso de nuestro canto, con cinco décadas de carrera y sus musas siguen encendidas. Su voz está en las ensenadas y escenarios de nuestra patria, es un Ricardo, como el rey de corazón valiente, que ha sido confaloniero del mayor legado aguirreño. Él es voz identitaria y alma de nuestra eterna serenata a la ciudad.

Twitter: @leonmagnom
Correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla


 

Twitter: Una herramienta para educar

“La idea es usar lo que ya existe en la red

para ayudar a enseñar, sin perder identidad”.

Mónica Stillo (Investigadora uruguaya)

Las personas tenemos resistencia a los cambios, nos negamos a cambiar hábitos o rutinas, a darle paso a nuevos aparatos o tecnologías en nuestra rutina diaria. Así ha sucedido a través de la historia con cambios tan importantes como el automóvil, la electricidad o la llegada de las computadoras. Esta resistencia al cambio se acrecienta a medida que envejecemos, en general, el adulto mayor está menos presto para los cambios de hábitos, puede costarles integrar nuevos elementos tecnológicos en su quehacer. Los adolescentes y adultos contemporáneos representan la diferencia: ellos nacieron para los cambios. En esta era de las redes sociales, muchos se resisten a darle paso a esas tecnologías de la comunicación inmediata en la educación formal. En el caso de Twitter, el microblogging creado por Jack Dorsey en 2006, creemos es uno de los mejores aliados para los educandos de este siglo, es una herramienta muy útil e innovadora para los educadores.

Antecedentes:

El 21 de marzo del 2006, un joven nativo de Misuri con apenas 30 años de edadllamado Jack Dorsey, envió el primer mensaje de 140 caracteres,lo llamó un “tweet”, es decir: “trino”. Ese día nació el microblogging que conocemos como Twitter, la red social identificada con un azulejo, un pájaro azul trinando en la web 2.0, conectando gente de los cinco continentes. Ese trino o gorjeo electrónico que se produjo en la computadora de Dorsey ahora cuenta con580 millones de usuarios en 32 idiomas en todo el globo. Su creador se haconvertido en una celebridad de la tecnología, en un nuevo líder del ranking de millonarios del mundo, certificado porla Revista Forbes.

En un principio, Twitter, como todas las redes sociales: Facebook, Sónico, Lindkedin, Badoo, instagram, se creía que sería utilizado para lo lúdico, para el mero divertimiento, sería un dispositivo para acercar personas ubicadas en ciudades lejanas, algunas antípodas, solo para entretenerlas o comunicarlas de forma básica. Sin embargo no ha sido así, su impacto ha obligado a replantear la forma de hacer la comunicación, la política y el arte. Ha puesto el acento en el acontecer social, las crisis políticas, procesos eleccionarios, las noticias y las novedades en general.

El sociólogo Manuel Castells afirmó en 2004: “A lo largo de la historia el poder se ha basado en el control de la información y la comunicación”. Y luego concluyó: “Hemos pasado de un mundo dominado por la comunicación de masas a un mundo en que esta coexiste con la autocomunicación de masas”.

Enestos años de evolución, Twitter ha crecido exponencialmente y tiene una inmensa presencia en los medios de comunicación de todo el planeta. Hoy en día es impensable un periódico, emisora o canal de televisión sin su cuenta Twitter, y está generando una gran interactividad, produciendo el feedback que en otrora se realizaba a través de cartas, faxes, llamadas telefónicas costosas. Twitter es parte de la producción de contenidos de cualquier medio masivo, fuente de contactos con su público, anunciantes, proveedores y usuarios en general. No obstante, no ha tenido hasta ahora, el mismo impacto en la educación, en las universidades o en las escuelas.

Propuesta:

Twitter está presente en todos los networks de radio y televisión, en las cadenas editoriales, medios satelitales, esto le ha dado a la red de los trinos un peso específico en el mundo político, logrando generar o reforzar matrices de opinión que favorecen o enlodan la imagen de gobernantes, empresarios, celebridades planetarias. Twitter ha moderado el debate en crisis como “primavera árabe”, la de los renegados en las plazas europeas, y de los inmigrantes asediados en Norteamérica.

