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Sabor Gaitero

Miguel Ordoñez, poeta y cronista sencillo por @leonmagnom

 

“La cultura es lo queda cuando
todo lo demás se ha olvidado”
Umberto Eco (Italia, 1932)

El nombre Miguel determina un protector de los pueblos, el arcángel que anuncia nacimientos, que sabe comunicar y defender a los suyos.

El 1 de noviembre de 1953 nació, del vientre de la mujer de raigambre andina María Silveria Rivero, un Miguel para cantarle a la tierra y sus prodigios, a los seres que pueblan el lago, a lo maravilloso de la cotidianidad marabina: Miguel Alejandro Ordoñez Rivero. Su padre Rafael Ordoñez, un saladillero raigal. Su niñez transcurrió en el sector La Salina, barriada cercana a Santa Rosa de Agua. Su primer instrumento fue el furro, como lo cantó su admirado Astolfo Romero:

"El instrumento puntero
de la gaita original
es el furro el principal
que lleva el golpe pascuero"
(Cardenales del Éxito, 1991)

Ese fue el  instrumento que ejecutó siendo adolescente en el conjunto Los Sabrosos de Wolfang Larreal en la década de los 60: El mandullo como lo llamó Virgilio Carruyo.

Sus primeros referentes en la composición fueron Eurípides Romero, Alí Primera, Armando Molero y Ricardo Aguirre.  Comenzó a trasladar a su cuaderno los versos sencillos que le llegaban, los pequeños cuentos que iban naciendo en la urdimbre de su genio, así fue moldeando su temprana vocación de creador.

Su primer éxito surgió con Los Zagales del Padre Vílchez “Canta Cantor”, en 1979, en la voz de Magda Guerra, una solista de gran clase, de gran portento vocal. Miguel logró una sólida amistad con el Padre Vílchez Soto, gracias a la intermediación del psicólogo y trovador Carlos Narváez, quien lo recomendó, le dio su aval artístico al novel compositor en esa ocasión.

En 1980 irrumpe en la temporada con la agrupación Hermandad Gaitera, con su gaita “Bulevar” en la voz del profesor Hermilo Suárez y logra el máximo reconocimiento del público y de los programas de radio dedicados al género.  Ese mismo año surge “Canturreando”, un clásico grabado por el conjunto Rincón Morales en voz de Lula López, una de sus intérpretes más leales:

“Que viva la gaita
viva el parrandón
y la contradanza
de esta gran región.
Que viva, la danza,
la décima, el vals
canta el soberano
el verso popular”
(Rincón Morales, 1980)

Sus composiciones reflejan escenas y personajes de la ciudad primigenia, de la primera conformación urbana que se erigió como capital lacustre y ciudad puerto. Pero también  conecta su obra con el canto universal que convoca a la paz del mundo, a la justicia y al amor cósmico.

Su participación en el Festival “Una Gaita para el Zulia” fue muy destacada: logró el premio con “Las Petacas” en 1986, interpretada por el Grupo Candela y en la edición 1985 estuvo entre los tres mejores compositores con “Los Botelleros”, grabada por Gaiteros de Pillopo en la voz de Daniel Méndez:

“Arre dale a la carreta
que hay un sol malasangroso
vení chacho fastidioso
y vos también negra bella
pa´ cambiarte una botella
por los mamones sabrosos”
(Gaiteros de Pillopo, 1985)

Es un compositor que ha reflejado las luchas sociales del pueblo, con la especial  influencia de sus maestros  Alí Primera y Firmo Segundo Rincón. Alzó su voz combativa contra las amenazas de guerra nuclear entre las grandes potencias mundiales con su tema “Apocalipsis” interpretado por Daniel Méndez y Los Zagales del Padre Vílchez:

“Pueblos de todito el mundo
uníos en una fuerza
para que el hombre no ejerza
toda su depredación
derrocadle la ambición
de dominio por dinero"
(Zagales del Padre Vílchez, 1982)

Cuando se produce la reagrupación de Cardenales del Éxito en 1986, bajo la égida de Astolfo Romero como director y con el financiamiento del empresario Jesús “Chichilo” Urribarrí, Miguel es llamado para participar en su primera producción, el doble álbum de vinilo donde estaban los temas “Ceuta”, “El burro” y “La Sirena”. La gaita de corte costumbrista-nostálgica que propuso Miguel la grabó su viejo amigo exzagal Daniel Méndez: “Rubén el campanero”:

