¿Cómo podría mejorarse la elección de la Gaita del Año?
 
Banner
Sabor Gaitero

Un pedazo de aquella genuina tradición

Un par de semanas después de la muerte de Germán Ávila, no dejo de regresar al canal de YouTube del Magazine Zuliano, ventana hacia el terruño de los expatriados zulianos. Gracias a las entrevistas de Germán Ferrer y el lente de Elvis Fuenmayor, pude conmoverme con las abundantes muestras de afecto que Maracaibo rindió ante la partida de uno de sus más queridos gaiteros.

No es de extrañarse, pues la voz que partió el 6 de mayo, con frecuencia fue invitado de honor en los hogares zulianos.Esa voz —amplia, robusta como un templo—quedó marcada de forma indeleble en la historia gaitera. No cabe duda que, tal como empieza una de sus más conocidas gaitas, se nos fue un pedazo de aquella genuina tradición.

A raíz de un tuit de Moraima Gutiérrez, en el que señalaba la casualidad de que “El Látigo de la gaita” se hubiese marchado en mayo (mes en el que también partieron Astolfo Romero, Jesús Bravo y Edinson Villalobos), me puse a enumerar las figuras legendarias que la gaita ha perdido recientemente.

Con los primeros nombres que vinieron a mi mente (Gladys Vera, Pedro Rosell, Jack Pérez, y al propio Germán Ávila), sentí miedo, y no se me ha quitado desde entonces. Temo que nuestra gaita se desvanezca con el tiempo, a medida que se marchan algunas de sus figuras más prolíficas.

La vacuna contra ese olvido, enemigo de nuestro rico acervo cultural, es el aprecio por las cosas nuestras. No dejemos que ningún niño con raíces venezolanas, así se encuentre en otras latitudes, crezca sin saber qué es la gaita. No perdamos oportunidad de apoyar iniciativas locales de enseñanza gaitera. Amemos el ritmo que musicaliza nuestras navidades y, a partir de ahora, no dejemos que pase un diciembre sin escuchar alguna de las joyas gaiteras que nos legó Germán Ávila, La Voz de la Gaita.

Por Roberto Torres Luzardo - Periodista

@TorresLuzardo - Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla


 

Gustavo Dudamel en Maracaibo

Twitter: @leonmagnom


Cuando estudié  solfeo en el Conservatorio “José Luis Paz”, a principios del decenio de los años ochenta, pensaba que la música sería mi oficio, mi único mundo laboral y creativo. Era un muchacho que entraba alucinado a un  mundo de sonidos perfectos bajo la égida del maestro Oscar Faccio (padre).  Nunca dudé de mi amor por la música, desde entonces la considero  la creación más importante del hombre, el único lenguaje que  comunica en un instante a toda la humanidad.

Sin embargo, nunca pensé que pudiera ver a un músico dirigiendo una orquesta constituida por 150 instrumentistas ejecutando obras de Gustav Mahler, de Beethoven y la obertura de 1812 de Tchaikovski en la Maracaibo cuna de la  gaita, de los vallenatos en autobuses  desbordados y de reguetoneros buscando “La Orquídea” en una plaza de  toros repleta de niñas histéricas. Y menos previsible aún, que lo realizara ante 12.000 espectadores, delirantes por la presencia del director de orquesta Gustavo Dudamel.

Ese  momento lo vivimos el 29 de enero  de 2010 en el estadio “Luis Aparicio”, viendo  hileras interminables de gente, bajo el sol severo de las 3 de la tarde, esperando entrar para colmar las tribunas del templo beisbolero. Gente de diversos  grupos etarios, con vestimentas variopintas,  unidos únicamente por el amor a la música, expresando  su apoyo  entusiasta a la Orquesta “Simón Bolívar”.

Ese estadio encierra el recuerdo de Alí Primera. Allí el gran cantor falconiano  realizó “La Canción Bolivariana” en 1983 con un éxito atronador, a pesar del sabotaje que pretendieron hacerle  grupos de poder y medios dominantes de la época. En esa ocasión nos visitaron cantores de toda América y de muchos rincones de Venezuela para actuar ante una gradería repleta de la gente que amaba  la música de Alí Rafael, que eran sus seguidores genuinos. Allí conocí a Lilia Vera, hermosa cantora, voz de Venezuela.

La jornada musical de ese 29 de enero 2010 que rememoro ahora, comenzó con la actuación de los adolescentes que conforman la agrupación Los Zagalines del Padre Vílchez. Al presentarlos al lado de Andreína Socorro, destacamos  su carácter de escuela de gaiteros del municipio de San Francisco, que funciona como un granero de talentos desde 1971, una creación del Padre  Vílchez 18 años después de su arribo a esa parroquia.