Ahora Twitter debe entrar en las escuelas, liceos, universidades, y desde las PC o los móviles; generar información y conectar a los alumnos con los contenidos y nuevos aprendizajes. Con todo su potencial, pues si la red Twitter fuese un país, tendría más habitantes que los Estados Unidos, Brasil o Canadá. Sus 580 millones de habitantes generan cerca de 350 millones de tuits al día, donde logran adjuntar fotografías, logos, MP3, blogs, archivos digitales, videos, juegos, bibliotecas virtuales, infografías.Este inmenso tráfico de contenidos se genera desde las computadoras, las tabletas y los teléfonos inteligentes.Venezuela está en la cuarta posición como país generador de tuits (porcentualmente) cada día se cierra un poco la brecha digital, cada día tenemos menos analfabetos digitales. En América Latina, los usuarios venezolanos generan el 45% de los tuits del tráfico total de esa red (Conatel, 2012).

Algunos educadores o teóricos han satanizados las redes sociales, argumentan que son banales, que han vaciado de contenido el entretenimiento, la correspondencia, que mataron la era epistolar. Sin embargo, las redes no son malas o buenas a priori, su categorización depende del uso que cada quien le dé. Una red como Facebook puede ser muy útil si le damos un uso pedagógico, si la usamos para colgar información valiosa, si referimos buenos autores, artículos científicos, música de arte o causas filantrópicas, además de las tradicionales publicaciones de carácter familiar o social asociadas a su origen. O por el contrario, puede convertirse en una vitrina de la vanidad y el narcisismo, una víapara anunciar lo que va a comer el usuario, o “qué trago se va a echar con sus amigos”. Facebook puede ser una ventana para exhibir las nalgas de una meretriz, o los excesos de un artista excéntrico.

El reto para los educadores es utilizar Twitter en todos los niveles de educación, orientar a los niños de primaria, secundaria, a los jóvenes de superior para que desde una computadora o su laptop tengan su cuenta Twitter y puedan reenviar contenidos educativos, artículos interesantes de ciencia, arte, historia, compartir lo que están leyendo o lo que han encontrado cuando están navegando. Para hacer resúmenes, textos colaborativos, seguir autores importantes, coordinar agendas o tareas entre profesores y alumnos. A cada alumno debemos enseñarle a ser “un curador de contenidos” y cuál es su tarea, para que puedan realizar una mejor selección deinformación y de temas en la nube.

Mario Vargas Llosa afirma: “Las redes sociales han generado más desinformación, han hecho que la gente se pierda en un océano de mensajes, muchos de ellos sin veracidad, sin soporte científico”. El escritor peruano (Premio Nobel 2011) apuesta por los libros tradicionales y las cartas selladas.Pareciera que vive en un “nuevo medievo”, de espaldas a esta era tecnológica, a la realidad de las smart-cities (ciudades inteligentes) y la Sociedad de la Información. No así escritores como Arturo Pérez-Reverte o Jorge Volpi, quienes las utilizan con mucha profundidad y asiduidad.

Pienso que ha sido más predominante el aporte cultural-tecnológico, que la patología de los contenidos basura que nos llega sin control a través de las redes sociales. Ese es el caso de portales culturales como www.revistaarcadia.com o www.revistaenie.com o los portales de consorcios deportivos como ESPN, de líderes como Dalai Lama, que a través de sus trinos personales generan información oportuna, importante, que vale la pena seguir.

El célebre Jack Dorsey y su equipo deben ingeniárselas para que Twitter se convierta en el mejor aliado de las universidades, de las escuelas, las editoriales, las casas de e-books. Mantener sus principios fundacionales de resaltar la cultura, la sencillez y el arte, que han identificado a la red con el logo del pajarito azul, símbolo que recientemente redimensionó, haciéndolo más sencillo, más minimalista. Deben ser implacables y castigar a los usuarios que quieren deformar, transmitir pornografía sin control. Reforzar los controles para cuentas falsas, el spam, bloqueo de cuentas ofensivas. Controlar la morbosa búsqueda de ser tendencia en la red (el tredending topic).