“La parroquia está de fiesta
Ay, qué bonita mañana
el tañer de las campanas
despierta al saladillero
y Rubén el campanero
la hace festiva y galana”

En paralelo a sus composiciones musicales, Miguel ha sido un trovador, juglar  guitarra en mano en las rondas nocturnales. Llegué a verlo en la década de los 80 al lado de Marline, entonces su esposa, con su admirado Eurípides Romero y su acordeón en hombros, parrandeando por las calles y solares de los barrios San José, Santa Lucía y 18 de octubre.

Su producción en prosa ha sido muy celebrada, él es autor del tomo “Ricardo Aguirre el Monumental” que tuve el honor de prologar en su primera edición a principio de la década de los 90. Me sorprende cómo ese libro trazó un mapa para valorar la obra de Aguirre, la que él considera un tesoro sagrado dentro del laberinto de la cultura popular. Además, ha publicado dos libros de crónicas musicales de alta factura. En 1999 se editó la segunda edición de su libro pionero sobre la vida y aporte de Aguirre.

En el año 1992 creó su agrupación “La Cuadra”, con la cual grabó una gaita vivencial llamada “La Salina”, en la que rinde homenaje a los personajes de su infancia. En La Cuadra compartió la escena con Cheo Beceira, sus hermanos y Alexander Villalobos entre otros buenos bardos.

Si preguntamos quiénes fueron los amigos más cercanos a Alí Primera en el Zulia, es obligatorio nombrar a Miguel Alejandro. Desde el año 1970 cuando conoció al cantor falconiano en el auditorio de la Facultad de Ingeniería de LUZ, siempre compartió con Alí Rafael cantatas, parrandas y amaneceres en Cerros de Marín, en la solariega casona de doña Josefina de Molero. Durante muchos años coincidieron en los escenarios en las calles de Maracaibo y en la península de Paraguaná. Esa huella profunda de poesía, música y amor a la patria; “el panita Miguel” la lleva en su alma.

Esas vivencias las plasmó en sus décimas y danzas, como la que cantó su camarada entrañable Justo Montenegro, “El Credo” en 1994. Años después, esa décima la versionó el  cantor falconiano José Montecano, hermano de Alí:

“Creo en la sabiduría
del pueblo y en su cantar
y creo que va a lograr
su redención algún día,
yo creo en la fantasía
de crear un mundo mejor,
en Jesús el salvador,
y no creo en el infierno
como no creo en gobiernos
de fariseos y pretor”
(Grupo Candela, 1994)

Otra de las facetas importantes en la destacada carrera como artista de Miguel, es la de hombre de radio, la de cronista a través de las ondas hertzianas. Ha realizado programas junto a Ramón Soto Urdaneta, y tuvo un exitoso espacio en LUZ FM 102.9. En ese medio su verbo fluye, crea imágenes que relatan a los oyentes un mundo de personajes, costumbres, sueños colectivos.

Miguel Ordoñez asume una nueva responsabilidad este 2013 como hombre de la cultura, ahora es el director del Museo de la Zulianidad, ubicado en Santa Lucía, hermosa edificación situada en el antiguo hato “El Nilo”. Desde allí desarrollará un programa de exposiciones, cantatas y foros sobre nuestras formas musicales y compositores. Para ello cuenta con el aval de la Fundación Regional de la Gaita, adscrita a la Gobernación Bolivariana del Zulia, en el naciente tercer gobierno del comandante Francisco Javier Arias Cárdenas.

El muchacho que en los años sesenta fue un tímido furrero, ahora es un respetado ejecutante de la mandolina, cuatro, guitarra, que lleva varias centenas de gaitas, danzas, décimas en su alforja de autor. Tiene tres libros publicados, reconocimientos y premios recogidos en los escenarios nacionales. En la temporada  2011 compuso el tema “Campechano” que grabó Ricardo Cepeda con Los Colosales y obtuvo predilección del público:

“Cantando que viva
el calor campechano
de los gaiteros
que el tiempo reviva
la fuerza del canto maracaibero
que suene un gaitón
lleno de hermandad
y que el pueblo entero
reviente vivas en la Navidad”

La vida le trae al poeta sencillo Ordoñez Rivero un regalo inapreciable, su sexta hija: Maya, nombre que en lengua náhuatl significa “La elegida”. Junto a su esposa Anhúa, dama de ascendencia añú, esa niña llena su hogar santaluciteño de alegría, de luz. Como lo cantó el poeta indio Tagore en 1913: “Cada niño que llega al mundo, es una prueba más de que Dios aún confía en el hombre”. Creo que Dios sigue confiando en nuestro compañero Miguel; el poeta y cronista sencillo con nombre de arcángel guerrero.

