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Sabor Gaitero

Bernard Pozier: un latino del norte

“El hombre se ha hecho por la palabra
y todo lo que ha hecho y pueda hacerse está en palabras.”

Arturo Uslar Pietri (Caracas 1906-2001)

Cuando estoy en tránsito por el aeropuerto de Maiquetía, es para mí una rutina placentera llegar a sus librerías, son pequeñas pero están bien dotadas, algunas en la zona de embarque, otras en las zonas de los cafés a la salida, donde te esperan los taxistas acechantes y choferes portando carteles con nombres garabateados.

En mi último viaje, como acostumbro, llegué a comprar un libro. Esa vez elegí un poemario de Bernard Pozier, investigador y catedrático nacido en Trois Riviéres en 1955, Quebec; la provincia francófona de Canadá, un vasto territorio de 1.540.680 kilómetros cuadrados, ubicado en la costa este,  poblado por unos ocho millones de personas, que en un 80% son nativos francoparlantes. El libro recién pagado tiene en su tapa una ilustración del alemán Caspar David Friedrich “Viajero junto al mar de niebla”,  muestra un desierto helado, con picachos rocosos rodeados de bruma, como un mar de niebla  sobre las tundras en el invierno glacial. El tomo es una joya editado en el año 2004 para la Colección Intercambio Cultural, un trabajo en colaboración con la Embajada de Canadá en Venezuela.

Bernard Pozier parte de la premisa: Todo está en el estilo y no en la forma en sí. Él se mueve como creador entre la poesía profunda y las modas pasajeras que han anidado en la literatura quebequense:

”El anciano en la montaña
la máscara de los presidentes
la boca del volcán
el conejo en la luna
los pasos de los astronautas
las líneas del horizonte
las palabras que nos moldean
la  geografía de nuestros cuerpos
todas las huellas que creemos efímeras.
Y el nido de las grandes águilas calvas
donde se forja por siglos
el cuerpo del planeta”

A sus 56 años, Bernard Pozier es director de la Casa de la Poesía de Montreal, responsabilidad que alterna con sus clases de literatura y con sus conferencias alrededor del mundo. Su obra ha sido traducida al inglés, español, catalán, italiano, rumano, y macedonio. Es uno de los actuales candidatos de Canadá  al Premio Nobel de Letras, junto a Leonard Cohen y Margaret Atwood.

En sus poemas refleja su gusto por el rock, por el beisbol, por el erotismo:

“Imagina a su padre como un ex Beatle
un ex Rolling Stone o ex Eagle
entre la entrada de los artistas y la salida de servicio
entre la adolescencia y la salida de emergencia
recuerda su infancia vivida entre bastidores”.

Sobre el amor más carnal nos dice:

“El milagro de tu cuerpo
casi tan yo mismo como el mío
él mismo casi tan tú misma, como el tuyo”

En su poema “En Boca“, hace referencia al equipo de beisbol que tuvo la ciudad de Montreal, Los Expos, lo reseña entre los grafitis y eslóganes publicitarios que hacen saber que perdieron otra temporada. En los Expos de Montreal militó nuestro compatriota caraqueño Andrés Galarraga, quien ha dado testimonio de lo hermosa que es esa ciudad, su vibrante vida cultural, una auténtica capital gastronómica. La sede de esa divisa de la Liga Nacional era el Estadio Olímpico,  allí hicieron vida desde 1969 hasta el  2004.

En su texto “Huella” Bernard Pozier nos revela de su amor a las palabras y por el oficio de escritor:

“La tecla es la barrera de la palabra
la que detrás de la acción de la máquina
de pronto se ausenta cuando tecleo
heme aquí entonces
en un espaciamiento ajeno”.

Pozier es una referencia de “La ciudad de los cien campanarios, Montreal”  una isla bañada por las aguas del río San Lorenzo, a ella le ha cantado:

“Tenía que atravesar grandes bulevares
llenos de tiendas y restaurantes
cantinas, garajes y centros comerciales
grandes avenidas con cunetas de concreto
delimitando el césped y los espacios florales”

Ha destacado como antólogo, con mucha repercusión por sus estudios sobre la poesía quebequense del siglo XIX y la lírica actual. Él considera a los poetas del Quebec: “Los latinos del norte”, hombres de la palabra que siguen luchando por su identidad, por mantener viva su lengua madre; el francés. Con un alto sentido independentista, buscan que al Quebec se le llame por su nombre, libre del vocablo Canadá.