Luego entraron a escena los laureados integrantes del Quinto Criollo que  celebraban 35 años de trayectoria, con Amada Campbell a la cabeza, y quienes interpretaron danzas  zulianas y la gaita de Renato Aguirre "Aquel Zuliano", obra que recientemente cumplió 31 años de su publicación en el álbum “100 años de gaita”, en 1980.

La  gente abarrotó las gradas del “Luis Aparicio El Grande”,  entregando  ayudas para la nación hermana  Haití a la entrada. Esos donativos fueron  el principal leitmotiv del evento. Se recolectaron cerca de diez toneladas de alimentos y vituallas que fueron enviadas a Puerto Príncipe, la capital haitiana arrasada por el terremoto de 7.1 grados de intensidad, el 12 de enero de ese año.

Llamamos al escenario al consejero de la Embajada de Haití en Venezuela, el señor Lesley David, quien con palabras  sencillas y en tono sereno agradeció la solidaridad y generosidad  de los marabinos.

Luego  comenzó su actuación Vocal Song, ganadores de un disco de platino. Los recibió el público con una gran ovación. Ellos se pasearon por temas éxitos de sus tres álbumes, todos ejecutados sin acompañamiento instrumental, sin pista, sólo con sus voces y talentos infinitos. La antesala zuliana la cerró Huáscar Barradas con su grupo Maracaibo. Simultáneamente, entraron los Servidores Marianos con la réplica de la Virgen de Chiquinquirá, mientras los asistentes entonaban su himno  "Gloria a ti casta Señora”. Minutos después, las notas de la canción “Venezuela”, llenaron el cielo zuliano y así todo quedó preparado para la entrada en escena del genio Dudamel.

Comenzaron a sentarse ante su atril los jóvenes músicos de la sección de cuerdas, luego los de  viento-madera, más tarde entró la sección de  viento-metal y finalmente la percusión; todos ataviados con la chaqueta de nuestro tricolor patrio. En las gradas los maracuchos eufóricos realizaban la ola, cual juego del día de La Chinita. Fue una noche de luna llena en la ciudad lacustre, donde la euforia explotó cuando se produjo la entrada del director de la Orquesta Juvenil de Venezuela: Gustavo Adolfo Dudamel,  joven barquisimetano que había cumplido  29 años de edad tres días antes, el director titular de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, que ha dirigido en las principales capitales de Europa y ha recibido los más prestigiosos galardones como batuta consagrado, catalogado como “el hombre que rejuvenece la música clásica”.

El concierto duró cerca de 90 minutos y culminó con el mosaico de mambos de Pérez Prado con coreografía de los músicos incluida. La ovación se convirtió en el coro de "otra... otra", y el joven maestro marcó el compás de 3 por 4 para dar inicio al “Alma Llanera”, para el cierre memorable.

Fuimos testigos de un gran gesto de solidaridad con una nación hermana en crisis, de una imponente exhibición de talento musical en una ciudad que hemos soñado muchas veces, afecta al hecho artístico trascendente, digna capital del arte. Ojalá los políticos que dirigen circunstancialmente el Zulia, aprendan que somos mucho más que un rebaño que delira por el vallenato y el reguetón, que definitivamente impulsen nuestras formas musicales en las escuelas, en los grandes eventos  y medios de comunicación.

Ojalá estas autoridades dejen atrás la falsa cultura de “La Orquídea de Venevisión”  suspendan los escandalosos patrocinios para ese espectáculo insustancial, un vodevil provinciano y burlesco, que como ciudad nos hace risibles y vacuos ante el mundo.

 

 

Facundo Cabral: Un respetado milagro del canto

Para un hombre no violento,

todo el mundo es su familia.”

Mahatma Gandhi (India, 1869-1948)

Un día antes de nacer, su padre abandonó a su madre, ella ya estaba movida de parto, con los primeros dolores, dilatando su vientre para alumbrar al varón que nacería el 22 de mayo del tormentoso 1937 en La Plata, cuidad situada al sur de Buenos Aires. Lo llamó Rodolfo Enrique Cabral, era un bebé larguirucho, y Sara en medio de su desamparo, salió airosa de su esfuerzo, dejó en alto su estirpe de mujer campesina,naturalde la Patagonia.

Fue un niño inquieto, curioso, movía a sus hermanos, era líder, protegía a su madre. Vio a su padre solo en fotografías en blanco y negro, las que conservaba su madre como una reliquia o quizá como un tesoro, nunca admitió nada. Sólo 46 años después, ya con su nuevo nombre para el arte: Facundo, el entonces reconocido trovador, escritor y cronista, conoció a su padre. Fue después de un concierto en 1983, mientras firmaba discos y libros a sus seguidores, cuando el cantor se percató de que un hombre lo esperaba para abordarlo, y desde el primer instante lo reconoció; en su interior entró en ebullición el rencor acumulado que le tenía, y le dijo: “Es un gusto conocerte padre y poder abrazarte”. Años después Facundo confesó: “Ese acto representó para mí una liberación, salí de una pesada cárcel de odio”.