Nos toca orientar a los nativos digitales para que utilicen Twitter para compartir crónicas, resúmenes valiosos, blogs de investigadores y no para los anuncios que promuevan vicios, delitos o la degradación. El límite de los 140 caracteres nos obliga a tener poder de síntesis, disciplina, creatividad en la brevedad, es como si escribiésemos epigramas modernos. Twitter debe acercarnos a la educación participativa y plural.

El periodista David Alandete (2009), en el diario El País, relató la experiencia del director de orquesta californiano Emil de Cou Anthony, quien mientras dirigía la Sexta Sinfonía de Ludwing Van Beethoven, ordenó a su asistente enviar 30 tuits explicando cada movimiento, y lo que quiso expresar el genio Beethoven en cada uno. Sus alumnos, presentes en la sala de conciertos, iban siguiendo en teléfonos silenciosos esos trinos, y comparando el contenido de estos con lo que escuchaban en tiempo real. Es una muestra de cómo Twitter puede entrar en la enseñanza de la música, hacer la educación musical más interactiva, más interesante y actual.

Además, la red del pájaro azul se convierte en gimnasia cerebral para los adultos mayores, los mantiene ejercitando las habilidades motoras y cognitivas, amplía sus relaciones sociales,lo cualoptimizasu salud. Y es una forma idónea de ocupar su extendido tiempo de ocio. La brevedad es uno de los grandes atractivos de Twitter. Se pueden utilizar hashtags, o etiquetas de metadatos, que permiten agrupar los tuits por categorías o nombres específicos, lo cual es útil para encontrar de una manera más sencilla todos los tuits de un tema relacionado y participar en discusiones con personas de todo el mundo. El uso de la etiqueta permite, además, transmitir o seguir en tiempo real eventos como conferencias, clases magistrales, foros.

La investigadora Carolina Velasco (2010) afirma: “Existe un clara tendencia a la optimización de los procesos educativos, y se produce gracias a la interacción de los estudiantes con sus pares, que traspasa las barreras y dota a los modelos educativos de la apertura y la optimización inherentes a la multiculturalidad”.

Conclusión:

No temamos a la tecnología, no subutilicemos las redes, sumémoslas al proceso educativo, a nuestra comunicación oportuna, veraz, colaborativa. La educación debe estar en permanente evolución, adaptándola a los nuevos retos, y acercar las herramientas tecnológicas al aula es uno de los más urgentes, eso generará nuevos procesos creativos en la comunicación alumno-docente, institución-personal, educando-entorno.

No podemos ver las redes e internet como una catástrofe cultural, por el contrario, son un avance en el quehacer del hombre que generan conocimiento e información, que edifican para el desarrollo. Si bien debemos replantear la parte lúdica de las redes, también es cierto que las bellas artes, como el cine, pueden ser muy banales, convertirse en un producto porno, vacío, pero por eso no dejan de serimportantes, con grandesposibilidades de aportar para el desarrollo social.

Estamos frente a un nuevo planteamiento histórico, con nuevas herramientas tecnológicas, avancemos con optimismo en su aplicación o iremos directo a la degradación y el atraso. Todo va a depender del uso que le demos.

León Magno Montiel

@leonmagnom

Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla


 

Astolfo Romero, redivivo este 20 de mayo. Crónica por @leonmagnom

“Me celebro y me canto a mí mismo,
y  lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque  lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también”
Walt Whitman. (Estados Unidos, 1819-1892)

La primera vez que vi a Astolfo Romero estaba bajándose de su auto, un Renault 12 de un color amarillo jaldado. Descendió de su carrito francés en el barrio 18 de octubre donde vivió muchos años,  cuna de importantes gaiteros, sector  que irónicamente fundaron en 1946 para rememorar el golpe contra el General  Isaías Medina  Angarita.  El hombre que vi esa mañana  tenía la tez clara, era bajo de estatura, con abundante cabello castaño, bigote y lentes bifocales, se desplazaba muy jovial por la acera de la escuela “Monseñor Granadillo”. Lo miraba casi con idolatría al igual que mis compañeros del grupo  gaitero de la Cruz Roja del Zulia que me acompañaban, era para nosotros un astro de la galaxia musical criolla, el líder carismático del género pascuero. Para ese noviembre de 1975, él  sólo tenía 25 años de edad y ya militaba en sus queridos Cardenales del Éxito, su divisa hogar, su marca y blasón, su  maternal  morada en la gaita.