Entre mis esperas en la terminal varguense, intranquilo por los retrasos bochornosos de los vuelos nacionales, por el ajetreo de los infinitos viandantes y por las colas de chequeo, me llegó el sosiego y el confort como recompensa al leer el libro del maestro Bernard Pozier, que acompañado de un café, simplemente, fue un boleto al deleite:

“He venido de un país de leyendas
se camina sobre las aguas a mitad de año
nuestro desierto está varias veces al revés
frío cíclico, incoloro, efímero
y nuestra lengua es extraña al resto del continente”

Pido larga vida para el maestro Bernard Pozier, que mantenga latente su pasión por el Quebec, la pequeña patria, “que a su garganta sube y muerde en el corazón”, como lo dijo su paisano Gaston Miron.

Twitter: @leonmagnom

 

Ensenada de Cantores

Twitter: @leonmagnom

“...Los tambores de los peces errabundos,
los silbidos de las grandes ballenas y la
lengua dulce y entrañable de los delfines”
Gustavo Pereira

 

(Isla de Margarita, 1940)

Los pueblos que se levantan a orillas del mar o de lagos, tienen en su génesis la esencia del canto.  Quizás la confluencia de sonidos marinos, ondas lacustres,  la expresión sonora de aves y palmeras; les da una dimensión acústica especial, un espacio armónico natural, paraíso de resonancias en distintas tesituras: graznidos, gorjeos, ráfagas de viento en el manglar, flautas que nacen de los bejucos azotados por la brisa salobre, caracolas vacías que cantan eternamente, la percusión de balsas chocando en el embarcadero, payadores furtivos deambulando por las playas, alegrando a la gente  en sus jiras.

Esa condición aplicable a los pueblos insulares como el cubano, borinqueño, dominicano o de cualquiera de las ensenadas centroamericanas o de la costa Atlántica colombiana y brasileña, es parte de la justificación de la grandeza de los cantores. Surgen los nombres de Benny Moré, Chucho Avellanet, Olga Guillot, Tito Rodríguez, Celia Cruz, Vitín Avilés, Gal Costa, Joe Arroyo, Oscar D´León, Johnny Ventura o Rubén Blades, que son la evidencia de ese apresto especial de los pueblos que crecen en las radas de América.

En  Maracaibo, su historia musical  lo confirma: nuestro estuario ha sido testigo del nacimiento de voces que marcaron la cultura nacional y soslayaron fronteras, con una diversidad de estilos que van desde el típico gaitero hasta el romántico, y del  guarachero al rockanrolero. Recordamos como describía el maestro Luis Ferrer la conjunción perfecta de hombre-cantor  con el  lago marabino:

“Bajo la noche estrellada y el Catatumbo de fondo, en el horizonte hondo brilla tu luna plateada, el agua besa la orilla, preña de espuma y de amor, hay que ver el resplandor de mi tierra maravilla, y es de madre tu calor, mi tierra del sol amada. 

De lejos suelo escuchar el canto del pescador, arriando con su cantar luceros de madrugada, con la quilla de su canoa viene empujando perlas y espumas, donde gaviotas vuelan jugando y la brisa canta en la bruma”.
(Conjunto Rincón Morales, 1971)

Alguna vez también lo expresó el propio maestro Billo, Luis María Frómeta (Santo Domingo 15-12-1915 / Caracas 05-05-1988): “¿Qué de dónde son los cantantes?... son de Maracaibo…”  Él explicó que durante toda su carrera estuvo agradecido de esta tierra, pues de aquí se llevó para su orquesta las voces de Cheo García, Felipe Pirela, Memo Morales, Joe Urdaneta, Ender Carruyo y Milton Pereira. Ellos lograron posicionar a su orquesta como la más importante de Venezuela. Es tal trascendencia de La Billo´s Caracas Boys, que luego de siete décadas de su creación y a 23 años de la muerte del maestro Luis María, el saxofonista quisqueyano enamorado de Caracas, aún hace bailar y soñar a  sus seguidores.

