¿Cómo podría mejorarse la elección de la Gaita del Año?
 
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Sabor Gaitero

Discurso del Día del Periodista por León Magno Montiel

Al periodista lo mueven dos fuerzas: La pasión y la búsqueda de la verdad

El ser humano necesita comunicarse, a lo largo de su vida el hombre necesita estar en comunicación consigo mismo, revisar su mundo interior, organizar sus ideas para luego expresarlas. Así ha sido desde tiempos inmemoriales, aun cuando no existían códigos como la palabra, el vocablo. Las pinturas rupestres en las cuevas de Altamira son un testimonio de la necesidad de expresar ideas, de plasmar públicamente sentimientos.

La capacidad de expresarse es la principal diferenciación entre la especie humana y la animal. Los científicos que estudian la conducta humana, han determinado que una persona que no se comunique, que no sacie la necesidad de anunciar lo que piensa o siente: puede llegar a morir. Todos necesitamos interactuar con el entorno, con los semejantes. Muchas de las patologías severas que nos afectan la salud, surgen por la represión de la comunicación, por callar forzosamente nuestros sentimientos, emociones y sentires más íntimos.

En la película “El náufrago” del años 2000, el destacado cineasta norteamericano Robert Zemeckis nos mostró cómo el empresario de curriers Chuck Noland, protagonizado de forma magistral por Tom Hank, luego de tener un accidente aeronáutico llega a una isla deshabitada, y crea con un balón, el rostro de una persona, para saciar su necesidad de diálogar, compartir ideas. Es así como crea a “Wilson”, la pelota con la cual conversa a diario, durante años. Eso lo salva de la demencia, lo ayuda a mantener su equilibrio mental, a poder sobrellevar los largos días de espera en la ínsula solitaria.

Por ello la importancia del buen profesional de la comunicación, el experto que nos acerca a las noticias, que genera opiniones, el que con sus crónicas sacia nuestra necesidad de saber ¿qué ha pasado? ¿qué está pasando? ¿qué se espera del devenir inmediato?

El periodista es el compañero que día a día entra a nuestro hogar a través de la radio, la televisión, la prensa escrita o los medios digitales. Comparte con nosotros el desayuno, las horas de ocio, los momentos de pausas laborales y los minutos de espera en un andén o en una sala cualquiera.

El primer periodista en Venezuela fue Simón Bolívar, fue el primer hombre nacido en esta patria que entendió la relevante misión del periodismo: como un instrumento de lucha social, de conquista cultural, de trabajo político, y de servicio social. Y aunque su profesión base fue la de militar, y su misión la de estratega político; Simón José Antonio ejerció el periodismo con brillo, con un talento inusitado. Bolívar fue heredero de las enseñanzas de Simón Rodríguez, de las lecturas febriles de Rousseau, Voltaire, y del propio maestro Andrés Bello. Eso lo revelaba en sus magníficos escritos: Manifiesto de Cartagena de 1812, Carta de Jamaica de 1815 y el Discurso de Angostura de 1819, entre otras obras maestras.

Tal como lo plasmó en  su producción epistolar, él fue el pionero que trajo desde Londres la imprenta en 1810, la que primero llegó a la isla de Trinidad, y después la instaló en el sur de Venezuela y desde allí pronunció la frase certera: “Es tan importante para la guerra una imprenta, como los pertrechos militares”. Así nacía la “artillería del pensamiento” el 27 de junio de 1818 con el primer ejemplar del Correo del Orinoco. En nuestro país dominaba la escena comunicacional “La gazeta de Caracas” un órgano impreso de carácter colonialista, entreguista, con una lealtad de domados cancerberos al Rey de España. Por su genialidad innata, Simón Bolívar se preocupaba por los titulares, por el buen uso del idioma castellano, por la honestidad al relatar los hechos. Por ello el lema que distinguió a ese periódico pionero: “Somos libres, escribimos en un país libre y no nos proponemos engañar al público".

En 1964 el combativo periodista venezolano Guillermo García Ponce, quien además era diputado por el Partido Comunista de Venezuela, propuso esa fecha del 27 de junio, para celebrar el Día del Periodista Venezolano, y desde entonces, así se acordó, así ha sucedido.

Grandes maestros del periodismo en el mundo nos han señalado después caminos de dignidad en esta profesión, como Ernest Hemingway, quien con sus crónicas enfrentó al franquismo en España. Gabriel García Márquez quien confesó: “El periodismo es la mejor profesión del mundo”. El maestro   larense Kotepa Delgado, con su sentencia de vida: “Escribe que algo queda”. El polígrafo Héctor Mujica, Pedro Duno, Domingo Alberto Rangel, Miguel Otero Silva, Ignacio de la Cruz y Sergio Antillano, son ejemplos de dignidad profesional, unos tótems de este oficio maravilloso.