Twitter: @leonmagnom

 

 

Simón García: 71 años de nostalgias

 

“No hay exactamente un tiempo mágico,
a lo que podríamos llamar mágico
es a nuestra relación con el tiempo; y esa magia debe
llevarse en la piel de lo que escribimos”

Floriano Martins (Brasil 1957)


En 1941, el epicentro de Maracaibo, la barriada El Saladillo,  aún recordaba el impacto que causó  la visita de Carlos Gardel seis años antes. El tango y los boleros dominaban la escena musical, era el tiempo de las florecientes concesiones  petroleras. En nuestra metrópolis-puerto  circulaban  revistas especializadas en literatura, filosofía, temas universales, economía.  Ese año y en ese ambiente citadino, nació Simón Udón, determinado por sus nombres; el primero en homenaje al  guerrero libertario: Bolívar  y el segundo inspirado en el  bardo zuliano: Pérez. El alumbramiento se produjo en la calle Las Palomas de ese arrabal gaitero, el 24 de julio, mientras las orquestas se preparaban para tocar la retreta en la plaza en honor al Padre de la Patria.

Dos décadas después afloró el talento del joven saladillero para la lírica y la melodía. Simón comenzaría  su andadura por la gaita y sus escenarios.  Se inició con el conjunto  Los Tigres,  donde fue líder compositor y solista.  En el año 1966 entró a los Cardenales del Éxito, la divisa fundada por Ricardo Aguirre.  En 1975 integra las filas de Guaco,  marca su historia  junto a Ricardo Portillo, la joven agrupación tenía trece años de fundada por los hermanos Aguado León; allí marcó una importante etapa evolutiva de ese proyecto musical.  En Guaco compone y consigue el  éxito con temas como “Guacosonsito”, “María la bollera”, “Juventud”, “Gaita siempre serás gaita”, “Paroxismo”, hasta su salida en el año 1979.

Entró a La Universidad de la Gaita en 1980, allí comparte con sus antiguos compañeros ex-Cardenales: Ricardo Cepeda le graba los temas “Mi Solución” y “Bandera Sonora”. En 1981 se une a los músicos vanguardistas e innovadores de La Nueva Generación, allí suenan sus temas como “Cada vez que sale el sol” y “Delirio sobre el Chimborazo”. La dupla Portillo-García le da un perfil profesional exitoso a esa divisa.

En 1986 Chichilo Urribarrí lo convoca para formar parte de Cardenales del Éxito reagrupados, con Astolfo Romero como director, allí hace equipo con Ricardo Cepeda, Ricardo Portillo, Chavín, Carlos González, Marvín González, Danelo Badel, Daniel Méndez, Chuchito Ibarra, Antonio Aguillón, Douglas Soto, Renato Aguirre, Ramón Romero  y otros veteranos del género.

En ese periplo Simón García deja un sartal de temas que se han convertido en clásicos del folclor, en ellos destaca la lírica nostálgica,  su temática rememorativa: “Como un extraño”, “Mi Nostalgia”, “Mi Ruego”, “La Piragua”. Sin embargo Simón   compuso parrandas muy alegres  como “El Negrito”,  “La Bella del Tamunangue” y “El Borracho”.  Realizó el mayor  homenaje a la figura de Ricardo Aguirre con “Eterno Amigo” de 1978 interpretado magistralmente por Argenis Carruyo. Y es que Ricardo Aguirre “El Monumental”,  quien fue sujeto de su afecto,  le grabó en 1968 “Soberbia Gaitera” con el Conjunto Saladillo, gaita icónica en su carrera:

“Salvemos la tradición
la gaita hay que defender
pues la puede hacer perder
la innovación”.

