¿Cómo podría mejorarse la elección de la Gaita del Año?
 
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Sabor Gaitero

El diccionario: El libro que jamás se culmina

El hombre ha creado el libro,
que es una extensión secular
de su imaginación
y de su memoria”

Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)

El diccionario es el libro que jamás culminamos de leer, es el libro del eterno reencuentro para todo lector, y del perenne crecimiento, nunca tiene su versión definitiva. Pasa como con el libro de arena de Jorge Luis Borges, es infinito. En el diccionario escudriñamos sus lomos buscando los significados más diversos, o un puente que nos ayude a conectarnos con los autores y sus ideas, a entrar en los recovecos de su imaginario, a comprender las aristas de los significados velados.

El diccionario nació  en la antigua Mesopotamia, en tablas que compilaban palabras importantes, por una orden del Rey Asirio que era amante de los trabalenguas y la poesía del siglo VII antes de Cristo.  Luego de esa primera compilación de términos en acadio, apareció la creación del filósofo griego Apolineo, que llamó “Lexicón”. Ocho siglos después, en 1480, William Caxton un inglés nativo de Kent: deslumbró a la sombría Europa con su diccionario para viajeros y comerciantes, con términos del inglés al francés. Caxton se destacó en su tránsito profesional, como buen editor y acucioso comerciante. Sólo habían transcurrido 31 años desde la publicación del misal de Gutenberg en Alemania, cuando irrumpió Sir William Caxton con contundencia en escena editorial mundial.

Johannes Gutenberg se consagró para la historia con la publicación de “La Biblia”, con ese volumen logró patentar su invento, la imprenta de caracteres móviles, quizá el más importante de todos los tiempos en el campo cultural. El que cambió al mundo, cambió la historia y al hombre mismo.

Con el tiempo los diccionarios  se hicieron imprescindibles para el estudio, estuvieron presentes en la investigación de los derviches, de los monjes, de los novicios. Era una herramienta necesaria para los poetas que querían entender las vocablos en griego de Homero en su “Iliada” o los versos de Safo. Los alumnos de cualquier grado, y en todas las áreas del saber, se habituaron a consultarlos.

Hicieron diccionarios en piedra, de madera, en antiguos papiros, en pergaminos, en formato de volantes y hasta en panfletos. Su cuerpo impreso, tal como lo conocemos hoy, nació en el siglo XVII gracias al lexicólogo español Sebastián de Covarrubias, quien en 1611 publicó “El tesoro de la lengua castellana o española”, con todas sus palabras en perfecto orden alfabético. Fue un esfuerzo pionero, fundamental y meritorio.

En nuestros días todas las disciplinas científicas tienen su diccionario, todas las artes, todas las carreras universitarias. En ellos consultamos etimologías, términos económicos, nuevas acepciones de la lengua, conceptos de las artes, de las mascotas o de los inventos más disímiles. En el año 2007 apareció un insólito “Diccionario de términos lésbicos”, otro inusitado es el “Diccionario de manías”, acentuando la infinita diversidad de los mismos. Hoy en día tenemos diccionarios de todos los formatos: Impresos, digitales, enciclopédicos, portátiles y hasta de voz comprimida.

Faltaba un diccionario de los términos utilizados por los Orientadores en los distintos niveles de educación. Un diccionario que fuese un instrumento de trabajo para el profesional que coadyuva en el desarrollo gradual del individuo, y especialmente de  los estudiantes. Cada día esta rama de la vida, la orientación, exige más agudeza, mejor conexión con los discípulos cursantes en las distintas carreras, para lograr que descubran y desarrollen sus potencialidades. De allí la importancia de este logro de las profesoras Marisela Árraga de Montiel y Marhilde Sánchez, al compilar en una hermosa edición los términos que manejan los profesionales de la Orientación. Es justo agradecer a nuestra alma mater, La Universidad del Zulia, el mecenazgo ejercido para este logro académico en 2010: un diccionario pionero en Latinoamérica.