Estamos ante un nuevo paradigma de la comunicación, un nuevo orden mediático; los periodistas debemos reinventarnos, lanzarnos a recorrer la ruta, hasta hace poco desconocida, de los medios digitales. Debemos entender el fenómeno de la ubicuidad, es decir, la capacidad de estar presente en todas partes a través de la redes sociales. Si bien el invento del alemán Johannes Gutenberg cambió al mundo en el siglo XV, y gracias a su ingenio, comenzamos a comunicar ideas, noticias impresas en papel rudimentario: hoy estamos ante una realidad distinta, donde cada usuario modifica lo que hemos escrito, participa, es un prosumisor (productor y consumidor a la vez). El usuario participa en el hecho comunicacional activamente, modifica los contenidos y los reenvía, ya no es un simple receptor pasivo.

Pero, por muy avanzada que esté la tecnología, la comunicación la mueve dos fuerzas muy poderosas, que no cesan: La pasión y la búsqueda de la verdad. Si bien el maestro chileno Humberto Maturana demostró con sus investigaciones que “La objetividad es un argumento para obligar”, dejo claro que ser objetivo utópico, que somos seres subjetivos en esencia; no es menos cierto que el periodista está llamado a ser honesto con lo que escribe, con lo que narra o tuitea. No podemos hacer de esta profesión un oficio de sicarios intelectuales, que salen a la caza de sus víctimas: gobernantes, artistas, empresarios, para prender las máquinas de basura sobre estos (tal como lo relata en su última novela Umberto Eco) para enlodarlos, manchar su prestigio, destruir su imagen real. Todo periodista que se respete, que sea digno, debe honrar la verdad. Cómo podríamos mirar a los ojos a nuestros hijos si nuestra labor fuese aniquilar gente trabajadora, mancharlos, tratar de borrar sus aportes a la sociedad. Cabe recordar el precepto bíblico “por sus obras, los conoceréis”. Nuestra labor debe ser constructiva, creativa y prospectiva.

Hoy, yo me siento muy honrado, por representar en este honorable concejo municipal de la ciudad de San Francisco a los periodistas de la región zuliana. Es para mí un alto honor poder hablarles de esta carrera que considero un apostolado de servicio, una muestra de creatividad en cada amanecer. Ella me ha dado la oportunidad de hacer crónicas sobre la gaita: nuestra alma sonora. Sobre el folclor zuliano, y mantener viva la imagen y la obra de Ricardo Aguirre, Alí Primera, Astolfo Romero, y otros cultores de nuestro pueblo. He podido honrar el aporte de nuestros artistas populares, que son las antenas de nuestra raza. Estoy convencido que la comunicación puede ser un fermento en la construcción de la patria digna, solidaria y fecunda.

Doy gracias a ustedes concejales, al respetado presidente de esta Cámara Rafael Hernández y al alcalde de San Francisco Omar Prieto, a quien he acompañado en su gestión desde el 2008, he estado junto a él en su lucha por potenciar la tierra donde nació, y en su búsqueda revolucionaria. Les manifiesto mi gratitud plena por haberme otorgado el privilegio de tomar la palabra en este estrado, para declararme un periodista hijo de Bolívar, y un orgulloso heredero de los genuinos cantores zulianos.

*León Magno Montiel fue el Orador de Orden de la celebración del Día del Periodista 2015 de la Cámara Municipal de San Francisco, que además lo reconoció con la Orden Sol Sanfranciscano.

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Caibo lanza en digital y por tiempo limitado su segundo disco “Poesía Criolla”

 

Con letras llenas de sentimientos, de vivencias propias y de terceros, y un sonido definitivamente vanguardista, Beethzart Acosta y Simón “Toto” Ruiz, el dueto Caibo, colocó en línea –por tiempo limitado- todos los temas de su segunda producción discográfica titulada “Poesía Criolla”, un trabajo de más de un año, en el cual según sus mismos creadores confiesan, se cuidó cada detalle para que sus seguidores escucharan lo más hermoso posible este sueño hecho realidad.

Beethzart y Toto se sienten parte de una pieza importante de la música en Latinoamérica, y se autodefinen como un pedacito de Maracaibo que palpita en un gran sonido y alegrías. Estos dos jóvenes soñadores son productores musicales, autores, directores, arreglistas y programadores de sus propios proyectos.  Su primer disco, “Tres son multitud” les sirvió para abrirse camino en el mercado venezolano, mexicano, estadounidense y centroamericano, obteniendo gran reconocimiento de fanáticos y críticos musicales, gracias  a la fusión de los sonidos afro-venezolanos con el pop, y la protagónica presencia del cuatro, instrumento nacional.

Para su segundo disco “Poesía Criolla” contaron con el apoyo de los ganadores del Grammy Latino Boris Milán y Edwin Andrade, en mezcla y masterizado, entre otros destacados músicos de la región. El primer sencillo “Bájate de esa nube”, se catapultó rápidamente antes de su lanzamiento oficial en los medios, gracias al apoyo de sus seguidores y fanáticos a través de las redes sociales, convirtiéndose en un excelente abreboca para el estreno del video, a cargo de Bolívar Producciones.