Astolfo Romero nació el 8 de febrero del año 1950, año cósmico del tigre, signo que lo marcó como un ser apasionado, con dotes de líder y de innovador, artista envarado.

Tributó su homenaje a la calle Jugo del barrio El Empedrao donde nació y vivió su niñez, siendo el  primogénito de Rafael Romero y Cira Elena Chacín. Luego se trasladó a casa de su abuela  Mamá Carmen y su tía Laudelina, en  la calle Soledad, ubicada entre la Bomba Múnich y  los Cepillaos de Jesús Ríos. En esa casa  aprendió a colaborar con el negocio familiar de  venta de empanadas y mandocas, en las madrugadas solía acompañar a su tía a comprar el maíz en la molienda de don José, situada entre las calles Colón y Soledad. Ese ritual lo retrató en su tema “La Molienda” grabado por Maragaita en la voz de Luis Germán Briceño (2000).

Su vivencia de adolescente en esa casa de la familia Romero la plasmó en su  gaita del año 1989, que cantó  con Cardenales del Éxito, “En la calle Soledad”:

“Seis raya cuarenta y dos
el número de la casa
que al abrir la puerta pasa
de primero papá-Dios.
Ese era el lema sincero
de aquellas trabajadoras
las dos viejas forjadoras
de la familia Romero”

Desde niño Astolfo Romero sintió admiración por los bomberos que veía  desayunar en el negocio casero de su abuela, llegaban al amanecer  con sus uniformes azules de ribetes rojos y dorados a comer empanadas con el “cuáquer tempranero”.  La fascinación que sentía por los uniformes y su aura castrense, lo llevó a trasladarse a Mérida para hacerse bombero profesional. En esa capital andina estuvo actuando con varios grupos de gaitas.

Regresó a Maracaibo a finales del decenio de los 60 y se integró a las filas del Conjunto Santanita, con ellos pega en las emisoras zulianas  “La otra tamborilera”. En el Conjunto Santanita compartió escenarios con los estelares Cheo Beceira, Danelo Badell y  Gladys Vera.

Pasó a las filas de Cardenales del Éxito en la década de los 70, donde permaneció hasta el año 1979, logrando pegar  en la radio venezolana  sus temas: “Guarapachando”, “El Fogón”, “Gabinete del Diablo”, “El Vapor”, “Chucurruley”, “Bahía de Cata”. Realizó composiciones para otros solistas que recibieron el máximo galardón de la época, el Festival Nacional de Gaitas “Virgilio Carruyo”: “Mi Orgullo” que interpretó Gladys Vera con Santanita (1975) y “Sabor Añejo” que cantó Ricardo Cepeda con Cardenales del Éxito (1976).

En el año 1980 Astolfo transitaba sus  30 años de vida, la edad que tenía Ricardo Aguirre al momento de morir en 1969, ese año pasó a La Universidad de la Gaita, acción tomada en solidaridad con sus compañeros de Cardenales del Éxito, que rechazaban la forma de dirigir de Pedro Suárez. Con La Universidad de la Gaita graba los éxitos “Mi Cacharro y yo”, “El Marciano”,  “Dos Fronteras”,  una de las últimas composiciones del poeta  Luis Ferrer (1981).

En 1983 toma el timón de Gaiteros de Pillopo y les da un nombre nacional. Al lado de Daniel Méndez, Argenis Carruyo y Danelo Badell colocan gaitas en los primeros pupitres de la popularidad: “La piñata”, “La Taguara de Bartolo”, “El Barbero”, “El Mercado de los Buchones”, “Morrocoy”.  Obtuvo  el primer lugar del Festival “Una Gaita para el Zulia” de Industrias Pampero en 1984, dirigido por Miguel Delgado Estévez. Se hizo de un gran prestigio nacional y una sólida imagen de director de agrupación bien intuido, exitoso, con la doble valía de ser cantautor.