Quizá nos esté faltando el diccionario de la gaita, un volumen que recoja las voces del género, los vocablos propios de esta forma musical extendida por toda Venezuela y buena parte del Caribe. Así como tenemos el diccionario del jazz, o el de la música en general, debemos contar con un tomo que recoja los vocablos que aparecen en la vasta lírica de la gaita, que nos ayude a entender sus leyendas, sus crónicas, las estampas de un ayer que aunque no vivimos, le cantamos y conocemos a través de la gaita. Me comprometo a trabajar en esta necesidad, para que pronto esté en nuestras escuelas, emisoras y sitios de investigación etnomusical.

El maestro Jorge Luis Borges dijo: “No puedo imaginar un mundo sin libros”. Yo creo que será imposible pensar en un mundo futuro sin los diccionarios.

 

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Caibo lanza en digital y por tiempo limitado su segundo disco “Poesía Criolla”

 

Con letras llenas de sentimientos, de vivencias propias y de terceros, y un sonido definitivamente vanguardista, Beethzart Acosta y Simón “Toto” Ruiz, el dueto Caibo, colocó en línea –por tiempo limitado- todos los temas de su segunda producción discográfica titulada “Poesía Criolla”, un trabajo de más de un año, en el cual según sus mismos creadores confiesan, se cuidó cada detalle para que sus seguidores escucharan lo más hermoso posible este sueño hecho realidad.

Beethzart y Toto se sienten parte de una pieza importante de la música en Latinoamérica, y se autodefinen como un pedacito de Maracaibo que palpita en un gran sonido y alegrías. Estos dos jóvenes soñadores son productores musicales, autores, directores, arreglistas y programadores de sus propios proyectos.  Su primer disco, “Tres son multitud” les sirvió para abrirse camino en el mercado venezolano, mexicano, estadounidense y centroamericano, obteniendo gran reconocimiento de fanáticos y críticos musicales, gracias  a la fusión de los sonidos afro-venezolanos con el pop, y la protagónica presencia del cuatro, instrumento nacional.

Para su segundo disco “Poesía Criolla” contaron con el apoyo de los ganadores del Grammy Latino Boris Milán y Edwin Andrade, en mezcla y masterizado, entre otros destacados músicos de la región. El primer sencillo “Bájate de esa nube”, se catapultó rápidamente antes de su lanzamiento oficial en los medios, gracias al apoyo de sus seguidores y fanáticos a través de las redes sociales, convirtiéndose en un excelente abreboca para el estreno del video, a cargo de Bolívar Producciones.

Esta producción cuenta con 12 temas, que se pasean por la parranda venezolana, baladas acompañadas sólo por el piano, calipsos, gaitas de tambora y sangueos, que se mueven entre la alegría fiestera y desenfadada, el romance y el despecho, aunque todas tienen en común esa lucecita de esperanza, y la promesa del disfrute de una producción sin ningún tipo de desperdicio, hecha con el corazón y en cumplimiento de lo que Beethzart y Toto han definido como misión de vida, con un profundo amor por Venezuela y sus formas musicales. Pura poesía criolla.

Descarga el disco “Poesía Criolla” ingresando en www.caibo.com.ve

Escucha aquí "La promesa"



Caibo - “Bájate de esa nube”

 

 

 

 

Rafael Valladares, el hijo de Changó

“En cada tambor habita un espíritu”
Juan de Dios Martínez (Bobures 1945-2005)

Rafael fue el educador que me enseñó que Yemayá es la diosa del mar, la reina de las aguas, la deidad orisha que cuida de los nautas que buscan alimentos marinos; ella guía a los viajeros de los mares. Era un maestro de la santería, con una importante militancia cultural. Él nos enseñó a valorar el aporte africano en nuestra música zuliana, a entender la grandeza de la percusión afroamericana como lenguaje del oprimido, y como celebración del creyente santero. Fue un educador que dejó honda huella: Rafael Valladares.  Fue el exponente pionero de la cultura yoruba en Maracaibo, el primero en el arte de unir los tambores africanos con el culto a Ochún, Obatalá y a Changó, el dueño de los tambores y el trueno. Changó era su orisha predilecto, su santo rector, su guía en la guerra diaria de la vida. Al santo le celebraba su día el 30 de septiembre con un ritual mágico-sincrético, pues se consideraba un hijo de Changó.