Fue reconocido como un hombre de una inteligencia muy elevada y una elocuencia proverbial, con la capacidad innata para construir ingeniosas frases, como:

oEl político es un marginado de la cultura”.

o“Un dúo con Julio Iglesias sería fantástico, porque él las excita y yo las pongo a pensar”.

Facundo pasó su niñez por la senda de la peleas callejeras, el alcoholismo, la vida dura de los sin techo. Todos recuerdan cuando en una visita del General Juan Domingo Perón y su amada esposa Evita a su barrio porteño, el chico Cabral se acercó al vehículo presidencial y llegó hasta Perón, el militar pidió le dieran acceso, al tenerlo frente a él le preguntó: “¿Qué querés pibe?” y Facundo le respondió: “Que le dé trabajo a mi madre”. Y así fue, Eva Duarte ubicó a la señora Sara y la nombró responsable de una escuela, eso representó la salvación económica para la familia, aseguraron el sustento y el pan.

Cabral comenzó a cantar en un hotel de Mar de Plata, el balneario turístico, allí demostró su talento, su fibra poética y musical. Desde entonces comenzó su recorrido por todo el mundo, visitó 160 países, realizó la gira en el Tren Transiberiano, vendió millones de discos elepés y publicó 22 libros en total. Se hizo amigo de tertulias de Jorge Luis Borges, esos encuentros los plasmó en su obra “Borges y yo”. Facundo aprendió a leer a los 14 años de edad, gracias a la generosidad de un padre jesuita que lo conoció durante un período de reclusión, ese preceptor fue muy importante en su formación como hombre y como artista.

En 1970 comienza a sonar la canción "No soy de aquí, ni soy de allá", que le da fama mundial al joven Facundo Cabral, de apenas 33 años de edad:

Me gusta andar…
pero no sigo el camino,
pues lo seguro ya no tiene misterio,
me gusta ir con el verano…
muy lejos,
pero volver donde mi madre
en invierno
y ver los perros que jamás me olvidaron
y los abrazos que me dan mis hermanos”.

Ese tema marcó el sendero reflexivo que él tomaría, contrario a los que en otrora testimoniaban que era un muchacho agresivo, resuelto y osado. Desde entonces sus letras son una mezcla de poesía con filosofía de vida, con una gran influencia del misticismo hindú: “Cuando un pueblo trabaja Dios lo respeta. Pero cuando un pueblo canta, Dios lo ama”.

Toda su creación artística tiene desde entonces un hálito contemplativo y una permanente referencia a su abnegada madre, Sara Camiñas, mujer que fue ejemplo de dignidad y de entrega al compromiso de formar seresmás humanos:

De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo; ahora mismo le puedes decir basta a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido”.

El 24 de marzo de 1976 comenzó un brutal período de dictadura militar en Argentina, con el sátrapa Jorge Rafael Videla a la cabeza, fue un tiempo de abusos, torturas, saqueos que se extendió hasta 1983. Durante ese período, Facundo, que había sido tildado de comunista, aunque nunca militó en partidos políticos, se exiló en México temiendo por su vida, esa nación lo albergó como a un hijo más y lo catapultó como trovador. En la nación azteca se consolidó como un artista de contenidos profundos, humanistas, libertarios.

En 1984 regresó a la Argentina y realizó numerosos recitales, se reencontró con sus amigos del “Café La Biela” en la Recoleta, sitio de gran tradición fundado en 1950,lugar frecuentado por Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, entre otras celebridades.

El concierto"Lo Cortez no quita lo Cabral" en 1994, realizado junto a su compatriota, el poeta y cantor Alberto Cortez, se convirtió en uno de los eventos musicales más recordados en América Latina. En 1995 lo repitieron en el Teatro de la Ópera los días 8, 9, 10 de septiembre y produjeron un segundo álbum en vivo. Con temas tan célebres como “Canción de amor para mi patria” que en el caso de estos cantores, es la misma, es la tierra de la plata “argentum”, su Argentina amada:

Será porque me dueles,
será porque te quiero,
será que estoy segura que puedes
llenarme de palomas el cielo.
Será porque quisiera que vueles
que sigue siendo tuyo mi vuelo”.

Facundo siempre se definió como un “vagabundo en primera clase”, solía repetir que vivía en hoteles, afirmaba que en cada país nunca estaba más de dos días, que su equipaje era una chamarra raída y su guitarra, sus lentes oscuros para salvarlo de la fotofobia y su bastón de pino. Sentenciaba: “Mi casa soy yo, por tanto me siento bien en todas partes”.