En su cuarto verso nos dice:

“Nuestra gaita es un tesoro
están linda, tan divina
es la guía cantarina
de los cantares sonoros”.

Dentro del estilo romántico tiene éxitos como “La Moza” grabada por Betulio Medina, que luego le hizo una importante versión “El Puma” José Luis Rodríguez, que la hizo sonar  en Europa y América.  También su gaita “Prométeme” que cantó Chavín en el álbum de El Trabuco Gaitero con arreglos de Douglas Isea y el clásico “Paroxismo” con Guaco en 1979, de temática erótica, son éxitos históricos.  Además compuso danzas, valses  y pasodobles, uno de esos cantado por Memo Morales “el gitano-maracucho”, dedicado a la Virgen de Chiquinquirá.

Ese gigante de la composición y del humor, logró notoriedad  con los álbumes de chistes con Guaco en la década de los setenta, y con el programa televisivo “A la Jaiba”  por NCTV a principio del decenio de los ochenta.  La vigencia  de su repertorio lo confirma su tema inmortal “Mi Nostalgia” de múltiples versiones, elegida como una de “Las Gaitas del Siglo”:

“Maracaibo tierra amada
desde que de ti salí
a cada instante te añoro
me paso el tiempo pensando en ti
y en mi vibra la esperanza
que a ti voy a regresar
y es por eso que me paso
cantando siempre para olvidar.
Volvió diciembre, luces, parranderos
y el viento juega cantando gaitas…”

(“Mi Nostalgia”, Cardenales del Éxito 1973)

El pasado 24 de julio se cumplieron 71 años de su nacimiento, fue un honor escuchar a quien fuera su mejor amigo Ricardo Portillo hablando en mi programa Sabor Gaitero sobre la importancia de la obra de Simón Udón García Luzardo, oírlo cantar sus versos.  Es sin duda, un referente muy importante de la gaita, a él debemos recordarlo regrabando sus composiciones, realizando especiales en la radio con su extensa obra.

El  autor Simón García le dio una sonoridad especial  a nuestra capital, a la que llegó a describir a finales de la década de los ochenta  como “una ciudad bombardeada”

“Yo amé tus calles tranquilas
tus casas multicolores,
tus fiestas de verseadores
ya nada de eso se estila.
El carnaval se ha olvidado
las verbenas, las retretas
gaitas ya nadie interpreta
¡oh dios!  cómo te han cambiado.”

(Cardenales del Éxito, 1986)

El 20 de octubre del 2008 murió rodeado del amor de su esposa Arminda  y  sus cuatro hijos, circundado por  las añoranzas a las que siempre le cantó. Sus últimos años de vida estuvo sumido en un silencio absoluto, una especie de afasia.

A casi cuatro años de su partida, celebro su legado, su aporte, su ingenio popular, la cosecha que produjo  su inmenso talento.  Su tránsito vital de 67 años, marcó un tiempo mágico para la gaita, un encantamiento que vive en la piel de sus letras.

Twitter: @leonmagnom

 

 

Bernard Pozier: un latino del norte

“El hombre se ha hecho por la palabra
y todo lo que ha hecho y pueda hacerse está en palabras.”

Arturo Uslar Pietri (Caracas 1906-2001)

Cuando estoy en tránsito por el aeropuerto de Maiquetía, es para mí una rutina placentera llegar a sus librerías, son pequeñas pero están bien dotadas, algunas en la zona de embarque, otras en las zonas de los cafés a la salida, donde te esperan los taxistas acechantes y choferes portando carteles con nombres garabateados.

En mi último viaje, como acostumbro, llegué a comprar un libro. Esa vez elegí un poemario de Bernard Pozier, investigador y catedrático nacido en Trois Riviéres en 1955, Quebec; la provincia francófona de Canadá, un vasto territorio de 1.540.680 kilómetros cuadrados, ubicado en la costa este,  poblado por unos ocho millones de personas, que en un 80% son nativos francoparlantes. El libro recién pagado tiene en su tapa una ilustración del alemán Caspar David Friedrich “Viajero junto al mar de niebla”,  muestra un desierto helado, con picachos rocosos rodeados de bruma, como un mar de niebla  sobre las tundras en el invierno glacial. El tomo es una joya editado en el año 2004 para la Colección Intercambio Cultural, un trabajo en colaboración con la Embajada de Canadá en Venezuela.