Rafael estuvo apegado a la ideología socialista, al igual que Pablo Neruda y Pablo Picasso, en un tiempo profesó su admiración por Joseph Stalin, aunque luego le puso un bemol a esa fascinación. Dejó muy claro su apoyo y admiración al proceso cubano, el que vio nacer siendo un joven estudiante en la UCV, en 1959.

Había nacido en julio de 1941 bajo el signo del león, marcado por el apellido que tiene en sí mismo la definición de su personalidad, Valladares: un toponímico que proviene de “valladar, defensa natural que impide una invasión o allanamiento” (DRAE, 2014). Así era él, un hombre atrincherado en su africanía, lo que representaba su mayor querencia. Era escrupuloso para mostrar sus afectos, sólo brindaba su amistad cuando estaba seguro de no errar, de tener la reciprocidad adecuada.

Lo conocí en las aulas de la Facultad de Ciencias, en el antiguo aeropuerto de  Grano de Oro, cuando dictaba las cátedra de Orientación, y Estudio y Compresión del Hombre, de las que hacía un foro del conocimiento universal. Luego compartimos en las aulas de la Facultad de Humanidades, cuando hice la carrera de Comunicación Social, fue siempre un irreverente, mordaz, hombre bien intuido, con gran sentido de humor y de la ironía, muy agresivo a veces. Le gustaba el tabaco habano y los cigarrillos negros, los combinaba con un expreso doble al que le incluía cardamomo y canela, especies que portaba en su marusa, su bolso personal.

El Negro Rafael Valladares pasaba largas horas con los alumnos en los pasillos de la Universidad del Zulia, hablando de la vida, de sus avatares. Allí les enseñaba por largas horas, quizá para ello empleaba más tiempo que en las propias aulas. Fue un cuentacuentos, un pedagogo natural, al que muchos seguíamos porque nos acercaba al mundo fascinante de Benny Moré, Vladimir Lenin, Malcom X, Nat King Cole, The Black Panters, del poeta Nicolás Guillén y Leroy Jones. Eran conversatorios realizados en su ágora imaginaria, con el más puro estilo caribeño.

En cuanto a su religión yoruba, él fue pionero en el Zulia, fue un devoto que inició esa creencia en estas tierras, un orgulloso heredero de los cultos nigerianos y de los ceremoniales de Benin. Mucho antes de esta avalancha esnobista de gente usando collares multicolores, cuyo significado muchos no conocen, que ignoran cómo se originaron. Rafael practicaba la religión yoruba cabalmente, con dignidad, sin complejos por ser negro. Cuando la gente lo rechazaba por sus atuendos, su afro, sus collares intimidantes; o se querían demostrar contrarios a su opción religiosa, sentenciaba categórico: “Todo ignorante es irreverente”.

En el año 1973, cuando apareció en escena la orquesta cubana Irakere (vocablo yoruba que significa bosque) dirigida por el pianista Chucho Valdés; se pusieron de moda las mantas yorubas multicolores, prenda que lució Valladares con orgullo toda su vida. La consideraba una prenda de distinción, que proporcionaba buen Aché, es decir: buena estrella. Al lucirla ofrendaba a su santo: Changó, el santo guerrero.

En 1983 inauguré mi programa “Caribana” en Radio Selecta 1390 AM, era un espacio dedicado al jazz latino y a la salsa. Dirigía esa emisora el padre jesuita José Baquedano y compartía la responsabilidad de producir y animar el programa con Evaristo Pérez Suárez. En ese compromiso, nuestro principal aliado fue el profesor Valladares con su magnífica discoteca. Él calculaba que tenía cerca de 10.000 discos de larga duración en su apartamento, ubicado en la entrada a la urbanización La Victoria, donde vivió varios años junto a la profesora María Esperanza Ruiz y sus hijas: Patricia y Susana. Su residencia estaba ubicada muy cerca del busto del General José Félix Ribas, sitio donde vimos cantar a Alí Primera por última vez, el 12 de febrero del año 1985, exactamente cuatro días antes de morir en un accidente de tránsito en una autopista de Caracas.