Su compadre “Chichilo” Urribarrí lo nombró director de Cardenales del Éxito en 1986, cuando compró esa marca musical a Pedro Suárez quien padecía de serios quebrantos de salud, y reagrupa a los solistas estelares de  la década de los 70, los mismos que le dieron renombre nacional a la agrupación fundada por “El Monumental” Aguirre.  Allí compone los  temas “El Burro”, “Entre Palos y Alegrías”, “La Gallera”, “Diciembre”, “La Florecita”, “La Cardenalera”, en este último tema, su verbo encarnado plasma  su amor por la divisa cardenal:

“Muchos fueron los autores
propulsores del folclor
de calidad superior
porque fueron los mejores
mil gracias a esos señores
que ayudaron cada año
a escalar cada peldaño
de veinticinco primores.
La Cardenalera es
la que nos hacía falta
porque se siente la gaita
como la de otrora fue.
Época feliz también
que albergó en los corazones
las más gratas emociones
que evocar nos da placer”

Al comienzo de la década de los 90, Astolfo se plantea la necesidad de crear su propia agrupación y sale de los Cardenales en 1991 luego de grabar “Puro Corazón”. En el año 1992 crea La Parranda Gaitera, con sus compañeros Daniel Méndez, Pedro “Cantaclaro” Villalobos, Rafael Sánchez, Miguel Parra, Nano Silva, Humberto Bracho y logran impactar en el ambiente gaitero con impresionante sonido que amalgama la gaita tradicional con armonías de vanguardia.  Se consolidan con  las gaitas: “Cosa tan buena”, “Aplausos”, “El Bodegón”, “Viajando por Venezuela” y realizan una producción antológica en homenaje al folclor gaitero, donde graban los temas que Astolfo consideraba los más trascendentes en la historia del género.

Después de la grata experiencia con La Parranda Gaitera, recorrió las filas de Maragaita (donde se destacó como director musical), Los Colosales de Ricardo Cepeda, Koquimba y el Gran Coquivacoa, agrupación de la que fue coprotagonista con Neguito Borjas,  pegando el tema “Alegrando corazones” en todo el país.

En paralelo a su actividad como solista compositor, Astolfo fue animador exitoso en radio, actor en NCTV, canal fundado en 1987 por Monseñor Ocando Yamarte.  Allí realizó el programa humorístico  “A la Jaiba” junto a Simón García, Carlos Sánchez y Ricardo Portillo, que gozó de alto rating.

Astolfo siempre tuvo una actitud creativa intensa, con reposos que solía tomar en Isla de Toas, frente al lago que su padre Rafael “El Marino” lo enseñó a amar.  En una entrevista en Radio Calendario 1020, él me contó  que solía leer poemas y su autor preferido era Walt Whitman y su poema “Canto a mí mismo”, que sirve de epígrafe de esta crónica.

Con apenas 50 años de edad, Astolfo murió víctima de un síncope cardíaco el 20 de mayo de año 2000. Su despedida fue una multitudinaria manifestación de cariño del colectivo zuliano. Será recordado su cortejo fúnebre como uno de los más concurridos.  Sus restos reposan en el viejo cementerio Corazón de Jesús, con su  emblemático dintel lacerado,  mostrando la palabra latina “Pax” en lo alto.

Sus gaitas están vigentes en las escuelas, en las barriadas, en las calles de Veritas, en las radas de Toas. Su estirpe de líder en la gaita tiene el reconocimiento nacional, y su espíritu de bardo ahora habita en todas partes.

A  63 años de su llegada a este mundo, y a 13 años de su pronta partida, recordemos a “El Parroquiano”, sembremos su canto en nuestra memoria, esa es la única manera de mantener vivo su talento, su magia de creador zuliano. Cada 8 de febrero Astolfo celebrará su nacimiento unido al del genio de Nantes: Julio Verne, dos emblemáticos acuarianos. Cada 20 de mayo lo sembraremos.

Que repiquen las campanas por “El Parroquiano”, redivivo en este tiempo de amor y  cambios en su ciudad catedralicia. Su obra es  fuente sonora que no cesa.