Bernard Pozier parte de la premisa: Todo está en el estilo y no en la forma en sí. Él se mueve como creador entre la poesía profunda y las modas pasajeras que han anidado en la literatura quebequense:

”El anciano en la montaña
la máscara de los presidentes
la boca del volcán
el conejo en la luna
los pasos de los astronautas
las líneas del horizonte
las palabras que nos moldean
la  geografía de nuestros cuerpos
todas las huellas que creemos efímeras.
Y el nido de las grandes águilas calvas
donde se forja por siglos
el cuerpo del planeta”

A sus 56 años, Bernard Pozier es director de la Casa de la Poesía de Montreal, responsabilidad que alterna con sus clases de literatura y con sus conferencias alrededor del mundo. Su obra ha sido traducida al inglés, español, catalán, italiano, rumano, y macedonio. Es uno de los actuales candidatos de Canadá  al Premio Nobel de Letras, junto a Leonard Cohen y Margaret Atwood.

En sus poemas refleja su gusto por el rock, por el beisbol, por el erotismo:

“Imagina a su padre como un ex Beatle
un ex Rolling Stone o ex Eagle
entre la entrada de los artistas y la salida de servicio
entre la adolescencia y la salida de emergencia
recuerda su infancia vivida entre bastidores”.

Sobre el amor más carnal nos dice:

“El milagro de tu cuerpo
casi tan yo mismo como el mío
él mismo casi tan tú misma, como el tuyo”

En su poema “En Boca“, hace referencia al equipo de beisbol que tuvo la ciudad de Montreal, Los Expos, lo reseña entre los grafitis y eslóganes publicitarios que hacen saber que perdieron otra temporada. En los Expos de Montreal militó nuestro compatriota caraqueño Andrés Galarraga, quien ha dado testimonio de lo hermosa que es esa ciudad, su vibrante vida cultural, una auténtica capital gastronómica. La sede de esa divisa de la Liga Nacional era el Estadio Olímpico,  allí hicieron vida desde 1969 hasta el  2004.

En su texto “Huella” Bernard Pozier nos revela de su amor a las palabras y por el oficio de escritor:

“La tecla es la barrera de la palabra
la que detrás de la acción de la máquina
de pronto se ausenta cuando tecleo
heme aquí entonces
en un espaciamiento ajeno”.

Pozier es una referencia de “La ciudad de los cien campanarios, Montreal”  una isla bañada por las aguas del río San Lorenzo, a ella le ha cantado:

“Tenía que atravesar grandes bulevares
llenos de tiendas y restaurantes
cantinas, garajes y centros comerciales
grandes avenidas con cunetas de concreto
delimitando el césped y los espacios florales”

Ha destacado como antólogo, con mucha repercusión por sus estudios sobre la poesía quebequense del siglo XIX y la lírica actual. Él considera a los poetas del Quebec: “Los latinos del norte”, hombres de la palabra que siguen luchando por su identidad, por mantener viva su lengua madre; el francés. Con un alto sentido independentista, buscan que al Quebec se le llame por su nombre, libre del vocablo Canadá.

Entre mis esperas en la terminal varguense, intranquilo por los retrasos bochornosos de los vuelos nacionales, por el ajetreo de los infinitos viandantes y por las colas de chequeo, me llegó el sosiego y el confort como recompensa al leer el libro del maestro Bernard Pozier, que acompañado de un café, simplemente, fue un boleto al deleite:

“He venido de un país de leyendas
se camina sobre las aguas a mitad de año
nuestro desierto está varias veces al revés
frío cíclico, incoloro, efímero
y nuestra lengua es extraña al resto del continente”

Pido larga vida para el maestro Bernard Pozier, que mantenga latente su pasión por el Quebec, la pequeña patria, “que a su garganta sube y muerde en el corazón”, como lo dijo su paisano Gaston Miron.