Las mujeres a su lado fueron muy amorosas, discretas y solidarias. Como todo trovador que se respete, fue un agraciado con los amores de las féminas, aunque su tiempo más importante lo dedicó a tres damas: Una de origen estadounidense llamada Bárbara, quien pereció junto a su hija en un accidente de avión cuando volaba de Chicago a California para reencontrarse con él. En ocasión de esa tragedia familiar, cuando en el aeropuerto le informaron que su esposa y su hija estaban en la lista de víctimas fatales, Facundo cayó de rodillas y exclamó “Señor, ahora lo sé: tú eres el que manda”.

La segunda, fue una intelectual coqueta, una mexicana que lo acompañó en su exilio. Y la tercera, la viuda que le vivió las terribles exequias, Silvia Pousa, una psiquiatra diminuta, hermosa morena, nacida en Venezuela en 1958, quien emigró a Rosario (la tierra del vino en Argentina) y tuvo una relación por 30 años con el cantor, con algunas intermitencias. Finalmente se casaron, exactamente seis meses antes de su inesperada muerte. Ella siempre tuvo un bajo perfil y una cálida cercanía con el poeta Cabral, lo amaba en silencio, fuera de su escena pública.

Facundo Cabral fue el balance perfecto entre los extremos más antípodas: De niño pobre, sin escuela ni libros, llegó a ser un cantor que tuvo auditores en cinco continentes, y fue compañero de tertulias de Jorge Luis Borges. De ser un hombre que odió con toda su alma a su padre fugitivo, fue el compañero de labores salvadoras de la Madre Teresa de Calcuta. Fue un vagabundo, con palabras de alto vuelo y alma libre,en permanente celebración de la vida, que murió bajo la metralla de sicarios en Guatemala, la madrugada del 9 de julio de 2011, hecho cruel que estremeció al continente.

Facundo de 74 años, sobreviviente del cáncer de vejiga, solo con un 15% de visión, de lenta motricidad, visitó esa nación para brindar dos conciertos. Antes se despidió de su mujer Silvia con una frase aterradora: “presiento que me queda poco tiempo”. Sin sospecharlo, había sido contratado por narcotraficantes que utilizaron su imán como artista para lavar su sucio dinero. Cuando regresaba al aeropuerto La Aurora a las 5:00 de la mañana, desde dos camionetas lujosas, los asesinos lanzaron ráfagas con armas de guerra, y una bala entró al cuello de Facundo y murió al instante. Cuenta su coordinador de giras Jorge Mazzini, que tenía un aspecto sereno, reflejaba paz desde su muerte, como si durmiera plácidamente, sin ninguna huella de dolor en su rostro. La Armada de México, en una manifestación de solidaridad con el cantor que vivió en su suelo por una década, dispuso un avión para trasladar los restos del cantor hastaBuenos Aires. Allí fue velado, en el teatro donde cantó los últimos cuatro meses: ND Ateneo.

Cabral fue recordado con ternura y dolor a la vez en Maracaibo, ciudad a la que visitó y donde realizó un concierto memorable; se escuchó su voz en algunas emisoras, jóvenes poetas como Gabriel Alejandro García lo recitaron, y el compositor Miguel Ordoñez relató episodios de su amistad con él. En esas horas pensé: Facundo llegó de manera violenta a este mundo, sin padre que lo protegiera, sin una casa decente que lo albergara, y se levantó en las calles duras, solo con el amor de su madre:

Todas las cosas bellas
comenzaron cantando
no olvides que tu madre
cantando te acunó”.

Sara la matrona, fue “el faro de su vida”, gracias a ella aprendió qué es el amor y lo repartió pródigamente por el mundo, y al final se marchó en medio de una ráfaga de violencia. Pero, como bien es sabido; “nada se pierde, todo se transforma”. Facundo no se perderá, al igual que Mahatma Gandhi, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, John Lennon o el propio Jesús de Nazareth: su alma y sus enseñanzas permanecerán. Es muy poco una bala para acabar con todo su legado, con toda su poesía. No podrá la muerte, borrar ese respetado milagro del canto llamado Facundo Cabral. Él jamás será sol ausente.

León Magno Montiel

@leonmagnom

Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

 


 

Astolfo Romero, redivivo este 20 de mayo. Crónica por @leonmagnom

“Me celebro y me canto a mí mismo,
y  lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque  lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también”
Walt Whitman. (Estados Unidos, 1819-1892)

La primera vez que vi a Astolfo Romero estaba bajándose de su auto, un Renault 12 de un color amarillo jaldado. Descendió de su carrito francés en el barrio 18 de octubre donde vivió muchos años,  cuna de importantes gaiteros, sector  que irónicamente fundaron en 1946 para rememorar el golpe contra el General  Isaías Medina  Angarita.  El hombre que vi esa mañana  tenía la tez clara, era bajo de estatura, con abundante cabello castaño, bigote y lentes bifocales, se desplazaba muy jovial por la acera de la escuela “Monseñor Granadillo”. Lo miraba casi con idolatría al igual que mis compañeros del grupo  gaitero de la Cruz Roja del Zulia que me acompañaban, era para nosotros un astro de la galaxia musical criolla, el líder carismático del género pascuero. Para ese noviembre de 1975, él  sólo tenía 25 años de edad y ya militaba en sus queridos Cardenales del Éxito, su divisa hogar, su marca y blasón, su  maternal  morada en la gaita.

