¿Cómo podría mejorarse la elección de la Gaita del Año?
 
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Sabor Gaitero

Ricardo Cepeda, un corazón valeroso para cantar por @leonmagnom

“La música ha de ser un
instrumento para el desarrollo del hombre,
y no una estética intrascendente”.
José Antonio Abreu (Valera, 1939)


Pocos seres tuvieron el privilegio de tener como maestro en su aula a Ricardo Aguirre, el cantor gaitero formado para la docencia en el Rubio del Táchira. El único individuo que la historia del Zulia ha registrado como alumno de Aguirre, en la Escuela  Panamericana,  y como fiel aprendiz de su canto, es Ricardo Cepeda. La vida le dio esa regalía, la oportunidad de ver en un salón de clases a ese vocalista gigante, que a la vez, era un maestro cálido,  humanista pedagogo.

Con nombre de origen germánico: Ricardo, que designa a un rey valiente, se ha paseado por los escenarios de Venezuela e Hispanoamérica, como dueño de una voz privilegiada, de gran brillo y excelsa melodía.

El 8 de noviembre de 1952 nació como el primer hijo de José Cepeda, un gaitero oriundo de Punta Iguana, en la Costa Oriental del Lago. Su madre, María Chiquinquirá Olivares, una piadosa devota de la Virgen, marcada con su nombre, de profunda tradición musical. Lo bautizaron en la barriada Santa Lucía como Ricardo José.

Exactamente el día que Ricardo celebraba su cumpleaños 17, se produjo el fatal accidente que segó la vida de Ricardo Aguirre. Su maestro moría en una calle de Veritas a los 30 años de edad, en pleno cenit de su carrera musical.  Ese día aciago se produjo un cambio, un gran viraje: se iba Ricardo José Aguirre y dejaba en su lugar a Ricardo José Cepeda. Fue como una carrera de relevos, donde el maestro pasó el testigo a su mejor alumno, su tocayo dos veces. Tenían cierto parecido físico, ambos de tez morena, usaban lentes de pasta, cabello ralo y crespo, con timbres vocales muy semejantes: sólo  diferenciados en los registros graves que poseía Aguirre González, que eran extraordinarios.

Ricardo José Cepeda Olivares comenzó a gaitear con grupos aficionados: Los Tauros, Ciclones, Armonía Gaitera. En 1969 debutó en la gaita profesional con Los Tucusones de Ana Stael Duque. Allí lo vio Douglas Soto, el gran mecenas y promotor, y lo llevó a las filas de Cardenales del Éxito al año siguiente, donde permaneció hasta 1979. Eso constituyó la primera etapa en la célebre agrupación, con ellos grabó temas que se han convertido en clásicos inmortales: “Aleluya” (1971), “Sentir zuliano” (1972), “La piragua” (1973), “Mi ruego” (1974), “El bambuco” (1975), “Alguien canta” (1977), “Celestina aurora” (1979) y “Viejo ilustre” (1979).

“Un bambuco y una serenata
le dieron vida a un amor
un mozuelo cantaba a una flor
que más tarde sería mi madre
le cantaba mi futuro padre
lleno de inmenso fervor”
(Renato Aguirre, 1975)

En esa temporada de 1975,  Ricardo resultó ganador con la composición “Sabor añejo” de Astolfo Romero del primer lugar en el Festival de Gaitas “Virgilio Carruyo”:

“Los alegres albores
del diciembre sin igual
los venimos a evocar
como en tiempos anteriores
cuando los gaiteros viejos
parranderos de excelencia
nos cantaban con esencia
gaitas de sabor añejo”
(Astolfo Romero, 1975)

Cardenales del Éxito era una agrupación muy completa, donde desplegaban su talento Astolfo Romero, Pedro Rossell, Ricardo Portillo, Ender Fuenmayor, Daniel Alvarado. Ricardo Cepeda representaba el cantar solemne, la devoción a la Virgen Morena.

En 1980 se produce el deslinde de los Cardenales del Éxito de Pedro Suárez y nace la Universidad de la Gaita. Cepeda integra esa divisa y coloca temas en la cartelera nacional de éxitos: “Que viva la democracia”, “Cita con Ricardo” y  “Aquel Zuliano” del álbum titulado “100 años de gaita”:

“Fresca está la madrugada
y en la aurora maracucha
una inmensa voz se escucha
es el bardo que en parrandas
cantando sus gaitas anda
deleitando a quien lo escucha”
(Renato Aguirre, 1980)

Con el impacto generado por “Aquel zuliano” se consolidó la dupla artística  Aguirre-Cepeda, dueto creativo de alta factura. Renato como cuatrista y compositor, ocupa un sitial de honor en su ateneo de compositores más queridos. Volvieron a coincidir como binomio exitoso en Cardenales del Éxito reagrupado, cuando Chichilo Urribarrí adquirió el conjunto, en 1986. En esta segunda etapa con la divisa roja, logra éxitos nacionales como “Ceuta”, “Mis promesas”, “Como un extraño”, “Mi hermano”, éste último de su autoría, una gaita agradecimiento de Ricardo Aguirre a su hermano compositor:

"Mi hermano cómo estáis
con el permiso de Dios
vengo a agradecerte a vos
las gaitas que me cantáis.
De parte de mi Chinata
traigo mensaje de luz
de su bella excelsitud
en mi vida espiritual”
(Ricardo Cepeda, 1990)

Cardenales del Éxito - Mi hermano (En Vivo en Sábado Gaitero)

En 1989 participó en la fundación del conjunto VHG, divisa que tomó el nombre de la canción de Conny Méndez: “Venezuela habla cantando”, por una sugerencia  de Jesús Terán Chavín. Con el VHG grabó “La historia de la grey”, “Mi vida es cantar”. Allí de nuevo compartió la escena con Renato Alonso, Chavín, Ender Fuenmayor, y se anexaron los jóvenes talentos: Ozías Acosta y  Jaime Indriago.

En paralelo a su militancia con las agrupaciones gaiteras, Ricardo ha sido un “Fláneur”, es decir un incansable viajero. Ha cantado en muchas ciudades de América del Sur, España, Estados Unidos y el Caribe. No sólo ha destacado interpretando  gaitas, también cantando valses, danzas y boleros. El maestro Luis María Frómeta  le propuso ser bolerista de su orquesta Billo´s Caracas Boys, y no quiso irse a vivir en Caracas. En una demostración de gratitud y admiración al maestro dominicano, grabó el tema homenaje “Al cantor de Caracas” con La Universidad de la Gaita.

“Escuche mi amigo, mi gaita zuliana
alegre se ufana, poderle cantar
escuche maestro, cantor de Caracas
su musa me atrapa y la quiero obsequiar”
(Renato Aguirre, 1982)

Su vocación de cantor de décimas y coplas lo impulsó a grabar la colección “Zulianizando” con el conjunto “Los Marabinos”, propuesta que tuvo una gran aceptación entre sus seguidores. Eso está muy bien reflejado en el libro biográfico escrito por el doctor William Briceño, obra que ha recibido los mejores comentarios y ha tenido una gran difusión.

En 1990 regresó a cumplir una tercera etapa en Cardenales del Éxito, bajo la égida de Ricardo Portillo. En esta tercera etapa impuso los temas “Mi ranchito” (1993) y “Madre es madre” (1994), premiadas por unanimidad como “gaitas del año”. Entre lauros y aplausos vivió intensamente ese tercer ciclo cardenalero.

En 1998 fundó su agrupación Los Colosales, utilizando en plural el calificativo que le colocó en su programa radial el doctor Octavio Urdaneta: “El Colosal”.  Con su agrupación florecieron éxitos como “El vendedor de flores” (1998) y “De la vida real” (2000), y los temas del falconiano Elías Hernández “El barrio de mis andanzas” (1999) y “El cofre” (2001). Ha conseguido premios con las  gaitas “Campechano”, “Cántame” y “Como pompas de jabón”. Los Colosales de Ricardo Cepeda es una marca consolidada en el mercado musical Venezolano, su agenda de presentaciones y su demanda discográfica está garantizada, sustentada por la sólida imagen de Ricardo Cepeda,  la máxima figura  gaitera de la actualidad.

“El barrio de mis andanzas
donde viví a plenitud
donde transcurrió mi infancia
mi niñez, mi juventud
con inquietud y embriagado de añoranzas
regreso con la esperanza
de pasar mi senectud”
(Elías Hernández, 1999)

Ese sitial como artista popular lo ha ratificado su actuación en el magno concierto de los 30 años de Serenata Guayanesa en el Teatro “Teresa Carreño”, donde fue invitado de honor junto a Neguito Borjas; las producciones que ha realizado con Huáscar Barradas, los conciertos con la Orquesta Típica del Estado Zulia y con la agrupación mariana Los Chiquinquireños, conjunto que realiza música folclórica para transformar al hombre, su espiritualidad, y no como una propuesta armónica intrascendente; como nos enseñó el maestro Abreu.

Al igual que su mentor Ricardo Aguirre, a Cepeda la radio le tocó su alma, la ha hecho con gran solvencia, en distintas emisoras por casi dos décadas.

Su talante de líder, lo llevó a incursionar en la política sin acierto. Compitió por un curul como concejal del municipio Maracaibo, lo apoyaron las fuerzas progresistas, pero sufrió una aplastante derrota de las viejas huestes adecas. Pareciera que la ciudad le hubiese dicho: “Eres mi hijo predilecto en la gaita, más no te quiero en los potreros de la política”.

En el año 2010 se le agudizó una dolencia en los huesos de la cadera, que lo venía molestando desde hacía algún tiempo, producto de una artrosis. Por ello, fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas de las que salió bien librado. Después de realizar con rigurosidad la rutina de terapias, enfrentó su temporada más productiva como empresario independiente; la del año 2011.