Twitter: @leonmagnom

 

Ensenada de Cantores

Twitter: @leonmagnom

“...Los tambores de los peces errabundos,
los silbidos de las grandes ballenas y la
lengua dulce y entrañable de los delfines”
Gustavo Pereira

 

(Isla de Margarita, 1940)

Los pueblos que se levantan a orillas del mar o de lagos, tienen en su génesis la esencia del canto.  Quizás la confluencia de sonidos marinos, ondas lacustres,  la expresión sonora de aves y palmeras; les da una dimensión acústica especial, un espacio armónico natural, paraíso de resonancias en distintas tesituras: graznidos, gorjeos, ráfagas de viento en el manglar, flautas que nacen de los bejucos azotados por la brisa salobre, caracolas vacías que cantan eternamente, la percusión de balsas chocando en el embarcadero, payadores furtivos deambulando por las playas, alegrando a la gente  en sus jiras.

Esa condición aplicable a los pueblos insulares como el cubano, borinqueño, dominicano o de cualquiera de las ensenadas centroamericanas o de la costa Atlántica colombiana y brasileña, es parte de la justificación de la grandeza de los cantores. Surgen los nombres de Benny Moré, Chucho Avellanet, Olga Guillot, Tito Rodríguez, Celia Cruz, Vitín Avilés, Gal Costa, Joe Arroyo, Oscar D´León, Johnny Ventura o Rubén Blades, que son la evidencia de ese apresto especial de los pueblos que crecen en las radas de América.

En  Maracaibo, su historia musical  lo confirma: nuestro estuario ha sido testigo del nacimiento de voces que marcaron la cultura nacional y soslayaron fronteras, con una diversidad de estilos que van desde el típico gaitero hasta el romántico, y del  guarachero al rockanrolero. Recordamos como describía el maestro Luis Ferrer la conjunción perfecta de hombre-cantor  con el  lago marabino:

“Bajo la noche estrellada y el Catatumbo de fondo, en el horizonte hondo brilla tu luna plateada, el agua besa la orilla, preña de espuma y de amor, hay que ver el resplandor de mi tierra maravilla, y es de madre tu calor, mi tierra del sol amada. 

De lejos suelo escuchar el canto del pescador, arriando con su cantar luceros de madrugada, con la quilla de su canoa viene empujando perlas y espumas, donde gaviotas vuelan jugando y la brisa canta en la bruma”.
(Conjunto Rincón Morales, 1971)

Alguna vez también lo expresó el propio maestro Billo, Luis María Frómeta (Santo Domingo 15-12-1915 / Caracas 05-05-1988): “¿Qué de dónde son los cantantes?... son de Maracaibo…”  Él explicó que durante toda su carrera estuvo agradecido de esta tierra, pues de aquí se llevó para su orquesta las voces de Cheo García, Felipe Pirela, Memo Morales, Joe Urdaneta, Ender Carruyo y Milton Pereira. Ellos lograron posicionar a su orquesta como la más importante de Venezuela. Es tal trascendencia de La Billo´s Caracas Boys, que luego de siete décadas de su creación y a 23 años de la muerte del maestro Luis María, el saxofonista quisqueyano enamorado de Caracas, aún hace bailar y soñar a  sus seguidores.

Si nos paseamos por las gaitas de Ricardo Cepeda, las danzas de don Mario Suárez, el cancionero de Lila Morillo, los boleros de Felipe Pirela, hasta llegar a escuchar la expresión  de las nuevas generaciones zulianas representada por Vocal Song, Omar Acedo, Los Montaner, la flautista-cantante Ángela, los hermanos Castillo; con  todo ese recorrido, comprobamos lo cosmopolita y plural que en cuanto a  música es Maracaibo, desde  principio del siglo veinte hasta nuestros días de múltiples  nominaciones a premios Grammy e incursión de nuestros músicos en carteleras internacionales.

Domingo Alberto Rangel en su texto “De Gochos y Maracuchos” (1999),  en el capítulo “Maracaibo, West Indies” recrea una ciudad portuaria, garganta pujante del paso de mercancías andinas y colombianas, donde se instalaron  las primeras lavanderías chinas, con sus dársenas repletas de comino, café, cacao que navegaría hasta Hamburgo o Nueva York. Entonces, las mejores compañías españolas de zarzuelas llegaban al Teatro Baralt, y las más diversas influencias culturales propias de un gran puerto de ultramar convergían en su malecón bullicioso, con  tonalidades siempre en mayor y en tempo allegro vivace.