Si nos paseamos por las gaitas de Ricardo Cepeda, las danzas de don Mario Suárez, el cancionero de Lila Morillo, los boleros de Felipe Pirela, hasta llegar a escuchar la expresión  de las nuevas generaciones zulianas representada por Vocal Song, Omar Acedo, Los Montaner, la flautista-cantante Ángela, los hermanos Castillo; con  todo ese recorrido, comprobamos lo cosmopolita y plural que en cuanto a  música es Maracaibo, desde  principio del siglo veinte hasta nuestros días de múltiples  nominaciones a premios Grammy e incursión de nuestros músicos en carteleras internacionales.

Domingo Alberto Rangel en su texto “De Gochos y Maracuchos” (1999),  en el capítulo “Maracaibo, West Indies” recrea una ciudad portuaria, garganta pujante del paso de mercancías andinas y colombianas, donde se instalaron  las primeras lavanderías chinas, con sus dársenas repletas de comino, café, cacao que navegaría hasta Hamburgo o Nueva York. Entonces, las mejores compañías españolas de zarzuelas llegaban al Teatro Baralt, y las más diversas influencias culturales propias de un gran puerto de ultramar convergían en su malecón bullicioso, con  tonalidades siempre en mayor y en tempo allegro vivace.

En la década de los 30, actuaban  en los clubes privados de las transnacionales petroleras  eximios jazzistas, traídos a esta ciudad de clima saudí, gracias a los dólares abundantes del  incipiente boom petrolero. Según el investigador Gregorio Cupello Montiel, el primer grupo de rock venezolano nació en Cabimas (El Rock en Venezuela, Fundación Bigott. 2004).

Hoy en día, todos estamos llamados a librar una gran batalla contra la globalización musical que pretende darnos fórmulas fáciles de hacer música, arrasando con nuestros géneros autóctonos, globalización  perversa porque intenta darle un mismo rostro comercial a todo un continente, en base a mercadear música como si fuera fast food. Es allí, donde deben irrumpir las voces poderosas de nuestros cantores de las costas venezolanas, el canto de Germán Ávila, Francisco Pacheco, Argenis Carruyo, Israel Colina, Neguito Borjas, de Yolanda Delgado, Betulio Medina, Lilia Vera y Gustavo Aguado entre otros, en defensa de nuestra autenticidad, de nuestros estilos originarios. Canto en ristre para entrar en batalla y dar testimonio de pertenencia, para dar su sonoridad original y establecer férrea  defensa de la identidad nacional.

Debemos retomar el reencuentro con las voces de estos artistas que nos han representado con dignidad y arte supremo, y que a través de su canto romántico, costumbrista, paisajista y caribeño; incluso el estilo rockanrolero de los zulianos Henry Stephen, Carlos Moreno y Edgar Alexander (Quintero); han llenado a Venezuela  de la más pura esencia de nuestro ser lacustre.

Ojalá veamos lo apremiante que se nos hace difundir el arte de nuestros talentos nacionales y latinoamericanos, que logremos cantar en nuestras plazas, aulas escolares, en nuestros hogares, y así expandir el legado musical que nació en esta extensa entrada de mar con forma de seno maternal llamada Mar Caribe.

 

 

Justo Montenegro: Un presidente de la Gaita

“También creo en la canción
combativa y necesaria
por ser arma libertaria
del hombre y su corazón”

Miguel Ordoñez

Ser decimista en América Latina es ser parte de un movimiento que abarca catorce naciones, diseminadas por el Caribe, Centroamérica y el Cono Sur. Ser cantor de décimas es ser un cronista en versos, un músico heredero de la amalgama cultural que se conformó a través de los siglos con el aporte de la cultura celta, árabe y mediterránea. El decimista es un cantor de los pueblos y al igual que el gaitero representa la voz de reclamo, de la recordación y del homenaje a los ancestros. Su voz se convierte en alabanza al paisaje y sus coterráneos. Justo Montenegro, quien nació el primer día de junio de 1951 en Santa Lucía, calle San Gregorio, es la esencia del cantor  gaitero y decimista en tiempos alternos.