Twitter: @leonmagnom
Correo: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

 

Gustavo Dudamel en Maracaibo

Twitter: @leonmagnom


Cuando estudié  solfeo en el Conservatorio “José Luis Paz”, a principios del decenio de los años ochenta, pensaba que la música sería mi oficio, mi único mundo laboral y creativo. Era un muchacho que entraba alucinado a un  mundo de sonidos perfectos bajo la égida del maestro Oscar Faccio (padre).  Nunca dudé de mi amor por la música, desde entonces la considero  la creación más importante del hombre, el único lenguaje que  comunica en un instante a toda la humanidad.

Sin embargo, nunca pensé que pudiera ver a un músico dirigiendo una orquesta constituida por 150 instrumentistas ejecutando obras de Gustav Mahler, de Beethoven y la obertura de 1812 de Tchaikovski en la Maracaibo cuna de la  gaita, de los vallenatos en autobuses  desbordados y de reguetoneros buscando “La Orquídea” en una plaza de  toros repleta de niñas histéricas. Y menos previsible aún, que lo realizara ante 12.000 espectadores, delirantes por la presencia del director de orquesta Gustavo Dudamel.

Ese  momento lo vivimos el 29 de enero  de 2010 en el estadio “Luis Aparicio”, viendo  hileras interminables de gente, bajo el sol severo de las 3 de la tarde, esperando entrar para colmar las tribunas del templo beisbolero. Gente de diversos  grupos etarios, con vestimentas variopintas,  unidos únicamente por el amor a la música, expresando  su apoyo  entusiasta a la Orquesta “Simón Bolívar”.

Ese estadio encierra el recuerdo de Alí Primera. Allí el gran cantor falconiano  realizó “La Canción Bolivariana” en 1983 con un éxito atronador, a pesar del sabotaje que pretendieron hacerle  grupos de poder y medios dominantes de la época. En esa ocasión nos visitaron cantores de toda América y de muchos rincones de Venezuela para actuar ante una gradería repleta de la gente que amaba  la música de Alí Rafael, que eran sus seguidores genuinos. Allí conocí a Lilia Vera, hermosa cantora, voz de Venezuela.

La jornada musical de ese 29 de enero 2010 que rememoro ahora, comenzó con la actuación de los adolescentes que conforman la agrupación Los Zagalines del Padre Vílchez. Al presentarlos al lado de Andreína Socorro, destacamos  su carácter de escuela de gaiteros del municipio de San Francisco, que funciona como un granero de talentos desde 1971, una creación del Padre  Vílchez 18 años después de su arribo a esa parroquia.

Luego entraron a escena los laureados integrantes del Quinto Criollo que  celebraban 35 años de trayectoria, con Amada Campbell a la cabeza, y quienes interpretaron danzas  zulianas y la gaita de Renato Aguirre "Aquel Zuliano", obra que recientemente cumplió 31 años de su publicación en el álbum “100 años de gaita”, en 1980.

La  gente abarrotó las gradas del “Luis Aparicio El Grande”,  entregando  ayudas para la nación hermana  Haití a la entrada. Esos donativos fueron  el principal leitmotiv del evento. Se recolectaron cerca de diez toneladas de alimentos y vituallas que fueron enviadas a Puerto Príncipe, la capital haitiana arrasada por el terremoto de 7.1 grados de intensidad, el 12 de enero de ese año.

Llamamos al escenario al consejero de la Embajada de Haití en Venezuela, el señor Lesley David, quien con palabras  sencillas y en tono sereno agradeció la solidaridad y generosidad  de los marabinos.

Luego  comenzó su actuación Vocal Song, ganadores de un disco de platino. Los recibió el público con una gran ovación. Ellos se pasearon por temas éxitos de sus tres álbumes, todos ejecutados sin acompañamiento instrumental, sin pista, sólo con sus voces y talentos infinitos. La antesala zuliana la cerró Huáscar Barradas con su grupo Maracaibo. Simultáneamente, entraron los Servidores Marianos con la réplica de la Virgen de Chiquinquirá, mientras los asistentes entonaban su himno  "Gloria a ti casta Señora”. Minutos después, las notas de la canción “Venezuela”, llenaron el cielo zuliano y así todo quedó preparado para la entrada en escena del genio Dudamel.