Ricardo Cepeda Olivares comparte sus días con su tercera esposa Ángela Bozo, con sus siete hijos: Ricardo, Luis, Argenis, Nazarely, Daniela, Gerardo y Ricardo José. Está rodeado de sus compañeros del conjunto de arpa Los Marabinos, con quienes interpreta danzas y bambucos, siguiendo los pasos del gran payador de Isla de Toas: Víctor Alvarado. Sus días son plácidos junto a los integrantes de Los Colosales. La legión de venezolanos que le seguimos, coincidimos en que él es el mejor alumno del Monumental Aguirre, que ha superado su comprobación a través de los años, con notas sobresalientes.

Como él mismo lo compuso:

“Tengo la musa en bajada
mi alegría es un portento
y al cantar gaita presiento
que mi alma está emocionada”
(Ricardo Cepeda, 1974)

Tenemos un coloso de nuestro canto, con cinco décadas de carrera y sus musas siguen encendidas. Su voz está en las ensenadas y escenarios de nuestra patria, es un Ricardo, como el rey de corazón valiente, que ha sido confaloniero del mayor legado aguirreño. Él es voz identitaria y alma de nuestra eterna serenata a la ciudad.

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Simón Petit, el poeta en su península

 

Cruzando frente a las quintas
con su traje de mecánico azul,
y ese prestigio que le da la pobreza”
Silvina Ocampo (Argentina, 1903-1993)

Nacer en una península de arenas áridas, rodeada por un mar bravío siempre azulverde, en medio de una confluencia de viento indomable y soledad lunar: es una marca de origen. Simón Petit, nació con ese estigma, al suroeste de la península de Paraguaná, en la parroquia pionera Carirubana, en Punta Cardón, el 6 de diciembre de 1961. Allí transcurrió su infancia, es hijo del músico Ángel Simón y, Teresa Arévalo. Su casa fue cuna de cantos en medio de un reino de la sal, un gran aposento de cantores y escritores que luego lo inspiraron, como Alí Brett Martínez, su fraterno Alí Rafael Primera, Rafael José Álvarez y Guillermo de León Calles. A esa punta de ensueños Simón le ha cantado, a ese cabo de inspiración, él le ha escrito con suprema belleza:


Aquí hace algún tiempo
retozaban los pájaros
de rama en rama.

Habitaba la serpiente sonora
y el saurio hambriento
las cabras solían posarse en el risco
a contemplar el mar de Paraguaná”
(Sobre el andamio, 1991)

Su paisano, el intelectual contemporáneo Antonio López Ortega (Punta Cardón, 1958) extraordinario ensayista y narrador, expresa su admiración por Simón Petit, y categoriza su poesía: “Parte de un sustrato doméstico, aparentemente intrascendente, donde la heroicidad es una dimensión caída y la vida cotidiana: un peso en la nuca”.

Simón Petit Arévalo ha publicado seis poemarios, y con ellos, se ha afianzado como una voz que tiene su espacio ganado, en el universo poético venezolano. Algunos críticos lo llaman “El poeta del petróleo” circunstancia que asume en una doble dimensión: como poeta y como cronista, y escribe en versos desde un país que se niega a ser portátil, que rechaza ser una gran oficina circunstancial.

Ha conocido muy de cerca las vivencias de los obreros petroleros, él fue trabajador de la industria por años, ha vivido sus rutinas en la gigantesca refinería, sus luchas por dignificarse y sobrevivir a la brega pesada. También ha compartido las faenas de los pescadores, de los artesanos y luthieres de los pueblos falconianos, pero al mismo tiempo; él es un rapsoda insomne, un hombre de la comunicación creativa, un militante de las causas justas y humanitarias:

Preparados para guerra
nos enfrentamos al jefe
que nos indica
que apenas comienza el castigo.
Pero nosotros
hombres de petróleo y azufre
no tememos al destino"
(Bajo la grúa, 1991)

Simón Petit es un promotor cultural, hombre que ha propiciado el encuentro de cantores, cronistas, de la gente del arte popular. Él busca expresarse a través de las distintas formas artísticas: Es dibujante, orador, compositor con más de 100 temas publicados. Recién, José Montecano le grabó una canción hermosa, en tiempo de merengue oriental. Siente orgullo al decir que es gaitero, sus composiciones las han grabado agrupaciones de prestigio como El Saladillo, Rincón Morales y Zagales del Padre Vílchez, entre otras.

Es un gerente cultural visionario, con liderazgo probado, primero desde El Ateneo de Punto Fijo, a partir de 1992 y hasta 2004. Y ahora, desde la Secretaria de Cultura del Estado Falcón, cargo donde se juramentó en 2005. Desde allí, con el apoyo de la Gobernadora Stella Lugo, sigue impulsando la gestión cultural, la que conceptualiza como “lo más importante del quehacer humano”. Pretende a través del hecho cultural, lograr la auténtica transformación del ser humano, sueña con la reivindicación del falconiano del siglo XXI, del hombre y su paisaje peninsular, ese reino de la aridez que ha sido tan fecundo para la vida.