Su carrera comenzó cuando siendo un niño se residenció en el sector “18 de Octubre”, barriada que apenas cumplía una década de creada, luego del cruento golpe de Estado que derrocó al gran estadista Isaías Medina Angarita. En esa barriada al norte de Maracaibo comenzó a cantar Justo, en la escuela primaria “23 de enero” cuyo director era el profesor Jesús Socorro, excelente compositor, a su vez director del conjunto San Isidro. Luego integró el grupo Los Tauro, estuvo muy cercano al compositor Antonio J. Pachano en el conjunto Sensación Gaitera que dirigía el poeta perijanero, a él le grabó algunas de sus gaitas de la cosecha de los años 70. Fue integrante de Los Sabrosos y en 1973 ingresó a la agrupación Estrellas del Zulia, que ya había logrado éxito en los escenarios caraqueños.

En 1974 conforma el Gran Grupo hasta que en 1980 junto a Francisco Arrieta, Morelia González y Jesús Morillo, participa en la creación del concepto Candela, acrónimo que significa canto, danza y expresión de lo autóctono. En esa agrupación estuvo por 18 años, con ellos participó en el Festival “Una gaita para el Zulia” con los temas “Remembranzas” de Heberto J. Pedraja en 1984  y “Las Petacas” de Miguel Ordónez:

“Mirá que bonita vuela
cambiando pa´ todos laos
y el rabo encaracolao
que recorté de la hamaca
sí, esta es la mejor petaca
que en todo el barrio han volao”
(Candela, 1986)

Al salir de Candela, el profesor Alberto Silva Narváez lo convoca para ser solista del Barrio Obrero de Cabimas, de donde se había marchado su líder vocal Bernardo Bracho para alistarse con Los Compadres del Éxito, divisa tradicional y pionera creada por Rafael Rincón González en Bachaquero en el decenio 1960. En el señorial conjunto Barrio Obrero de Cabimas permaneció once temporadas, al lado de otro gran decimista: Tito Delgado, con las hermanas Carmen y Lula Silva, nutriéndose de la musa prodigiosa de José “Bambaíto” Guzmán, juglar icónico de Cabimas. Con ellos grabó e impuso el tema “Y cómo olvidar a Chinco” en el año 2001:

“Ya va levantar el vuelo
el gran coloso de Avensa
sin embargo Chinco piensa
que es mejor ir por el suelo”

(Tito Delgado)

Justo Enrique Montenegro Camargo siempre se ha identificado con las luchas sociales que desde el canto popular impulsaron Alí Primera, Ricardo Aguirre, Víctor Jara y Luis Hómez. Se ha mantenido muy leal a los lineamientos políticos de la izquierda latinoamericana, al canto nacionalista y reivindicativo. Ese talante de cantor-conciencia lo reflejó en su álbum “Justo al atardecer” del año 2008 donde grabó temas en tiempo de vals, danza, trova y décima, con un gran contenido poético, acompañado por excelentes músicos zulianos como “Karello”, Ovelio Ávila y Jacobo Barrios. Sin duda un disco de colección.

"Vienen a mi mente las viejas historias
de aquel Maracaibo colmado de sueños
de viejos faroles, leontina y pumpá.
Gárgolas llorando el ritmo sediento
de algún calendario, que en el horizonte
dibuja el rostro de la gran ciudad”

Heriberto Molina (Viejas Historias, 2008)

Entre sus trabajos más destacados está la creación de la agrupación Los Gaiteros de San Sebastián, grupo de veteranos gaiteros que pertenecían al Instituto Municipal de la Gaita “Ricardo Aguirre” (IMGRA), ente que presidió con mucho éxito durante la gestión del alcalde marabino Gian Carlo Di Martino. Los Gaiteros de San Sebastián hacen la gaita con cinco furros, dos cuatros, con la cadencia de otrora, tradicional sin elementos electrónicos.  Escucharlos tocar es realizar un viaje a la génesis y esencia de nuestro folclor.