En la década de los 30, actuaban  en los clubes privados de las transnacionales petroleras  eximios jazzistas, traídos a esta ciudad de clima saudí, gracias a los dólares abundantes del  incipiente boom petrolero. Según el investigador Gregorio Cupello Montiel, el primer grupo de rock venezolano nació en Cabimas (El Rock en Venezuela, Fundación Bigott. 2004).

Hoy en día, todos estamos llamados a librar una gran batalla contra la globalización musical que pretende darnos fórmulas fáciles de hacer música, arrasando con nuestros géneros autóctonos, globalización  perversa porque intenta darle un mismo rostro comercial a todo un continente, en base a mercadear música como si fuera fast food. Es allí, donde deben irrumpir las voces poderosas de nuestros cantores de las costas venezolanas, el canto de Germán Ávila, Francisco Pacheco, Argenis Carruyo, Israel Colina, Neguito Borjas, de Yolanda Delgado, Betulio Medina, Lilia Vera y Gustavo Aguado entre otros, en defensa de nuestra autenticidad, de nuestros estilos originarios. Canto en ristre para entrar en batalla y dar testimonio de pertenencia, para dar su sonoridad original y establecer férrea  defensa de la identidad nacional.

Debemos retomar el reencuentro con las voces de estos artistas que nos han representado con dignidad y arte supremo, y que a través de su canto romántico, costumbrista, paisajista y caribeño; incluso el estilo rockanrolero de los zulianos Henry Stephen, Carlos Moreno y Edgar Alexander (Quintero); han llenado a Venezuela  de la más pura esencia de nuestro ser lacustre.

Ojalá veamos lo apremiante que se nos hace difundir el arte de nuestros talentos nacionales y latinoamericanos, que logremos cantar en nuestras plazas, aulas escolares, en nuestros hogares, y así expandir el legado musical que nació en esta extensa entrada de mar con forma de seno maternal llamada Mar Caribe.

 

 

Justo Montenegro: Un presidente de la Gaita

“También creo en la canción
combativa y necesaria
por ser arma libertaria
del hombre y su corazón”

Miguel Ordoñez

Ser decimista en América Latina es ser parte de un movimiento que abarca catorce naciones, diseminadas por el Caribe, Centroamérica y el Cono Sur. Ser cantor de décimas es ser un cronista en versos, un músico heredero de la amalgama cultural que se conformó a través de los siglos con el aporte de la cultura celta, árabe y mediterránea. El decimista es un cantor de los pueblos y al igual que el gaitero representa la voz de reclamo, de la recordación y del homenaje a los ancestros. Su voz se convierte en alabanza al paisaje y sus coterráneos. Justo Montenegro, quien nació el primer día de junio de 1951 en Santa Lucía, calle San Gregorio, es la esencia del cantor  gaitero y decimista en tiempos alternos.

Su carrera comenzó cuando siendo un niño se residenció en el sector “18 de Octubre”, barriada que apenas cumplía una década de creada, luego del cruento golpe de Estado que derrocó al gran estadista Isaías Medina Angarita. En esa barriada al norte de Maracaibo comenzó a cantar Justo, en la escuela primaria “23 de enero” cuyo director era el profesor Jesús Socorro, excelente compositor, a su vez director del conjunto San Isidro. Luego integró el grupo Los Tauro, estuvo muy cercano al compositor Antonio J. Pachano en el conjunto Sensación Gaitera que dirigía el poeta perijanero, a él le grabó algunas de sus gaitas de la cosecha de los años 70. Fue integrante de Los Sabrosos y en 1973 ingresó a la agrupación Estrellas del Zulia, que ya había logrado éxito en los escenarios caraqueños.

En 1974 conforma el Gran Grupo hasta que en 1980 junto a Francisco Arrieta, Morelia González y Jesús Morillo, participa en la creación del concepto Candela, acrónimo que significa canto, danza y expresión de lo autóctono. En esa agrupación estuvo por 18 años, con ellos participó en el Festival “Una gaita para el Zulia” con los temas “Remembranzas” de Heberto J. Pedraja en 1984  y “Las Petacas” de Miguel Ordónez:

“Mirá que bonita vuela
cambiando pa´ todos laos
y el rabo encaracolao
que recorté de la hamaca
sí, esta es la mejor petaca
que en todo el barrio han volao”
(Candela, 1986)