Cuando llegaron los años 90, hicimos un equipo para dictar cursos a los aspirantes a locutores, las clases las dictábamos en los salones del Hotel Kristoff, eran los días sábados, junto a Moraima Gutiérrez, Danilo Bautista, Tomás Aquino Font y mi esposa Marisela Árraga. Años más tarde, Marisela y Rafael serían compañeros de trabajo en el Departamento de Psicología de la Universidad del Zulia.

Rafael siempre mantuvo una comunicación fluida y constante con su hermana Norka, la actriz y licenciada en letras de la UCV, exsecretaria de cultura del estado Zulia; y  con su sobrino Fernando, músico, encargado de la percusión en Guaco desde los años 80, donde permaneció por 16 temporadas, para luego emprender su carrera en solitario.

La muerte sorprendió al profesor Valladares mientras jugaba con su hijo menor, Rafael Valladares Cedeño, en su hogar junto a Thaís Pilar Cedeño, su segunda esposa. Años antes había pasado por el doloroso divorcio de María Esperanza. La tarde del 17 de enero de 2009 su corazón dejó de latir, ya estaba retirado de la educación, era profesor emérito de La Universidad del Zulia, donde hizo carrera por 30 años.  Había girado instrucciones a su mujer Thaís Pilar, para ser enterrado según el rito yoruba: vestido de lino blanco, con su gorro de santero, con la bandera cubana entrelazada con la venezolana en sus manos, y con música de tambores. Su sobrino Fernando se encargó de ponerle música en el féretro, lo acompañó con descargas de rumba, guaguancó y salsa durante todo el velatorio. Lo llevamos al son de chimbangles hasta su tumba en el cementerio San José, el vetusto camposanto “El redondo”. Sus restos reposan en el osario de su familia, junto a las cenizas de su madre y sus hermanas.

Allí lo sembramos ese mediodía ardiente, entre tragos de ron, tambores y bailes, tal como él lo pidió. El aire se espesó de sentimientos nostálgicos, pocos fuimos los convocados para despedir al negro Rafito, un educador insigne, un hombre que marcó su tiempo como auténtico catedrático y melómano de gran sabiduría.

Saliendo del cementerio, el profesor Omar Muñoz Ramírez, uno de sus cofrades más queridos, me comentó: “Cuando me conseguía a Valladares en los pasillos de la universidad y lo saludaba, siempre me decía: Tú eres el único político que saluda después de terminada las campañas, los demás se olvidan de la gente”. Luego, junto al Primacho Alfredo Arrieta, nos largamos el final de una botella de ron, al amparo de la sombra de las acacias y búcaros, cerca del frontis, en la entrada del viejo cementerio San José, donde está la vieja placa que reza:  “Fundado en 1924 durante el gobierno del Benemérito Juan Vicente Gómez”.

 

Por muchos años recordaremos al Negro Valladares, su generoso aporte al conocimiento y valoración de la africanía en Venezuela. Espero que ahora esté en el panteón de los orishas, sonando tambores, enviándonos su buena energía y su amor por la música negra. Él fue un legítimo orisha zuliano.

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Ricardo Cepeda, un corazón valeroso para cantar por @leonmagnom

“La música ha de ser un
instrumento para el desarrollo del hombre,
y no una estética intrascendente”.
José Antonio Abreu (Valera, 1939)


Pocos seres tuvieron el privilegio de tener como maestro en su aula a Ricardo Aguirre, el cantor gaitero formado para la docencia en el Rubio del Táchira. El único individuo que la historia del Zulia ha registrado como alumno de Aguirre, en la Escuela  Panamericana,  y como fiel aprendiz de su canto, es Ricardo Cepeda. La vida le dio esa regalía, la oportunidad de ver en un salón de clases a ese vocalista gigante, que a la vez, era un maestro cálido,  humanista pedagogo.