Producto de ese compromiso ideológico y de sus 45 años de carrera artística,  el Gobernador del Zulia, Francisco Arias Cárdenas, quien es su amigo desde 1993,  recién lo nombró presidente de la Fundación Regional de la Gaita, ente que agrupa a 400 miembros, entre gaiteros, cronistas y músicos. Tendrá la misión de consolidar la enseñanza de la gaita en las escuelas primarias del Zulia, sembrar la gaita en el corazón de los pequeños para que de nuevo florezca en el panorama musical venezolano.

Montenegro tiene como sus ídolos a los decimistas “Chevoche” y “El Indio” Miguel, a ellos los ha estudiado, los ha interpretado, ha vivido su mundo alegórico y atrayente  de Santa Rosa de Agua. Allí se siente en su pequeño paraíso cultural, entre manglares y cocoteros se erige la estructura palafítica del Centro de Educación Popular “Jesús Rosario Ortega”, centro de arte  que ha dirigido con acierto junto a figuras como Giovanni Villalobos, William Atencio, Humberto “Mamaota” Rodríguez y Francisco Hidalgo; siempre rodeado del amor de su familia, su principal apoyo en esta batalla cultural, en su empeño de vida: Diana Duarte de Montenegro, su esposa, y sus hijos Jhonan y Jeniffer.

Comienza un nuevo ciclo creativo y de aporte para Justo Enrique, la vida lo coloca al frente del organismo más importante de la gaita en Venezuela, con la  misión de devolverle a nuestra región el auténtico sentido de la zulianidad, sembrar la gaita en las nuevas generaciones, no permitir que la danza y décima zuliana se extingan. En ese gran reto, lo acompañaremos. Con Justo como líder asumimos ese compromiso con la gaita ante la historia.

Twitter: @leonmagnom

 

Sabor Gaitero cumple 28 años

“Abierta la puerta está
para la gaita zuliana
reina pura y soberana
de Sabor Gaitero”

El  proyecto que comencé como respuesta a las enseñanzas y al legado cultural  de mi padre Luis Nemesio Montiel, que con los años se convirtió en el cauce natural de mi amor por la gaita, un afecto que venía marcado en mi apellido ancestral; ese propósito está cumpliendo 28 años, es mi programa Sabor Gaitero.

Fue en 1984, en la vetusta Radio Calendario 1020AM, ubicada en la avenida 25, frente al Colegio La Epifanía, donde se produjo el nacimiento mediático prodigioso.

Yo venía de tener una formación cultural con acento en lo musical, fue  en el Colegio Gonzaga, donde conformamos el conjunto de gaitas junto al profesor Néstor Chourio, agrupación que ganó varios festivales intercolegiales. Había pasado por el Conservatorio de Música “José Luis Paz” y estaba en el Coro de la Secretaría de Cultura bajo la dirección del polaco Edward Domanski. Todos esos ríos de la musicalidad se conjugaron en ese lago de leyendas, anécdotas, homenajes y serenatas diurnas que ha sido Sabor Gaitero en la radio, a lo largo de casi tres décadas.

En el año 2003, motivado por el avance de las comunicaciones digitales y el crecimiento de la web 2.0 creé el portal www.saborgaitero.com con la intención de preservar el patrimonio que había venido conociendo y cultivando durante 19 años en la radio, hasta ese momento. Las entrevistas de personalidad a compositores y solistas, los foto-reportajes que atesoraba, los MP3 con toda mi fonogaitoteca recabada en casi dos décadas, los digitalicé y organicé para así estructurar finalmente el portal pionero de la gaita en Venezuela, que al año siguiente me permitió recibir el Premio Nacional de Periodismo 2004.

En el año 2006 entré a la televisión, en el canal URBE TV de la Universidad “Rafael Belloso Chacín”. Fue así como Sabor Gaitero estaba en la pantalla regional de lunes a viernes siempre a la hora del mediodía. Ese mismo programa logró un gran revuelo, repercusión en todo el país, y me facilitó llegar a la  pantalla nacional de TVES durante los años 2007 y 2008, teniendo nuestra emisión de lunes a viernes en horas del mediodía.