En su libro “El eco formidable” (2005) logró una madurez lírica que impresiona, con poemas donde el único vector es el amor. Ese libro dedicado a su esposa Diosiángel Lugo, inicia con un epígrafe del polígrafo egipcio Arif Khudairi (Luxor, 1948) tan certero, como un faro guiando a los nautas en medio de la bruma marina:

Porque estamos enamorados,
por eso, decimos nosotros.
Para nosotros ahora somos uno, no dos”

Simón admira al líder uruguayo José Pepe Mujica, quizá por ser un hombre de izquierda, un ciudadano que valora el arte, de elevados valores humanos. Mujica declaró al salir de la presidencia de su nación (2010-2015) sobre su relación con su amada compañera Lucía Topolansky, a quien conoció como militante del Movimiento Tupamaro, cuando ambos fueron confinados en cárceles muy duras, y años después, en 2005; unieron sus vidas.

Lucía nació en 1944 y Pepe en 1935, ambos en Montevideo. Él razonó sobre el amor y la lucha política, y concluye: “Claro que estuve enamorado, los que dicen que la vida del revolucionario impide una vida de amor se equivocan. Creo que las relaciones sentimentales cumplen el papel de un refugio para protegerse de las tensiones que se viven. ¿Por qué son tan enamoradizos los revolucionarios? No sé si será por la certidumbre instintiva de que se están rozando la muerte”.

El exitoso estadista ha inspirado a multitudes en el continente americano, siempre ha dado ejemplo de austeridad y autenticidad. Recién declaró sobre el amor a mitad de vida, y su componente especial: “Cuando uno se aproxima a los 50 años de edad, piensa que una compañera debe ser una buena cocinera. El amor tiene entonces mucho de amistad, de cosas que facilitan la convivencia: el nido se ve como un refugio”.

En su poemario “El eco formidable” Simón Petit logró el tono similar al expresado por Mujica, ese libro es unaofrenda a la amante-compañera:

¿Qué sueñas, amada mía?
Si al menos pudieras estar consciente
verías lo cerca que estoy
sentirías mi respiración en tu rostro y
el brazo que envuelve tu torso, en esta hora
cuando solo sé que duermes

y no tengo oportunidad de entrar en tu sueño”

(El eco formidable, 2005)

En paralelo a la elaboración de sus libros, Simón ha hecho cine, ha realizado cortos de gran importancia desde 1988, cuando ganó el Festival Nacional de Cine Súper 8. Él realizó los guiones de las películas: “Tránsito de sombras” y “Dos minutos de silencio”. Recibió el Premio Municipal de Literatura en Carirubana en 1991. Sus textos aparecen en cinco importantes antologías de la poesía venezolana. En 2012 fue invitado como poeta a participar en foros literarios en la Universidad de Salamanca, España.

Uno de los momentos más difíciles en la vida deel poeta paraguanero, lo vivió comenzando el nuevo siglo, cuando perdió a su hijo Simón Elías de solo cuatro años, murió víctima de una cardiopatía congénita. El niñito gallardo, resistió la primera operación, salió victorioso y creció la esperanza de sus padres. Así escribió ese episodio Simón:

Su débil y golpeado corazón resistió aquella primera batalla.
Y vendrían más días de ansiedad y desazón.
Una urdimbre de confianza tejimos”

Su hijo Simón Elías no superó la posterior operación, fue un golpe devastador para el poeta y su familia, sin embargo; Simón hizo poesía su despedida, con valentía:

Ahora cuando el recuerdo siempre será,
gracias te damos por ser tus padres”

A su hijo difunto y a su padre Ángel Simón, su principal preceptor, dedicó el libro “Vieja luna” en 2011.

Luego de compartir con el poeta Simón Petit presentaciones de libros, jornadas de lectura, sesiones musicales,agradables tertulias mientras recorremos en su automóvil la península ardiente; concluyo que estoy ante un hombre de la palabra, ante un creador, un escritor que partió de las vivencias profundas del mundo de las herramientas y el aceite, del trajín en las calderas infernales, sin perder su alma de trovador, sin dejar de cantar a la mujer y su mar interior. Simón le ha escrito odas a la patria que lo alberga, al movimiento obrero, y al amor que ve multiplicado entre la gente que le saluda en su andar.

Simón” es un nombre de origen hebreo, muy antiguo, que significa “el que ha escuchado a Dios”. Sin duda, nuestro entrañable amigo, talentoso paraguanero: ha sido escuchado por su pueblo, por sus compueblanos peninsulares, por su nación y por su tiempo.