Astolfo Romero nació el 8 de febrero del año 1950, año cósmico del tigre, signo que lo marcó como un ser apasionado, con dotes de líder y de innovador, artista envarado.

Tributó su homenaje a la calle Jugo del barrio El Empedrao donde nació y vivió su niñez, siendo el  primogénito de Rafael Romero y Cira Elena Chacín. Luego se trasladó a casa de su abuela  Mamá Carmen y su tía Laudelina, en  la calle Soledad, ubicada entre la Bomba Múnich y  los Cepillaos de Jesús Ríos. En esa casa  aprendió a colaborar con el negocio familiar de  venta de empanadas y mandocas, en las madrugadas solía acompañar a su tía a comprar el maíz en la molienda de don José, situada entre las calles Colón y Soledad. Ese ritual lo retrató en su tema “La Molienda” grabado por Maragaita en la voz de Luis Germán Briceño (2000).

Su vivencia de adolescente en esa casa de la familia Romero la plasmó en su  gaita del año 1989, que cantó  con Cardenales del Éxito, “En la calle Soledad”:

“Seis raya cuarenta y dos
el número de la casa
que al abrir la puerta pasa
de primero papá-Dios.
Ese era el lema sincero
de aquellas trabajadoras
las dos viejas forjadoras
de la familia Romero”

Desde niño Astolfo Romero sintió admiración por los bomberos que veía  desayunar en el negocio casero de su abuela, llegaban al amanecer  con sus uniformes azules de ribetes rojos y dorados a comer empanadas con el “cuáquer tempranero”.  La fascinación que sentía por los uniformes y su aura castrense, lo llevó a trasladarse a Mérida para hacerse bombero profesional. En esa capital andina estuvo actuando con varios grupos de gaitas.

Regresó a Maracaibo a finales del decenio de los 60 y se integró a las filas del Conjunto Santanita, con ellos pega en las emisoras zulianas  “La otra tamborilera”. En el Conjunto Santanita compartió escenarios con los estelares Cheo Beceira, Danelo Badell y  Gladys Vera.

Pasó a las filas de Cardenales del Éxito en la década de los 70, donde permaneció hasta el año 1979, logrando pegar  en la radio venezolana  sus temas: “Guarapachando”, “El Fogón”, “Gabinete del Diablo”, “El Vapor”, “Chucurruley”, “Bahía de Cata”. Realizó composiciones para otros solistas que recibieron el máximo galardón de la época, el Festival Nacional de Gaitas “Virgilio Carruyo”: “Mi Orgullo” que interpretó Gladys Vera con Santanita (1975) y “Sabor Añejo” que cantó Ricardo Cepeda con Cardenales del Éxito (1976).

En el año 1980 Astolfo transitaba sus  30 años de vida, la edad que tenía Ricardo Aguirre al momento de morir en 1969, ese año pasó a La Universidad de la Gaita, acción tomada en solidaridad con sus compañeros de Cardenales del Éxito, que rechazaban la forma de dirigir de Pedro Suárez. Con La Universidad de la Gaita graba los éxitos “Mi Cacharro y yo”, “El Marciano”,  “Dos Fronteras”,  una de las últimas composiciones del poeta  Luis Ferrer (1981).

En 1983 toma el timón de Gaiteros de Pillopo y les da un nombre nacional. Al lado de Daniel Méndez, Argenis Carruyo y Danelo Badell colocan gaitas en los primeros pupitres de la popularidad: “La piñata”, “La Taguara de Bartolo”, “El Barbero”, “El Mercado de los Buchones”, “Morrocoy”.  Obtuvo  el primer lugar del Festival “Una Gaita para el Zulia” de Industrias Pampero en 1984, dirigido por Miguel Delgado Estévez. Se hizo de un gran prestigio nacional y una sólida imagen de director de agrupación bien intuido, exitoso, con la doble valía de ser cantautor.