Al salir de Candela, el profesor Alberto Silva Narváez lo convoca para ser solista del Barrio Obrero de Cabimas, de donde se había marchado su líder vocal Bernardo Bracho para alistarse con Los Compadres del Éxito, divisa tradicional y pionera creada por Rafael Rincón González en Bachaquero en el decenio 1960. En el señorial conjunto Barrio Obrero de Cabimas permaneció once temporadas, al lado de otro gran decimista: Tito Delgado, con las hermanas Carmen y Lula Silva, nutriéndose de la musa prodigiosa de José “Bambaíto” Guzmán, juglar icónico de Cabimas. Con ellos grabó e impuso el tema “Y cómo olvidar a Chinco” en el año 2001:

“Ya va levantar el vuelo
el gran coloso de Avensa
sin embargo Chinco piensa
que es mejor ir por el suelo”

(Tito Delgado)

Justo Enrique Montenegro Camargo siempre se ha identificado con las luchas sociales que desde el canto popular impulsaron Alí Primera, Ricardo Aguirre, Víctor Jara y Luis Hómez. Se ha mantenido muy leal a los lineamientos políticos de la izquierda latinoamericana, al canto nacionalista y reivindicativo. Ese talante de cantor-conciencia lo reflejó en su álbum “Justo al atardecer” del año 2008 donde grabó temas en tiempo de vals, danza, trova y décima, con un gran contenido poético, acompañado por excelentes músicos zulianos como “Karello”, Ovelio Ávila y Jacobo Barrios. Sin duda un disco de colección.

"Vienen a mi mente las viejas historias
de aquel Maracaibo colmado de sueños
de viejos faroles, leontina y pumpá.
Gárgolas llorando el ritmo sediento
de algún calendario, que en el horizonte
dibuja el rostro de la gran ciudad”

Heriberto Molina (Viejas Historias, 2008)

Entre sus trabajos más destacados está la creación de la agrupación Los Gaiteros de San Sebastián, grupo de veteranos gaiteros que pertenecían al Instituto Municipal de la Gaita “Ricardo Aguirre” (IMGRA), ente que presidió con mucho éxito durante la gestión del alcalde marabino Gian Carlo Di Martino. Los Gaiteros de San Sebastián hacen la gaita con cinco furros, dos cuatros, con la cadencia de otrora, tradicional sin elementos electrónicos.  Escucharlos tocar es realizar un viaje a la génesis y esencia de nuestro folclor.

Producto de ese compromiso ideológico y de sus 45 años de carrera artística,  el Gobernador del Zulia, Francisco Arias Cárdenas, quien es su amigo desde 1993,  recién lo nombró presidente de la Fundación Regional de la Gaita, ente que agrupa a 400 miembros, entre gaiteros, cronistas y músicos. Tendrá la misión de consolidar la enseñanza de la gaita en las escuelas primarias del Zulia, sembrar la gaita en el corazón de los pequeños para que de nuevo florezca en el panorama musical venezolano.

Montenegro tiene como sus ídolos a los decimistas “Chevoche” y “El Indio” Miguel, a ellos los ha estudiado, los ha interpretado, ha vivido su mundo alegórico y atrayente  de Santa Rosa de Agua. Allí se siente en su pequeño paraíso cultural, entre manglares y cocoteros se erige la estructura palafítica del Centro de Educación Popular “Jesús Rosario Ortega”, centro de arte  que ha dirigido con acierto junto a figuras como Giovanni Villalobos, William Atencio, Humberto “Mamaota” Rodríguez y Francisco Hidalgo; siempre rodeado del amor de su familia, su principal apoyo en esta batalla cultural, en su empeño de vida: Diana Duarte de Montenegro, su esposa, y sus hijos Jhonan y Jeniffer.

Comienza un nuevo ciclo creativo y de aporte para Justo Enrique, la vida lo coloca al frente del organismo más importante de la gaita en Venezuela, con la  misión de devolverle a nuestra región el auténtico sentido de la zulianidad, sembrar la gaita en las nuevas generaciones, no permitir que la danza y décima zuliana se extingan. En ese gran reto, lo acompañaremos. Con Justo como líder asumimos ese compromiso con la gaita ante la historia.

Twitter: @leonmagnom

 


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