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Astolfo Romero, redivivo este 20 de mayo. Crónica por @leonmagnom

“Me celebro y me canto a mí mismo,
y  lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque  lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también”
Walt Whitman. (Estados Unidos, 1819-1892)

La primera vez que vi a Astolfo Romero estaba bajándose de su auto, un Renault 12 de un color amarillo jaldado. Descendió de su carrito francés en el barrio 18 de octubre donde vivió muchos años,  cuna de importantes gaiteros, sector  que irónicamente fundaron en 1946 para rememorar el golpe contra el General  Isaías Medina  Angarita.  El hombre que vi esa mañana  tenía la tez clara, era bajo de estatura, con abundante cabello castaño, bigote y lentes bifocales, se desplazaba muy jovial por la acera de la escuela “Monseñor Granadillo”. Lo miraba casi con idolatría al igual que mis compañeros del grupo  gaitero de la Cruz Roja del Zulia que me acompañaban, era para nosotros un astro de la galaxia musical criolla, el líder carismático del género pascuero. Para ese noviembre de 1975, él  sólo tenía 25 años de edad y ya militaba en sus queridos Cardenales del Éxito, su divisa hogar, su marca y blasón, su  maternal  morada en la gaita.

Astolfo Romero nació el 8 de febrero del año 1950, año cósmico del tigre, signo que lo marcó como un ser apasionado, con dotes de líder y de innovador, artista envarado.

Tributó su homenaje a la calle Jugo del barrio El Empedrao donde nació y vivió su niñez, siendo el  primogénito de Rafael Romero y Cira Elena Chacín. Luego se trasladó a casa de su abuela  Mamá Carmen y su tía Laudelina, en  la calle Soledad, ubicada entre la Bomba Múnich y  los Cepillaos de Jesús Ríos. En esa casa  aprendió a colaborar con el negocio familiar de  venta de empanadas y mandocas, en las madrugadas solía acompañar a su tía a comprar el maíz en la molienda de don José, situada entre las calles Colón y Soledad. Ese ritual lo retrató en su tema “La Molienda” grabado por Maragaita en la voz de Luis Germán Briceño (2000).

Su vivencia de adolescente en esa casa de la familia Romero la plasmó en su  gaita del año 1989, que cantó  con Cardenales del Éxito, “En la calle Soledad”:

“Seis raya cuarenta y dos
el número de la casa
que al abrir la puerta pasa
de primero papá-Dios.
Ese era el lema sincero
de aquellas trabajadoras
las dos viejas forjadoras
de la familia Romero”

Desde niño Astolfo Romero sintió admiración por los bomberos que veía  desayunar en el negocio casero de su abuela, llegaban al amanecer  con sus uniformes azules de ribetes rojos y dorados a comer empanadas con el “cuáquer tempranero”.  La fascinación que sentía por los uniformes y su aura castrense, lo llevó a trasladarse a Mérida para hacerse bombero profesional. En esa capital andina estuvo actuando con varios grupos de gaitas.

Regresó a Maracaibo a finales del decenio de los 60 y se integró a las filas del Conjunto Santanita, con ellos pega en las emisoras zulianas  “La otra tamborilera”. En el Conjunto Santanita compartió escenarios con los estelares Cheo Beceira, Danelo Badell y  Gladys Vera.

Pasó a las filas de Cardenales del Éxito en la década de los 70, donde permaneció hasta el año 1979, logrando pegar  en la radio venezolana  sus temas: “Guarapachando”, “El Fogón”, “Gabinete del Diablo”, “El Vapor”, “Chucurruley”, “Bahía de Cata”. Realizó composiciones para otros solistas que recibieron el máximo galardón de la época, el Festival Nacional de Gaitas “Virgilio Carruyo”: “Mi Orgullo” que interpretó Gladys Vera con Santanita (1975) y “Sabor Añejo” que cantó Ricardo Cepeda con Cardenales del Éxito (1976).

En el año 1980 Astolfo transitaba sus  30 años de vida, la edad que tenía Ricardo Aguirre al momento de morir en 1969, ese año pasó a La Universidad de la Gaita, acción tomada en solidaridad con sus compañeros de Cardenales del Éxito, que rechazaban la forma de dirigir de Pedro Suárez. Con La Universidad de la Gaita graba los éxitos “Mi Cacharro y yo”, “El Marciano”,  “Dos Fronteras”,  una de las últimas composiciones del poeta  Luis Ferrer (1981).

En 1983 toma el timón de Gaiteros de Pillopo y les da un nombre nacional. Al lado de Daniel Méndez, Argenis Carruyo y Danelo Badell colocan gaitas en los primeros pupitres de la popularidad: “La piñata”, “La Taguara de Bartolo”, “El Barbero”, “El Mercado de los Buchones”, “Morrocoy”.  Obtuvo  el primer lugar del Festival “Una Gaita para el Zulia” de Industrias Pampero en 1984, dirigido por Miguel Delgado Estévez. Se hizo de un gran prestigio nacional y una sólida imagen de director de agrupación bien intuido, exitoso, con la doble valía de ser cantautor.