Comenzaron a sentarse ante su atril los jóvenes músicos de la sección de cuerdas, luego los de  viento-madera, más tarde entró la sección de  viento-metal y finalmente la percusión; todos ataviados con la chaqueta de nuestro tricolor patrio. En las gradas los maracuchos eufóricos realizaban la ola, cual juego del día de La Chinita. Fue una noche de luna llena en la ciudad lacustre, donde la euforia explotó cuando se produjo la entrada del director de la Orquesta Juvenil de Venezuela: Gustavo Adolfo Dudamel,  joven barquisimetano que había cumplido  29 años de edad tres días antes, el director titular de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, que ha dirigido en las principales capitales de Europa y ha recibido los más prestigiosos galardones como batuta consagrado, catalogado como “el hombre que rejuvenece la música clásica”.

El concierto duró cerca de 90 minutos y culminó con el mosaico de mambos de Pérez Prado con coreografía de los músicos incluida. La ovación se convirtió en el coro de "otra... otra", y el joven maestro marcó el compás de 3 por 4 para dar inicio al “Alma Llanera”, para el cierre memorable.

Fuimos testigos de un gran gesto de solidaridad con una nación hermana en crisis, de una imponente exhibición de talento musical en una ciudad que hemos soñado muchas veces, afecta al hecho artístico trascendente, digna capital del arte. Ojalá los políticos que dirigen circunstancialmente el Zulia, aprendan que somos mucho más que un rebaño que delira por el vallenato y el reguetón, que definitivamente impulsen nuestras formas musicales en las escuelas, en los grandes eventos  y medios de comunicación.

Ojalá estas autoridades dejen atrás la falsa cultura de “La Orquídea de Venevisión”  suspendan los escandalosos patrocinios para ese espectáculo insustancial, un vodevil provinciano y burlesco, que como ciudad nos hace risibles y vacuos ante el mundo.

 

 

¿Qué hace Astolfo Romero tan solo en esa plaza?

Fue una oleada de dolor colectivo”
Paul Auster (Nueva Jersey, 1947)

Desde algún lugar que no logramos determinar, alguien nos enciende luces para que podamos seguir caminando por las tenebrosas sendas de la vida. En momentos difíciles, cuando los nubarrones impiden ver el sol, y sentir sus rayos luminosos en la piel, nos acompañan almas tutelares cual faros potentes, que nos guían entre las místicas penumbras.

En nuestra vida musical hemos tenido acompañantes fieles que han estado a nuestro lado como fanales en el lago, que nos han indicado por dónde continuar nuestra ruta de vida, el difícil sendero artístico. Sin duda, uno de esos guías, mentores, ha sido Astolfo Romero; desde la misma noche del 20 de mayo de 2000 cuando decidió marcharse sin ninguna advertencia o anuncio, sin despedidas. Tomando las palabras del novelista neoyorquino Paul Auster, la muerte de Astolfo representó “una oleada de dolor colectivo” para todos los que amamos la gaita. Pero su alma musical no se ha extinguido, sigue vibrando en los actos culturales en las escuelas, en las parrandas familiares, en las emisoras que anuncian sus gaitas con júbilo y en los conciertos gaiteros.

Pocos como el bardo nacido en Santa Lucía el 8 de febrero de 1950, en la calle Jugo, han abordado la gaita desde tan diversos ángulos y aristas. Él le cantó a las tradiciones, a los personajes del pasado, a la Virgen Chiquinquirá, a la navidad, a sus amigos Aguillón el cabezón y Renato candela, a las mujeres hermosas de nuestra patria encarnadas en florecitas, al burro, al barbero, a las tiendas de la vieja Maracaibo, a las madres, a las viejas sinfonolas, a Bolívar como el paladín de la conciencia americana.

Cuando estamos a pocos días de celebrar los 66 años de su natalicio, veo al Parroquiano solo, abandonado en una plaza sórdida, sempiternamente vacía, sin ningún aire de gloria. Para mayor afrenta a su estatura de cultor popular, está representado en un busto de poca monta, ubicado en una esquina, como si estuviese cobrando un corner en un campo de fútbol olvidado.