Este hermoso recorrido comunicacional me ha permitido compartir la jornada laboral diaria con profesionales de gran talla, amigos entrañables que siempre estarán en mi mundo afectivo, como lo son: Javier Bertel, Moraima Gutiérrez, Johandry Salas, mi hermano Leandro Lenin Montiel (+), Ozías Acosta, Enriquito Quiroz, Wenceslao Moreno Jr., Andreina Socorro, Arnoldo Hernández Oquendo (+), Andrick Lugo (+), Guillermo Molero, Ana Carolina Castellano, Alfredo Arrieta “El Primacho”, Moly Araujo, Jineth Naranjo, Mariana Ferrer Mello. Compañeros que han aportado su mejor talento para el crecimiento y promoción de nuestro género musical costumbrista.

En este año 2012, invito a toda la gente que me ha apoyado durante todos estos  años, a celebrar  los 28 años de Sabor Gaitero, nombre que nació inspirado en un  verso de Luis Ferrer, el primero de su gaita “Remodelación”:  

“Con tremenda construcción
se pierde el sabor gaitero
y el pueblo saladillero
buscará su inmigración
y no quedará lugar
que no sea destruido
donde la gaita ha vivido
su tradición regional”
(Conjunto Rincón Morales, 1969)

Esta celebración contempla la presentación de Conferencias Multimedia, como las que hemos realizado en universidades venezolanas, en las embajadas de nuestro país, también algunos conciertos pedagógicos y el retorno a la televisión a través de la pantalla de COQUIVACOA TV canal 44 (en Inter 10 y en Netuno 42). Desde el pasado mes de junio estoy en el horario de 11:00am a 12:00pm de lunes a viernes, presentando los nuevos talentos de la gaita, a los pioneros del género, a las figuras de mayor notoriedad en el ambiente gaitero.

Yo sigo con Sabor Gaitero en la emisora SUITE 89.1 FM, que es la nueva propuesta radial de gran éxito en nuestro estado, apoyados en su sitio web www.suite891.com de lunes a viernes de 12:00 a 2:00pm junto a la excelente periodista Mariana Ferrer Mello, mi compañera en la batalla profesional durante los últimos diez años.

Actualmente estamos en una encrucijada difícil para la gaita, esta se encuentra  asediada por el vallenato, el reguetón y otros ritmos foráneos, enfrentando la abulia de sus compositores. Por otro lado, debemos asumir que han muerto grandes cultores del género y no tienen reemplazo.  Por ello me propongo impulsar nuestra alma sonora a través de las TIC, de los medios masivos, de mis animaciones en los escenarios de la patria, hasta que Dios lo permita, hasta que cese mi historia.

Twitter: @leonmagnom

 

José Ignacio Cabrujas en su ágora catiense

Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930)

El 17 de julio de 1937, Matilde Lofiego, una caraqueña bella y diminuta, salía airosa de un largo y doloroso parto: su estrecha pelvis por fin dejaba salir al niño que llamaría José en honor a sus abuelos e Ignacio, en gratitud con el santo jesuita, militar y polígrafo de origen vasco que luchó contra Lutero y fundó la Compañía de Jesús. Ese día nació el dramaturgo más importante de Venezuela, el  brillante cronista José Ignacio Cabrujas, hombre de múltiples talentos a quien Román Chalbaud, muchos años después, enseñó con sólo tres frases a redactar guiones para cine.

Cabrujas confesó que el ser que más amó fue su padre, el sastre José Ramón, hombre austero y esforzado, que tuvo la visión de llevarlo al Colegio San Ignacio de Loyola en Caracas para que lo educaran los jesuitas y así contrastar con la educación que a diario recibía en la plaza “Pérez Bonalde”, de la entonces bucólica Catia, una barriada aún con neblina a las seis de la tarde, y con brisa de mar lejano al amanecer.  Esa plaza fue su ágora, allí conoció al pintor Jacobo Borges, allí lo oyó hablar de su encuentro con Picasso, allí fabularon y crearon un mundo onírico que les permitía realizar su sueño más recurrente, salir de Catia para visitar los teatros del mundo, para llenar los escenarios con sus creaciones.