Su compadre “Chichilo” Urribarrí lo nombró director de Cardenales del Éxito en 1986, cuando compró esa marca musical a Pedro Suárez quien padecía de serios quebrantos de salud, y reagrupa a los solistas estelares de  la década de los 70, los mismos que le dieron renombre nacional a la agrupación fundada por “El Monumental” Aguirre.  Allí compone los  temas “El Burro”, “Entre Palos y Alegrías”, “La Gallera”, “Diciembre”, “La Florecita”, “La Cardenalera”, en este último tema, su verbo encarnado plasma  su amor por la divisa cardenal:

“Muchos fueron los autores
propulsores del folclor
de calidad superior
porque fueron los mejores
mil gracias a esos señores
que ayudaron cada año
a escalar cada peldaño
de veinticinco primores.
La Cardenalera es
la que nos hacía falta
porque se siente la gaita
como la de otrora fue.
Época feliz también
que albergó en los corazones
las más gratas emociones
que evocar nos da placer”

Al comienzo de la década de los 90, Astolfo se plantea la necesidad de crear su propia agrupación y sale de los Cardenales en 1991 luego de grabar “Puro Corazón”. En el año 1992 crea La Parranda Gaitera, con sus compañeros Daniel Méndez, Pedro “Cantaclaro” Villalobos, Rafael Sánchez, Miguel Parra, Nano Silva, Humberto Bracho y logran impactar en el ambiente gaitero con impresionante sonido que amalgama la gaita tradicional con armonías de vanguardia.  Se consolidan con  las gaitas: “Cosa tan buena”, “Aplausos”, “El Bodegón”, “Viajando por Venezuela” y realizan una producción antológica en homenaje al folclor gaitero, donde graban los temas que Astolfo consideraba los más trascendentes en la historia del género.

Después de la grata experiencia con La Parranda Gaitera, recorrió las filas de Maragaita (donde se destacó como director musical), Los Colosales de Ricardo Cepeda, Koquimba y el Gran Coquivacoa, agrupación de la que fue coprotagonista con Neguito Borjas,  pegando el tema “Alegrando corazones” en todo el país.

En paralelo a su actividad como solista compositor, Astolfo fue animador exitoso en radio, actor en NCTV, canal fundado en 1987 por Monseñor Ocando Yamarte.  Allí realizó el programa humorístico  “A la Jaiba” junto a Simón García, Carlos Sánchez y Ricardo Portillo, que gozó de alto rating.

Astolfo siempre tuvo una actitud creativa intensa, con reposos que solía tomar en Isla de Toas, frente al lago que su padre Rafael “El Marino” lo enseñó a amar.  En una entrevista en Radio Calendario 1020, él me contó  que solía leer poemas y su autor preferido era Walt Whitman y su poema “Canto a mí mismo”, que sirve de epígrafe de esta crónica.

Con apenas 50 años de edad, Astolfo murió víctima de un síncope cardíaco el 20 de mayo de año 2000. Su despedida fue una multitudinaria manifestación de cariño del colectivo zuliano. Será recordado su cortejo fúnebre como uno de los más concurridos.  Sus restos reposan en el viejo cementerio Corazón de Jesús, con su  emblemático dintel lacerado,  mostrando la palabra latina “Pax” en lo alto.

Sus gaitas están vigentes en las escuelas, en las barriadas, en las calles de Veritas, en las radas de Toas. Su estirpe de líder en la gaita tiene el reconocimiento nacional, y su espíritu de bardo ahora habita en todas partes.

A  63 años de su llegada a este mundo, y a 13 años de su pronta partida, recordemos a “El Parroquiano”, sembremos su canto en nuestra memoria, esa es la única manera de mantener vivo su talento, su magia de creador zuliano. Cada 8 de febrero Astolfo celebrará su nacimiento unido al del genio de Nantes: Julio Verne, dos emblemáticos acuarianos. Cada 20 de mayo lo sembraremos.

Que repiquen las campanas por “El Parroquiano”, redivivo en este tiempo de amor y  cambios en su ciudad catedralicia. Su obra es  fuente sonora que no cesa.

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Gustavo Dudamel en Maracaibo

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Cuando estudié  solfeo en el Conservatorio “José Luis Paz”, a principios del decenio de los años ochenta, pensaba que la música sería mi oficio, mi único mundo laboral y creativo. Era un muchacho que entraba alucinado a un  mundo de sonidos perfectos bajo la égida del maestro Oscar Faccio (padre).  Nunca dudé de mi amor por la música, desde entonces la considero  la creación más importante del hombre, el único lenguaje que  comunica en un instante a toda la humanidad.

Sin embargo, nunca pensé que pudiera ver a un músico dirigiendo una orquesta constituida por 150 instrumentistas ejecutando obras de Gustav Mahler, de Beethoven y la obertura de 1812 de Tchaikovski en la Maracaibo cuna de la  gaita, de los vallenatos en autobuses  desbordados y de reguetoneros buscando “La Orquídea” en una plaza de  toros repleta de niñas histéricas. Y menos previsible aún, que lo realizara ante 12.000 espectadores, delirantes por la presencia del director de orquesta Gustavo Dudamel.