Con nombre de origen germánico: Ricardo, que designa a un rey valiente, se ha paseado por los escenarios de Venezuela e Hispanoamérica, como dueño de una voz privilegiada, de gran brillo y excelsa melodía.

El 8 de noviembre de 1952 nació como el primer hijo de José Cepeda, un gaitero oriundo de Punta Iguana, en la Costa Oriental del Lago. Su madre, María Chiquinquirá Olivares, una piadosa devota de la Virgen, marcada con su nombre, de profunda tradición musical. Lo bautizaron en la barriada Santa Lucía como Ricardo José.

Exactamente el día que Ricardo celebraba su cumpleaños 17, se produjo el fatal accidente que segó la vida de Ricardo Aguirre. Su maestro moría en una calle de Veritas a los 30 años de edad, en pleno cenit de su carrera musical.  Ese día aciago se produjo un cambio, un gran viraje: se iba Ricardo José Aguirre y dejaba en su lugar a Ricardo José Cepeda. Fue como una carrera de relevos, donde el maestro pasó el testigo a su mejor alumno, su tocayo dos veces. Tenían cierto parecido físico, ambos de tez morena, usaban lentes de pasta, cabello ralo y crespo, con timbres vocales muy semejantes: sólo  diferenciados en los registros graves que poseía Aguirre González, que eran extraordinarios.

Ricardo José Cepeda Olivares comenzó a gaitear con grupos aficionados: Los Tauros, Ciclones, Armonía Gaitera. En 1969 debutó en la gaita profesional con Los Tucusones de Ana Stael Duque. Allí lo vio Douglas Soto, el gran mecenas y promotor, y lo llevó a las filas de Cardenales del Éxito al año siguiente, donde permaneció hasta 1979. Eso constituyó la primera etapa en la célebre agrupación, con ellos grabó temas que se han convertido en clásicos inmortales: “Aleluya” (1971), “Sentir zuliano” (1972), “La piragua” (1973), “Mi ruego” (1974), “El bambuco” (1975), “Alguien canta” (1977), “Celestina aurora” (1979) y “Viejo ilustre” (1979).

“Un bambuco y una serenata
le dieron vida a un amor
un mozuelo cantaba a una flor
que más tarde sería mi madre
le cantaba mi futuro padre
lleno de inmenso fervor”
(Renato Aguirre, 1975)

En esa temporada de 1975,  Ricardo resultó ganador con la composición “Sabor añejo” de Astolfo Romero del primer lugar en el Festival de Gaitas “Virgilio Carruyo”:

“Los alegres albores
del diciembre sin igual
los venimos a evocar
como en tiempos anteriores
cuando los gaiteros viejos
parranderos de excelencia
nos cantaban con esencia
gaitas de sabor añejo”
(Astolfo Romero, 1975)

Cardenales del Éxito era una agrupación muy completa, donde desplegaban su talento Astolfo Romero, Pedro Rossell, Ricardo Portillo, Ender Fuenmayor, Daniel Alvarado. Ricardo Cepeda representaba el cantar solemne, la devoción a la Virgen Morena.

En 1980 se produce el deslinde de los Cardenales del Éxito de Pedro Suárez y nace la Universidad de la Gaita. Cepeda integra esa divisa y coloca temas en la cartelera nacional de éxitos: “Que viva la democracia”, “Cita con Ricardo” y  “Aquel Zuliano” del álbum titulado “100 años de gaita”:

“Fresca está la madrugada
y en la aurora maracucha
una inmensa voz se escucha
es el bardo que en parrandas
cantando sus gaitas anda
deleitando a quien lo escucha”
(Renato Aguirre, 1980)

Con el impacto generado por “Aquel zuliano” se consolidó la dupla artística  Aguirre-Cepeda, dueto creativo de alta factura. Renato como cuatrista y compositor, ocupa un sitial de honor en su ateneo de compositores más queridos. Volvieron a coincidir como binomio exitoso en Cardenales del Éxito reagrupado, cuando Chichilo Urribarrí adquirió el conjunto, en 1986. En esta segunda etapa con la divisa roja, logra éxitos nacionales como “Ceuta”, “Mis promesas”, “Como un extraño”, “Mi hermano”, éste último de su autoría, una gaita agradecimiento de Ricardo Aguirre a su hermano compositor:

"Mi hermano cómo estáis
con el permiso de Dios
vengo a agradecerte a vos
las gaitas que me cantáis.
De parte de mi Chinata
traigo mensaje de luz
de su bella excelsitud
en mi vida espiritual”
(Ricardo Cepeda, 1990)

Cardenales del Éxito - Mi hermano (En Vivo en Sábado Gaitero)

En 1989 participó en la fundación del conjunto VHG, divisa que tomó el nombre de la canción de Conny Méndez: “Venezuela habla cantando”, por una sugerencia  de Jesús Terán Chavín. Con el VHG grabó “La historia de la grey”, “Mi vida es cantar”. Allí de nuevo compartió la escena con Renato Alonso, Chavín, Ender Fuenmayor, y se anexaron los jóvenes talentos: Ozías Acosta y  Jaime Indriago.

En paralelo a su militancia con las agrupaciones gaiteras, Ricardo ha sido un “Fláneur”, es decir un incansable viajero. Ha cantado en muchas ciudades de América del Sur, España, Estados Unidos y el Caribe. No sólo ha destacado interpretando  gaitas, también cantando valses, danzas y boleros. El maestro Luis María Frómeta  le propuso ser bolerista de su orquesta Billo´s Caracas Boys, y no quiso irse a vivir en Caracas. En una demostración de gratitud y admiración al maestro dominicano, grabó el tema homenaje “Al cantor de Caracas” con La Universidad de la Gaita.

“Escuche mi amigo, mi gaita zuliana
alegre se ufana, poderle cantar
escuche maestro, cantor de Caracas
su musa me atrapa y la quiero obsequiar”
(Renato Aguirre, 1982)

Su vocación de cantor de décimas y coplas lo impulsó a grabar la colección “Zulianizando” con el conjunto “Los Marabinos”, propuesta que tuvo una gran aceptación entre sus seguidores. Eso está muy bien reflejado en el libro biográfico escrito por el doctor William Briceño, obra que ha recibido los mejores comentarios y ha tenido una gran difusión.

En 1990 regresó a cumplir una tercera etapa en Cardenales del Éxito, bajo la égida de Ricardo Portillo. En esta tercera etapa impuso los temas “Mi ranchito” (1993) y “Madre es madre” (1994), premiadas por unanimidad como “gaitas del año”. Entre lauros y aplausos vivió intensamente ese tercer ciclo cardenalero.

En 1998 fundó su agrupación Los Colosales, utilizando en plural el calificativo que le colocó en su programa radial el doctor Octavio Urdaneta: “El Colosal”.  Con su agrupación florecieron éxitos como “El vendedor de flores” (1998) y “De la vida real” (2000), y los temas del falconiano Elías Hernández “El barrio de mis andanzas” (1999) y “El cofre” (2001). Ha conseguido premios con las  gaitas “Campechano”, “Cántame” y “Como pompas de jabón”. Los Colosales de Ricardo Cepeda es una marca consolidada en el mercado musical Venezolano, su agenda de presentaciones y su demanda discográfica está garantizada, sustentada por la sólida imagen de Ricardo Cepeda,  la máxima figura  gaitera de la actualidad.

“El barrio de mis andanzas
donde viví a plenitud
donde transcurrió mi infancia
mi niñez, mi juventud
con inquietud y embriagado de añoranzas
regreso con la esperanza
de pasar mi senectud”
(Elías Hernández, 1999)

Ese sitial como artista popular lo ha ratificado su actuación en el magno concierto de los 30 años de Serenata Guayanesa en el Teatro “Teresa Carreño”, donde fue invitado de honor junto a Neguito Borjas; las producciones que ha realizado con Huáscar Barradas, los conciertos con la Orquesta Típica del Estado Zulia y con la agrupación mariana Los Chiquinquireños, conjunto que realiza música folclórica para transformar al hombre, su espiritualidad, y no como una propuesta armónica intrascendente; como nos enseñó el maestro Abreu.