Su compadre “Chichilo” Urribarrí lo nombró director de Cardenales del Éxito en 1986, cuando compró esa marca musical a Pedro Suárez quien padecía de serios quebrantos de salud, y reagrupa a los solistas estelares de  la década de los 70, los mismos que le dieron renombre nacional a la agrupación fundada por “El Monumental” Aguirre.  Allí compone los  temas “El Burro”, “Entre Palos y Alegrías”, “La Gallera”, “Diciembre”, “La Florecita”, “La Cardenalera”, en este último tema, su verbo encarnado plasma  su amor por la divisa cardenal:

“Muchos fueron los autores
propulsores del folclor
de calidad superior
porque fueron los mejores
mil gracias a esos señores
que ayudaron cada año
a escalar cada peldaño
de veinticinco primores.
La Cardenalera es
la que nos hacía falta
porque se siente la gaita
como la de otrora fue.
Época feliz también
que albergó en los corazones
las más gratas emociones
que evocar nos da placer”

Al comienzo de la década de los 90, Astolfo se plantea la necesidad de crear su propia agrupación y sale de los Cardenales en 1991 luego de grabar “Puro Corazón”. En el año 1992 crea La Parranda Gaitera, con sus compañeros Daniel Méndez, Pedro “Cantaclaro” Villalobos, Rafael Sánchez, Miguel Parra, Nano Silva, Humberto Bracho y logran impactar en el ambiente gaitero con impresionante sonido que amalgama la gaita tradicional con armonías de vanguardia.  Se consolidan con  las gaitas: “Cosa tan buena”, “Aplausos”, “El Bodegón”, “Viajando por Venezuela” y realizan una producción antológica en homenaje al folclor gaitero, donde graban los temas que Astolfo consideraba los más trascendentes en la historia del género.

Después de la grata experiencia con La Parranda Gaitera, recorrió las filas de Maragaita (donde se destacó como director musical), Los Colosales de Ricardo Cepeda, Koquimba y el Gran Coquivacoa, agrupación de la que fue coprotagonista con Neguito Borjas,  pegando el tema “Alegrando corazones” en todo el país.

En paralelo a su actividad como solista compositor, Astolfo fue animador exitoso en radio, actor en NCTV, canal fundado en 1987 por Monseñor Ocando Yamarte.  Allí realizó el programa humorístico  “A la Jaiba” junto a Simón García, Carlos Sánchez y Ricardo Portillo, que gozó de alto rating.

Astolfo siempre tuvo una actitud creativa intensa, con reposos que solía tomar en Isla de Toas, frente al lago que su padre Rafael “El Marino” lo enseñó a amar.  En una entrevista en Radio Calendario 1020, él me contó  que solía leer poemas y su autor preferido era Walt Whitman y su poema “Canto a mí mismo”, que sirve de epígrafe de esta crónica.

Con apenas 50 años de edad, Astolfo murió víctima de un síncope cardíaco el 20 de mayo de año 2000. Su despedida fue una multitudinaria manifestación de cariño del colectivo zuliano. Será recordado su cortejo fúnebre como uno de los más concurridos.  Sus restos reposan en el viejo cementerio Corazón de Jesús, con su  emblemático dintel lacerado,  mostrando la palabra latina “Pax” en lo alto.

Sus gaitas están vigentes en las escuelas, en las barriadas, en las calles de Veritas, en las radas de Toas. Su estirpe de líder en la gaita tiene el reconocimiento nacional, y su espíritu de bardo ahora habita en todas partes.

A  63 años de su llegada a este mundo, y a 13 años de su pronta partida, recordemos a “El Parroquiano”, sembremos su canto en nuestra memoria, esa es la única manera de mantener vivo su talento, su magia de creador zuliano. Cada 8 de febrero Astolfo celebrará su nacimiento unido al del genio de Nantes: Julio Verne, dos emblemáticos acuarianos. Cada 20 de mayo lo sembraremos.

Que repiquen las campanas por “El Parroquiano”, redivivo en este tiempo de amor y  cambios en su ciudad catedralicia. Su obra es  fuente sonora que no cesa.

Twitter: @leonmagnom
Correo: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

 

Gladys Vera, sempiterna

 

Tu voz hace un imperio en el espacio.
Esa sonrisa como estandarte
al frente de tu vida”
Vicente Huidobro (Chile, 1893-1961)

Su presencia tiene esplendor, ella encarna el perfecto balance entre sensualidad y el más elevado misticismo. Es una mujer ángel, su tez blanca refleja una luz rosa, su sonrisa es serena, ella sabe reclamar miradas. Somete a los espectadores y los pone a derecho de su gracia. Su voz, es la corona de su grandeza, posee una exquisita tesitura de mezzosoprano. Esa dama es Gladys Vera, la cantante más reconocida en el ámbito gaitero de todos los tiempos.

Nació el 4 de julio de 1949 en el sector La Hoyada, en donde estuvo la sede de la primera hidrológica de la ciudad, hacia el final de la avenida Bella Vista. Fue bautizada con nombres clásicos: Gladys Mercedes, sus apellidos, Vera Mora. La ciudad de Maracaibo aún rememoraba a los aguadores y sus recuas de asnos, llevando las botijuelas a las casas de barro reseco y caña.