Ese  momento lo vivimos el 29 de enero  de 2010 en el estadio “Luis Aparicio”, viendo  hileras interminables de gente, bajo el sol severo de las 3 de la tarde, esperando entrar para colmar las tribunas del templo beisbolero. Gente de diversos  grupos etarios, con vestimentas variopintas,  unidos únicamente por el amor a la música, expresando  su apoyo  entusiasta a la Orquesta “Simón Bolívar”.

Ese estadio encierra el recuerdo de Alí Primera. Allí el gran cantor falconiano  realizó “La Canción Bolivariana” en 1983 con un éxito atronador, a pesar del sabotaje que pretendieron hacerle  grupos de poder y medios dominantes de la época. En esa ocasión nos visitaron cantores de toda América y de muchos rincones de Venezuela para actuar ante una gradería repleta de la gente que amaba  la música de Alí Rafael, que eran sus seguidores genuinos. Allí conocí a Lilia Vera, hermosa cantora, voz de Venezuela.

La jornada musical de ese 29 de enero 2010 que rememoro ahora, comenzó con la actuación de los adolescentes que conforman la agrupación Los Zagalines del Padre Vílchez. Al presentarlos al lado de Andreína Socorro, destacamos  su carácter de escuela de gaiteros del municipio de San Francisco, que funciona como un granero de talentos desde 1971, una creación del Padre  Vílchez 18 años después de su arribo a esa parroquia.

Luego entraron a escena los laureados integrantes del Quinto Criollo que  celebraban 35 años de trayectoria, con Amada Campbell a la cabeza, y quienes interpretaron danzas  zulianas y la gaita de Renato Aguirre "Aquel Zuliano", obra que recientemente cumplió 31 años de su publicación en el álbum “100 años de gaita”, en 1980.

La  gente abarrotó las gradas del “Luis Aparicio El Grande”,  entregando  ayudas para la nación hermana  Haití a la entrada. Esos donativos fueron  el principal leitmotiv del evento. Se recolectaron cerca de diez toneladas de alimentos y vituallas que fueron enviadas a Puerto Príncipe, la capital haitiana arrasada por el terremoto de 7.1 grados de intensidad, el 12 de enero de ese año.

Llamamos al escenario al consejero de la Embajada de Haití en Venezuela, el señor Lesley David, quien con palabras  sencillas y en tono sereno agradeció la solidaridad y generosidad  de los marabinos.

Luego  comenzó su actuación Vocal Song, ganadores de un disco de platino. Los recibió el público con una gran ovación. Ellos se pasearon por temas éxitos de sus tres álbumes, todos ejecutados sin acompañamiento instrumental, sin pista, sólo con sus voces y talentos infinitos. La antesala zuliana la cerró Huáscar Barradas con su grupo Maracaibo. Simultáneamente, entraron los Servidores Marianos con la réplica de la Virgen de Chiquinquirá, mientras los asistentes entonaban su himno  "Gloria a ti casta Señora”. Minutos después, las notas de la canción “Venezuela”, llenaron el cielo zuliano y así todo quedó preparado para la entrada en escena del genio Dudamel.

Comenzaron a sentarse ante su atril los jóvenes músicos de la sección de cuerdas, luego los de  viento-madera, más tarde entró la sección de  viento-metal y finalmente la percusión; todos ataviados con la chaqueta de nuestro tricolor patrio. En las gradas los maracuchos eufóricos realizaban la ola, cual juego del día de La Chinita. Fue una noche de luna llena en la ciudad lacustre, donde la euforia explotó cuando se produjo la entrada del director de la Orquesta Juvenil de Venezuela: Gustavo Adolfo Dudamel,  joven barquisimetano que había cumplido  29 años de edad tres días antes, el director titular de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, que ha dirigido en las principales capitales de Europa y ha recibido los más prestigiosos galardones como batuta consagrado, catalogado como “el hombre que rejuvenece la música clásica”.

El concierto duró cerca de 90 minutos y culminó con el mosaico de mambos de Pérez Prado con coreografía de los músicos incluida. La ovación se convirtió en el coro de "otra... otra", y el joven maestro marcó el compás de 3 por 4 para dar inicio al “Alma Llanera”, para el cierre memorable.

Fuimos testigos de un gran gesto de solidaridad con una nación hermana en crisis, de una imponente exhibición de talento musical en una ciudad que hemos soñado muchas veces, afecta al hecho artístico trascendente, digna capital del arte. Ojalá los políticos que dirigen circunstancialmente el Zulia, aprendan que somos mucho más que un rebaño que delira por el vallenato y el reguetón, que definitivamente impulsen nuestras formas musicales en las escuelas, en los grandes eventos  y medios de comunicación.

Ojalá estas autoridades dejen atrás la falsa cultura de “La Orquídea de Venevisión”  suspendan los escandalosos patrocinios para ese espectáculo insustancial, un vodevil provinciano y burlesco, que como ciudad nos hace risibles y vacuos ante el mundo.