Al igual que su mentor Ricardo Aguirre, a Cepeda la radio le tocó su alma, la ha hecho con gran solvencia, en distintas emisoras por casi dos décadas.

Su talante de líder, lo llevó a incursionar en la política sin acierto. Compitió por un curul como concejal del municipio Maracaibo, lo apoyaron las fuerzas progresistas, pero sufrió una aplastante derrota de las viejas huestes adecas. Pareciera que la ciudad le hubiese dicho: “Eres mi hijo predilecto en la gaita, más no te quiero en los potreros de la política”.

En el año 2010 se le agudizó una dolencia en los huesos de la cadera, que lo venía molestando desde hacía algún tiempo, producto de una artrosis. Por ello, fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas de las que salió bien librado. Después de realizar con rigurosidad la rutina de terapias, enfrentó su temporada más productiva como empresario independiente; la del año 2011.

Ricardo Cepeda Olivares comparte sus días con su tercera esposa Ángela Bozo, con sus siete hijos: Ricardo, Luis, Argenis, Nazarely, Daniela, Gerardo y Ricardo José. Está rodeado de sus compañeros del conjunto de arpa Los Marabinos, con quienes interpreta danzas y bambucos, siguiendo los pasos del gran payador de Isla de Toas: Víctor Alvarado. Sus días son plácidos junto a los integrantes de Los Colosales. La legión de venezolanos que le seguimos, coincidimos en que él es el mejor alumno del Monumental Aguirre, que ha superado su comprobación a través de los años, con notas sobresalientes.

Como él mismo lo compuso:

“Tengo la musa en bajada
mi alegría es un portento
y al cantar gaita presiento
que mi alma está emocionada”
(Ricardo Cepeda, 1974)

Tenemos un coloso de nuestro canto, con cinco décadas de carrera y sus musas siguen encendidas. Su voz está en las ensenadas y escenarios de nuestra patria, es un Ricardo, como el rey de corazón valiente, que ha sido confaloniero del mayor legado aguirreño. Él es voz identitaria y alma de nuestra eterna serenata a la ciudad.

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Gustavo Dudamel en Maracaibo

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Cuando estudié  solfeo en el Conservatorio “José Luis Paz”, a principios del decenio de los años ochenta, pensaba que la música sería mi oficio, mi único mundo laboral y creativo. Era un muchacho que entraba alucinado a un  mundo de sonidos perfectos bajo la égida del maestro Oscar Faccio (padre).  Nunca dudé de mi amor por la música, desde entonces la considero  la creación más importante del hombre, el único lenguaje que  comunica en un instante a toda la humanidad.

Sin embargo, nunca pensé que pudiera ver a un músico dirigiendo una orquesta constituida por 150 instrumentistas ejecutando obras de Gustav Mahler, de Beethoven y la obertura de 1812 de Tchaikovski en la Maracaibo cuna de la  gaita, de los vallenatos en autobuses  desbordados y de reguetoneros buscando “La Orquídea” en una plaza de  toros repleta de niñas histéricas. Y menos previsible aún, que lo realizara ante 12.000 espectadores, delirantes por la presencia del director de orquesta Gustavo Dudamel.

Ese  momento lo vivimos el 29 de enero  de 2010 en el estadio “Luis Aparicio”, viendo  hileras interminables de gente, bajo el sol severo de las 3 de la tarde, esperando entrar para colmar las tribunas del templo beisbolero. Gente de diversos  grupos etarios, con vestimentas variopintas,  unidos únicamente por el amor a la música, expresando  su apoyo  entusiasta a la Orquesta “Simón Bolívar”.

Ese estadio encierra el recuerdo de Alí Primera. Allí el gran cantor falconiano  realizó “La Canción Bolivariana” en 1983 con un éxito atronador, a pesar del sabotaje que pretendieron hacerle  grupos de poder y medios dominantes de la época. En esa ocasión nos visitaron cantores de toda América y de muchos rincones de Venezuela para actuar ante una gradería repleta de la gente que amaba  la música de Alí Rafael, que eran sus seguidores genuinos. Allí conocí a Lilia Vera, hermosa cantora, voz de Venezuela.