Como todas las muchachas zulianas, Gladys Mercedes comenzó a participar en las veladas musicales familiares, le gustaba ejecutar el furro, el instrumento insignia de la gaita. A principios del decenio 1960 ingresó al conjunto Santa Canoíta, con el rol de percusionista, quizá poco usual para una fémina. Por esos años, recibió la influencia de grandes cantoras del género, solistas que le marcaron un sendero de calidad: Altagracia Vílchez, Raiza Portillo, Betty Alvarado. En 1966 ingresó al conjunto Santanita, divisa fundada el 26 de julio de 1964, el día de Santa Ana, de allí su nombre. Participó junto a sus hermanos Oswaldo Vera y Miguel Mora. Solía actuar en el centro nocturno Los Alisos y en la Fuente de soda El Naranjal, allí comenzó su estelar trayectoria como solista, sustituyendo a su mentora Raiza Portillo, quien había sonado en todo el país con los temas “La bella del tamunangue”, “Las campanas de San Juan” y “El gavilán”, expresando una gran alegría y un potente carisma.

En 1973 Gladys pegó el tema “Yo soy la gaita”, en 1974 logró el primer premio en El Festival de gaitas Virgilio Carruyo, con el tema “Mi orgullo” de Astolfo Romero. Ese fue el aldabonazo para anunciar su carrera llena de éxitos. Así comenzó, su saga de triunfos, le siguieron gaitas de gran calidad, como “Estampas” de la autoría de Astolfo Romero:

Se solía emperifollar
la vieja María Dolores
cuando con furros
y tamboras a su casa llegaban
era la abanderada
y una gaita le iban a dar”
(Romero, 1979)

En 1976 grabó la danza “Amor marginal” de la autoría de Víctor Hugo Márquez, donde  retrata a la mujer marginada y abusada de las barriadas venezolanas de entonces:

Tenía yo quince años
veinticinco vos
y con picardía
nos decíamos adiós
por la puerta del racho
pasabas mirón
me echabas piropos
y me hablabas de ilusión”
(Márquez, 1976)


Ese mismo año grabó uno de sus temas más relevante “La antorcha” de la autoría de Simón García, una sublime protesta contra la antigua planta petroquímica El Tablazo, ubicada en los Puertos de Altagracia, un complejo industrial altamente contaminante. Su obsoleta planta de cloro-soda vertía desechos al lago y emanaba gases malignos que produjeron graves daños a la población zuliana, especialmente a los habitantes del pueblo mirandino El Hornito:

Mira como altiva
se levanta al cielo
hiriendo tus noches
su resplandecer,
antorcha que humilla
que es escarnio
felonía permanente
luz incandescente
que engaña a la gente
con brillo oropel”
(García, 1976)

A partir del año 1999, el Gobierno Bolivariano de Venezuela, comenzó la recuperación y modernización de ese complejo, ahora llamado Ana María Campos, controlando por completo su actividad, garantizando procedimientos más ecológicos y de última generación. El tema de Simón logró su cometido.

El conjunto Santanita tenía como principal distinción sus coros polifónicos, los arreglos vocales realizados por su hermano Oswaldo Vera, quien tenía formmación coral. Respaldados por una percusión de alto nivel ejecutada por Hugo Bohórquez, Diógenes Madrid, William Caraota Molina, Juan Carlos Viloria, Antonio Espina “El Mandril”. Y la armonía vanguardista a cargo de José Luis Suárez, Edwin “Sopita” Carrasquero y Sundín Galué. Sus compañeros cantantes fueron Cheo Beceira, Astolfo Romero, Danelo Badell, Ricardo Hernández, Alberto Carruyo, Marvin González, Hermilo Suárez, Chuchín Ferrer, José Isea, Jhonny Campos, Perucho Espinoza, Ramón Rosado, Carlos Méndez y Alberto Villasmil. Un gran batallón de talentos vocales.

Siguieron apareciendo sus éxitos en las carteleras del país, Gladys Vera sonaba en las emisoras de occidente, con los temas “Galante y coqueta”, “Por eso gaita” en 1977 de Humberto Mamaota Rodríguez; “Mi gentilicio”, “Latinoamericano” de Rafael Rodríguez en 1979, “Siempre estaré contigo” y “Anhelo” en 1980.

A finales del año 1979 una terrible noticia estremeció a la ciudad; Gladys fue diagnosticada de lupus. En esos días de confusión e incertidumbre, se le realizó un gran homenaje donde participó todo el gremio gaitero, también participaron los comunicadores liderados por Henry José Chirinos. Su gran amigo Ricardo Portillo le compuso el tema “Mis gratos recuerdos” era una mirada retrospectiva a su carrera. Afortunadamente, su patología autoinmune se hizo estacionaria, ella superó ese trance y pudo seguir desarrollando su gran pasión, el canto.