José Ignacio era un niño miope, de anteojos espesos, pelo rizo, muy tímido, con una gran imaginación, que convivía con las putas que se exhibían frente a los  bares, bajo la luz de bombillos violetas, con peloteros bebedores de cerveza, cinéfilos, mecánicos, timadores y músicos de la calle. Pero en contraste con esa realidad que vivía en la puerta de Caracas, estudiaba en el mejor colegio de la capital, al lado de los hijos de aristócratas como su compañero Henry Lord Boulton.

Su sitio en el mundo, su vocación, la descubrió leyendo “Los Miserables” de Víctor Hugo; entre llantos declaró su amor a ese oficio de escritor, a la posibilidad de conmover a través de la prosa.  Llegó a afirmar: “El teatro yo lo hago, no lo amo, sólo lo hago, lo escribo”.

Esa pasión creadora produjo 23 obras de teatro, 18 guiones para películas, cerca de 500 crónicas y algunas miniseries de televisión y varias telenovelas. Pero cuando consulto el portal www.elpoderdelapalabra.com leo sobre él: “Artista comprometido con la realidad social de su país, fue una de las personalidades teatrales más importantes de esa nación”. Luego destaca sólo tres obras de su dramaturgia: “Profundo” de 1970, “Acto Cultural” de 1976 y “El día que me quieras” de 1979.

Pienso que Cabrujas le dio mucho de su corta vida, de apenas 58 años, al mundo del entretenimiento melodramático, a las telenovelas. Si bien su pluma sentó un nuevo paradigma en el género, y propuso la telenovela cultural, parece que ese esfuerzo en el tiempo se reduce a un “mata tigre” bien pagado, sin mayor trascendencia artística.

Motivado por mi admiración al maestro Cabrujas, asistí a la premier del documental de Antonio Llerandi (Caracas, 1943) en el Teatro Baralt, titulado “Cabrujas en el país del disimulo”, obra que realizó con la colaboración de la cineasta Belén Orsini y Diego Rísquez. Es un excelente trabajo que según su director Llerandi comenzó luego de que dictó un seminario en la Escuela de Arte de la Universidad del Zulia. Allí le sorprendió enterarse  que ninguno de sus 22 alumnos conocía a José Ignacio, no tenían ninguna referencia de su obra sustancial. Como resultado de esa experiencia, surgió una pieza fílmica de unos 90 minutos, donde se recrea la infancia del dramaturgo en Catia y su entorno familiar, presentando hermosos testimonios de sus amigos más entrañables: Román Chalbaud, Isaac Chocrón, Jacobo Borges, Tania Sarabia y Teodoro Petkoff, a quien le diseñó campañas como candidato presidencial.

El documental de Llerandi es un abordaje al Cabrujas político, manifiesto comunista, ateo, fundador del partido Movimiento al Socialismo (MAS), con una posición antípoda a la cultura adeca que reinaba en la Caracas de Billo´s.  Por otro lado, al Cabrujas esposo, con sus tres matrimonios relatados de forma cálida y afectuosa por sus esposas: el primero con Democracia López en 1960, el segundo con la diseñadora de raigambre húngara Eva Ivanyi en 1976 y el tercero con la musicóloga, soprano y pianista Isabel Palacios en 1985.

Al Cabrujas actor, no sólo de cine y teatro con solvencia, sino al actor político, que brindaba unas entrevistas estelares. A lo largo del documental aparecen escenas de películas donde participó personificando un cura, en narraciones magistrales  y en entrevistas televisadas. En una de esas  planteó: “Ojalá el Doctor Caldera sea el último presidente histórico en este país, y que en adelante tengamos un gerente, que gobierne por un lustro”. En el programa de su amigo  José Vicente Hoy dijo en 1995: “El Doctor Caldera se ufana de tener una próstata sana, pues yo le pido;  utilice su próstata y ponga en marcha este país.”

El documental tiene dos escenas de alto voltaje histriónico, muy bien actuadas, la primera basada en su texto “Sexo, mentiras y video” con los actores Aroldo Betancourt, Ibsen Martínez y Mayra Alejandra. La segunda basada en su personaje obstinado y soberbio, el General Pío Fernández, protagonizada por Gustavo Rodríguez y Elba Escobar. Simplemente son actuaciones magistrales, que le dan un giro de alta factura actoral a la producción.