 

 

Ofrenda a los lectores

Sólo me interesa el amor,
y estoy solo en el contacto con las cosas que giran
en torno al amor”
Marc Chagall (Rusia, 1887-1985)

Siento la necesidad de agradecer a ustedes, mis consecuentes lectores, el apoyo que le han brindado a mi libro “La gaita en crónicas”, tomo editado por La Universidad del Zulia en 2015, que fue recibido con mucho entusiasmo. Al punto, que la primera edición se agotó en solo dos meses, y ya nos encontramos preparando la segunda edición, gracias al aporte generoso de la Fundación Trade Quip y su directiva, encabezada por los amigos Roberto Rincón Fernández y Humberto Bravo, quienes brindan un importante impulso a la cultura y al arte en nuestra región.

Este libro recoge mis vivencias en el mundo de la gaita, estructuradas desde la visión del comunicador, del cronista, del hombre que relata lo que sucede en este género folclórico. La gaita se ha convertido en el principal rasgo de identidad musical de los zulianos, y en paralelo se ha extendido por toda Venezuela, habiendo sido declarada “patrimonio cultural de la nación” por unanimidad.

La obra La gaita en crónicas” es una selección de 76 crónicas, agrupadas en seis capítulos, que a continuación, desgloso para ustedes:

·El primer capítulo llamado “Ateneo de poetas”, presenta 16 crónicas sobre los autores que considero más relevantes en el género gaita.

·El segundo capítulo lo titulé “Desde las raíces”, refleja la búsqueda de los orígenes, las características y evolución de esta forma musical, folclórica y antiquísima. En él hago referencia a los retos y encrucijadas que enfrenta en la actualidad la gaita.

·Suite de cantautores” es el tercer capítulo, donde presento un mosaico de los hombres que han compuesto e interpretado gaitas. Por ello utilizo este término de origen francés: “suite”, que significa mosaico orquestal; para agrupar estas nueve crónicas dedicadas a los cantautores, quienes son artistas con una doble valía, pues crean obras y las interpretan a la vez. (Según el DRAE: solista, que suele ser autor de sus propias composiciones).

·Las voces de la gaita y sus tonalidades” es el título que corresponde al cuarto capítulo, donde agrupo las crónicas biográficas de 21 cantantes excepcionales, a los que considero iconos referenciales de esta manifestación musical, auténticos líderes del canto gaitero.

·El quinto capítulo lo llamé “Percutir para sentir”, contiene la historia de dos grandes agrupaciones gaiteras nacidas en el Zulia, y de un ejecutante de la percusión que se ha convertido en una referencia histórica: Antonio Aguillón, el estelar charrasquero, a quien Astolfo Romero inmortalizó en sus composiciones.

·Cierro el libro con las crónicas que reflejan mi profunda amistad y admiración, por trovadores y comunicadores muy cercanos, por los compañeros que han sido para mí inspiración y estímulo para continuar en esta labor. Las he reunido en el sexto capítulo, titulado “El dossier de los cofrades”.

Como un epílogo, he incluido la crónica biográfica que me realizó la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela SACVEN, a la que tengo el honor de pertenecer como el socio 9534.

Hasta el momento el libro lo he presentado en Buenos Aires, Argentina, en su  histórica Biblioteca Nacional. También en La Asunción, Paraguay, en el auditorio del Puerto Fluvial. En el Ateneo de Punto Fijo, estado Falcón, fue recibido con gran expectativa, evento organizado por el poeta Simón Petit. Y en el Teatro Baralt el pasado 15 de mayo 2015, con una gran gala animada por Mariana Ferrer Mello. Pronto saldrá un programa especial de televisión que grabamos en esa ocasión, en el recinto baraltiano con 132 años de tradición artística; en una emotiva noche donde cantaron de forma impecable Ricardo Portillo, Jesús Terán Chavín, Jaime Indriago, Ricardo Hernández y Danelo Badell acompañados por el Ensamble Fundagraez y las Danzas Típicas Maracaibo. El profesor Giovanny Villalobos, Secretario de Cultura del Zulia y entrañable amigo, fue el orador de orden.

Les reitero mi gratitud a todos ustedes, gentiles lectores, apasionados por la gaita y sus figuras prominentes; gracias por repasar sus 278 páginas. Así como a la Vice Rectora de LUZ, Doctora Judith Aular de Durán, respetada y querida amiga. Y al Comité de Publicaciones de LUZ dirigido con éxito por el profesor Ángel Madriz, prominente poeta e intelectual.

Espero que este tomo contribuya a preservar y promover la gaita venezolana en todos los confines de nuestra patria, y sea una referencia en el Caribe en algún momento.

El pintor bielorruso Marc Chagal fue muy longevo, vivió 97 años a plenitud. Al final de su hermosa vida le preguntaron por los códigos políticos en sus cuadros, por su ideología, y a ello respondió: “Solo me interesan las cosas que giran en torno al amor”. Creo que leer un libro, entre otras cosas, es un acto de amor, y reeditarlo: es un acto de gratitud plena.


 



















Twitter & Instagram: @leonmagnom
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