Con la gaita “Mi vieja plaza Baralt” compuesta por Jesús Bravo González, participó en el Festival una gaita para el Zulia en 1985, logrando una destacada figuración, el tema quedó como un clásico para la posteridad.

Junto a Neguito Borjas grabó un tema de desamor, en tiempo gaitero, que se quedó en la memoria colectiva, titulado “Cuando el amor se va”, inserto en el  álbum de Santanita de 1984:

Te lo debo decir
tienes que comprender
yo no te quiero herir
pero debes saber
que ya mi corazón
pertenece a otro querer
no preguntes porqué
no encuentro una explicación
dime qué te he hecho yo
para esto merecer
si te he dado mi amor
y siempre te fui fiel
no puedes irte así
dime al menos quién es
¿quién te aleja de mi,
cuál es la otra mujer?"
(Borjas, 1984)

Mi entrega” es otro tema romántico icónico, compuesto por Ricardo Portillo, ella lo grabó en 1991 con Maragaita. Con esa agrupación militó desde 1988 hasta la temporada de 1991, al año siguiente pasó a Cardenales del Éxito. En su primera temporada con esa divisa grabó “Fuente Divina”, una danza con características de salmo, cuya letra es de Jesús Rizo y la música del trovador Jorge Luis Chacín:

Hermoso lago
hermosa fuente divina 
lleno de plenitud y transparencia
viste nacer a mi China.
Fueron los peces                                                                   
junto a las olas                                                     
los que llevaron la tabla                                                                                                      
de nuestra Santa Patrona”
(Rizo y Chacín, 1992)

En esa década sonó en toda Venezuela con “Corazón y sentimiento”, “Sangre gaitera” en 1995, “Lucero de amistad” acompañada por el coro de la iglesia San Ramón Nonato. El gran animador Jesús Terán Chavín solía presentarla como “La monumental de la gaita”, con mucha emoción, el público la recibía de pie, como tal: “Si tuvimos un Aguirre monumental, ahora tenemos a Gladys, ella es nuestra monumental”.

Desde 1999 acompañó a Ricardo Cepeda en el lanzamiento de la agrupación Los Colosales, con ellos participó en el tema “Cántame”. En esa divisa se mantuvo hasta la temporada 2001.

En paralelo Gladys Vera grabó como invitada especial con la agrupación Birimbao “Juanita prendé el fogón” junto a Jerry Sánchez. Participó durante una temporada en Los Compadres del Éxito, y el cuatrista Douglas Isea la invitó a participar en su proyecto discográfico El Trabuco Gaitero en “Somos la gaita”. Con la Orquesta Sinfónica de Maracaibo dirigida por Havid Sánchez realizó un gran concierto de gala, que más tarde se grabó.

El talentoso saxofonista y director de orquesta Juan Belmonte, escribió para ella “La suite gaitera” que tituló “Gladys Perpetuum”, una oda a su extenso repertorio como solista. Se estrenó en el Teatro Bellas Artes el 4 de noviembre de 1994 con éxito resonante. Es una obra innovadora.

Gladys comparte sus días con Fernando Calzadilla, es su esposo desde hace 30 años, un militar retirado, perteneciente a la Armada Venezolana, pero además, es un hombre prendado de la gaita, esa pasión los unió. En su hogar siempre suena su música, está lleno de sus recuerdos, de sus preseas y fotografías testimoniales. Él le ayuda a organizar su agenda de visitas a los medios y sus actuaciones, con una gran dedicación. Con Fernando comparte gustos sencillos: su predilección por la gastronomía zuliana, sus paseos por La Vereda del Lago, sus giras musicales, sus amistades.

Desde el año 2001 nuestra sempiterna reina de la gaita colabora con la agrupación Los Chiquinquireños, con ellos ha grabado varios surcos para ofrendar a la Virgen Chiquinquirá, de la que se considera su hija. Logró notoriedad con el tema “Cuando habla mamá” de Víctor Hugo Márquez, grabado junto a Carlos González. Ella las define como gaitas oraciones, cargadas de gran expresividad y talento, con la misión de homenajear a la Virgen de rostro moreno, la que nos identifica desde hace tres siglos.

Esa mujer elegante, que luce hermosos ropajes y se cubre con chales señoriales, es la voz femenina referencial de la gaita venezolana: Gladys Mercedes, no sólo tiene título de reina, tiene andar y la pose natural de una reina. Como lo cantó el vate chileno Huidobro en su “Altazor”:

Si tú murieras
las estrellas a pesar de su lámpara encendida
perderían el camino
¿Qué sería del universo?”

Desde su nuevo paisaje, al que partió la tarde del lunes 14 de septiembre, Gladys Vera seguirá ejerciendo su reinado gaitero, para la mayor gloria de nuestra música.

 

Twitter&Instagram: @leonmagnom
Correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

 

 


Página 27 de 51
Banner
Banner