El documental nos muestra al Cabrujas operático, enamorado de ese arte que él definía como lo más antiguo que nos quedaba, que lo apasionaba. Siempre estuvo cerca de la ópera, lo alimentaba, la llevaba como un sello atávico en su apellido materno.

De sus 18 guiones para cine destaca “El pez que fuma” (1977), realizado  junto a Román Chalbaud, “Amaneció de golpe” de Carlos Azpúrua (1998), “Doña Bárbara” (1975) filme donde él hace la narración inicial y la adaptación del guión,  “Sagrado y Obsceno” (1976) y “La quema de Judas” (1975).

En el año 1992 compiló sus crónicas “El país según Cabrujas” en un hermoso tomo de Monte Ávila Editores, que recogió sus joyas periodísticas, donde exhibe su inagotable creatividad, su humor, su verbo a veces sardónico con el que describe los avatares de la vida política criolla.

Es memorable su crónica sobre la rebelión del 4 de Febrero donde dibuja a Carlos Andrés Pérez preocupado, no por la asonada militar, sino por el bochorno ante el Presidente Bush. Lo describe embutido en un chaleco antibalas, con su calva rodeada por sus escasos cabellos hirsutos, desde el bunker de Diego Cisneros, hablando a los medios del mundo. Ese libro debería ser materia obligatoria en nuestras escuelas de Comunicación Social.

En una de sus crónicas afirmó: “No creo en la obediencia ciega, ni en el celibato de los curas, porque los órganos son para usarlos, tanto el cerebro, como el otro”.

Siempre pensé que la voz de José Ignacio Cabrujas era casi como un personaje en sí misma, un ser viviente autónomo, un sonido que iba dibujando con perfecto trazo situaciones inéditas, sus personajes. La voz de José Ignacio entra en el conjunto de voces con registros bajos, timbres exquisitos, que le dieron un sonido - identidad a Venezuela, como la de Renny Ottolina, Héctor Mayerston y Héctor Monteverde.

Al final del documental sus amigos plantean el debate ¿Qué mató a Cabrujas? Rodolfo Izaguirre dice: “El exceso de espaguetis con albóndigas”. Chalbaud afirma: “Fue el cigarrillo”. Lo cierto es que un infarto lo sacó de este mundo mientras estaba en una piscina en la Isla de Margarita, el 21 de octubre de 1995.

Su viuda Isabel Palacios cuenta que el traslado de su cadáver a Caracas fue lo más parecido a un guión cabrujiano, surrealista e irónico. La avioneta que enviaron para trasladar su cuerpo era muy pequeña y el ataúd no cupo. Cuando por fin llegó su urna por vía marítima a La Guaira, los deudos la subieron a un camión. Cuando  el camión  iba rumbo a Caracas, lo detuvo la Guardia Nacional por no presentar el acta de defunción. El efectivo militar en turno no tenía la menor idea de quién era José Ignacio Cabrujas. El accidentado periplo fúnebre terminó con su entierro, muy emotivo, rodeado de la gente del teatro en Caracas, su ciudad de demoliciones y terremotos, donde nada es digno de recordarse o de tener memoria, según él escribió.

Pienso que a José Ignacio no lo mató el cigarrillo, ni los espaguetis, ni ese virus tan letal que afecta a muchos venezolanos; el olvido. A casi dos décadas de su partida, su voz sigue sonando armónica y su genio llamea entre nosotros. Su presencia se siente viva en su ágora de Catia, él está esperando subir de nuevo a los escenarios, mientras lee a los transeúntes catienses los versos de su poeta elegido; Rafael Cadenas, el poeta que él dijo necesitar:

“Soy solo espectador.
Una nostalgia me toma
como un lamento de la piel”

Gracias maestro Llerandi por acercarnos al misterio cabrujiano, al mundo complejo que él creó. Gracias Belén por despertar el amor dormido por el preceptor del teatro moderno en Venezuela. Pido se levante el aplauso para ustedes.

Twitter: @leonmagnom

 


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