¿Qué hace Astolfo Romero tan solo en esa plaza, tan lejos de su amada barriada El Empedrao, sin su cuatro, sin sus amigos gaiteros? Creo que llegó la hora de hacerle justicia, darle un trato más digno a su memoria y enderezar ese entuerto. Con homenajes como ese, no se eleva a ningún icono cultural, sino que se entierra en el olvido: que es la peor de las muertes. El poeta mexicano Elías Nandino escribió sobre la muerte, “la temida nada”:

¿Qué es morir?
Morir es
alzar el vuelo
sin alas
sin ojos
y sin cuerpo”.

Si algo anhela un cantor es su trascendencia después de la muerte; la vigencia de su legado es su auténtica tierra prometida, como ha pasado con Ricardo Aguirre, Felipe Pirela, Alí Primera, Simón Díaz, Armando Molero, Tino Rodríguez y Rafael Rincón González. En mi caso particular, mi hermano Leandro Lenin Montiel, sigue especialmente presente, guiándome.

Astolfo compuso tres temas que dan cuenta de su respeto por los que dejaron su aporte a la gaita, a la vida cultural; plasmó en ellas su admiración profesa por los que dieron su luz, en su paso fugaz por la vida. La primera de ellas es “La cardenalera” de 1987 cantada por Carlos González, donde rinde un homenaje a los fundadores de la divisa “Cardenales del Éxito” en 1962, su agrupación más querida:

Muchos fueron los cultores
propulsores del folclor
de calidad superior
porque fueron los mejores.
Mil gracias a esos señores
que ayudaron cada año
a escalar cada peldaño

de veinticinco primores”.

La segunda gaita dentro de esa temática de duelo y despedida, la escribió cuando murió el capitán de la aeronáutica civil Omar Barboza, sucedió mientras realizaba un vuelo de prueba en un avión recién reparado. El capitán Barboza era su compadre, un reconocido gaitero natural, seguidor de la carrera de Astolfo y de Renato Aguirre, su entrañable amigo. El DC-9 que pilotaba cayó a las aguas del Mar Caribe, al parecer se le desprendió la cola y se precipitó a las aguas en barrena (según dedujeron los expertos). No quedaron restos ni vestigios del siniestro, la nave y sus tripulantes se volatilizaron. En su memoria compuso la gaita “Te estamos esperando”, en 1994:

Ahí tenemos la pajilla
y tus maracas sonoras
ritmo de cuatro y tambora
y un cuatro de maravilla.
Omar te estoy esperando

para ir a parrandear;
aunque no puedo olvidar
que aún te encuentras volando”

Esa gaita Astolfo la grabó llorando, impactado por la sorpresiva muerte de su amigo y su misteriosa desaparición en el mar, sin dejar ningún rastro. Lo acompañó La Parranda Gaitera, la agrupación que él creó y dirigió en 1992.

El tercer tema lo dedicó a sus hermanos menores, dos vástagos de Rafael Romero “El marino”, que al igual que él, murieron por problemas cardíacos a temprana edad. Esa gaita la grabó en 1998 con Los Colosales de Ricardo Cepeda y la tituló “Huellas”:

Propaga con tu tesón
la luz de tu buena estrella
que vivir dejando huellas
fortalece el corazón
siente la satisfacción
en cada paso que des;
y tendrás siempre a tus pies
el aplauso y la razón”

Vuelvo a la plaza del sin-sentido, rodeada por un tráfico infernal pero lejos de todo lo relacionado con la gaita, la tradición y la vida de Astolfo Romero. Allí está el catire con sus bigotes, no tiene placa ni leyenda, solo su busto de yeso y cemento, con su figura lacerada, sin el menor cuidado, abandonado a una triste suerte.

Julio Cortázar, en unos de sus cuentos geniales, expresó: “Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta". Creo que si por un instante ese busto del Parroquiano hablase, nos pediría que lo devolviéramos a su barriada, a su territorio de afectos, su Santa Lucía natal: vecindad donde aún escuchan su canto tribal y lo acompañan jubilosos.


Twitter & Instagram: @leonmagnom
Correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

 

 


Página 27 de 51
Banner
Banner