La jornada musical de ese 29 de enero 2010 que rememoro ahora, comenzó con la actuación de los adolescentes que conforman la agrupación Los Zagalines del Padre Vílchez. Al presentarlos al lado de Andreína Socorro, destacamos  su carácter de escuela de gaiteros del municipio de San Francisco, que funciona como un granero de talentos desde 1971, una creación del Padre  Vílchez 18 años después de su arribo a esa parroquia.

Luego entraron a escena los laureados integrantes del Quinto Criollo que  celebraban 35 años de trayectoria, con Amada Campbell a la cabeza, y quienes interpretaron danzas  zulianas y la gaita de Renato Aguirre "Aquel Zuliano", obra que recientemente cumplió 31 años de su publicación en el álbum “100 años de gaita”, en 1980.

La  gente abarrotó las gradas del “Luis Aparicio El Grande”,  entregando  ayudas para la nación hermana  Haití a la entrada. Esos donativos fueron  el principal leitmotiv del evento. Se recolectaron cerca de diez toneladas de alimentos y vituallas que fueron enviadas a Puerto Príncipe, la capital haitiana arrasada por el terremoto de 7.1 grados de intensidad, el 12 de enero de ese año.

Llamamos al escenario al consejero de la Embajada de Haití en Venezuela, el señor Lesley David, quien con palabras  sencillas y en tono sereno agradeció la solidaridad y generosidad  de los marabinos.

Luego  comenzó su actuación Vocal Song, ganadores de un disco de platino. Los recibió el público con una gran ovación. Ellos se pasearon por temas éxitos de sus tres álbumes, todos ejecutados sin acompañamiento instrumental, sin pista, sólo con sus voces y talentos infinitos. La antesala zuliana la cerró Huáscar Barradas con su grupo Maracaibo. Simultáneamente, entraron los Servidores Marianos con la réplica de la Virgen de Chiquinquirá, mientras los asistentes entonaban su himno  "Gloria a ti casta Señora”. Minutos después, las notas de la canción “Venezuela”, llenaron el cielo zuliano y así todo quedó preparado para la entrada en escena del genio Dudamel.

Comenzaron a sentarse ante su atril los jóvenes músicos de la sección de cuerdas, luego los de  viento-madera, más tarde entró la sección de  viento-metal y finalmente la percusión; todos ataviados con la chaqueta de nuestro tricolor patrio. En las gradas los maracuchos eufóricos realizaban la ola, cual juego del día de La Chinita. Fue una noche de luna llena en la ciudad lacustre, donde la euforia explotó cuando se produjo la entrada del director de la Orquesta Juvenil de Venezuela: Gustavo Adolfo Dudamel,  joven barquisimetano que había cumplido  29 años de edad tres días antes, el director titular de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, que ha dirigido en las principales capitales de Europa y ha recibido los más prestigiosos galardones como batuta consagrado, catalogado como “el hombre que rejuvenece la música clásica”.

El concierto duró cerca de 90 minutos y culminó con el mosaico de mambos de Pérez Prado con coreografía de los músicos incluida. La ovación se convirtió en el coro de "otra... otra", y el joven maestro marcó el compás de 3 por 4 para dar inicio al “Alma Llanera”, para el cierre memorable.

Fuimos testigos de un gran gesto de solidaridad con una nación hermana en crisis, de una imponente exhibición de talento musical en una ciudad que hemos soñado muchas veces, afecta al hecho artístico trascendente, digna capital del arte. Ojalá los políticos que dirigen circunstancialmente el Zulia, aprendan que somos mucho más que un rebaño que delira por el vallenato y el reguetón, que definitivamente impulsen nuestras formas musicales en las escuelas, en los grandes eventos  y medios de comunicación.

Ojalá estas autoridades dejen atrás la falsa cultura de “La Orquídea de Venevisión”  suspendan los escandalosos patrocinios para ese espectáculo insustancial, un vodevil provinciano y burlesco, que como ciudad nos hace risibles y vacuos ante el mundo.

 

 


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