Esta producción cuenta con 12 temas, que se pasean por la parranda venezolana, baladas acompañadas sólo por el piano, calipsos, gaitas de tambora y sangueos, que se mueven entre la alegría fiestera y desenfadada, el romance y el despecho, aunque todas tienen en común esa lucecita de esperanza, y la promesa del disfrute de una producción sin ningún tipo de desperdicio, hecha con el corazón y en cumplimiento de lo que Beethzart y Toto han definido como misión de vida, con un profundo amor por Venezuela y sus formas musicales. Pura poesía criolla.

Descarga el disco “Poesía Criolla” ingresando en www.caibo.com.ve

Escucha aquí "La promesa"



Caibo - “Bájate de esa nube”

 

 

 

 

El diccionario: El libro que jamás se culmina

El hombre ha creado el libro,
que es una extensión secular
de su imaginación
y de su memoria”

Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)

El diccionario es el libro que jamás culminamos de leer, es el libro del eterno reencuentro para todo lector, y del perenne crecimiento, nunca tiene su versión definitiva. Pasa como con el libro de arena de Jorge Luis Borges, es infinito. En el diccionario escudriñamos sus lomos buscando los significados más diversos, o un puente que nos ayude a conectarnos con los autores y sus ideas, a entrar en los recovecos de su imaginario, a comprender las aristas de los significados velados.

El diccionario nació  en la antigua Mesopotamia, en tablas que compilaban palabras importantes, por una orden del Rey Asirio que era amante de los trabalenguas y la poesía del siglo VII antes de Cristo.  Luego de esa primera compilación de términos en acadio, apareció la creación del filósofo griego Apolineo, que llamó “Lexicón”. Ocho siglos después, en 1480, William Caxton un inglés nativo de Kent: deslumbró a la sombría Europa con su diccionario para viajeros y comerciantes, con términos del inglés al francés. Caxton se destacó en su tránsito profesional, como buen editor y acucioso comerciante. Sólo habían transcurrido 31 años desde la publicación del misal de Gutenberg en Alemania, cuando irrumpió Sir William Caxton con contundencia en escena editorial mundial.

Johannes Gutenberg se consagró para la historia con la publicación de “La Biblia”, con ese volumen logró patentar su invento, la imprenta de caracteres móviles, quizá el más importante de todos los tiempos en el campo cultural. El que cambió al mundo, cambió la historia y al hombre mismo.

Con el tiempo los diccionarios  se hicieron imprescindibles para el estudio, estuvieron presentes en la investigación de los derviches, de los monjes, de los novicios. Era una herramienta necesaria para los poetas que querían entender las vocablos en griego de Homero en su “Iliada” o los versos de Safo. Los alumnos de cualquier grado, y en todas las áreas del saber, se habituaron a consultarlos.

Hicieron diccionarios en piedra, de madera, en antiguos papiros, en pergaminos, en formato de volantes y hasta en panfletos. Su cuerpo impreso, tal como lo conocemos hoy, nació en el siglo XVII gracias al lexicólogo español Sebastián de Covarrubias, quien en 1611 publicó “El tesoro de la lengua castellana o española”, con todas sus palabras en perfecto orden alfabético. Fue un esfuerzo pionero, fundamental y meritorio.

En nuestros días todas las disciplinas científicas tienen su diccionario, todas las artes, todas las carreras universitarias. En ellos consultamos etimologías, términos económicos, nuevas acepciones de la lengua, conceptos de las artes, de las mascotas o de los inventos más disímiles. En el año 2007 apareció un insólito “Diccionario de términos lésbicos”, otro inusitado es el “Diccionario de manías”, acentuando la infinita diversidad de los mismos. Hoy en día tenemos diccionarios de todos los formatos: Impresos, digitales, enciclopédicos, portátiles y hasta de voz comprimida.

Faltaba un diccionario de los términos utilizados por los Orientadores en los distintos niveles de educación. Un diccionario que fuese un instrumento de trabajo para el profesional que coadyuva en el desarrollo gradual del individuo, y especialmente de  los estudiantes. Cada día esta rama de la vida, la orientación, exige más agudeza, mejor conexión con los discípulos cursantes en las distintas carreras, para lograr que descubran y desarrollen sus potencialidades. De allí la importancia de este logro de las profesoras Marisela Árraga de Montiel y Marhilde Sánchez, al compilar en una hermosa edición los términos que manejan los profesionales de la Orientación. Es justo agradecer a nuestra alma mater, La Universidad del Zulia, el mecenazgo ejercido para este logro académico en 2010: un diccionario pionero en Latinoamérica.

Quizá nos esté faltando el diccionario de la gaita, un volumen que recoja las voces del género, los vocablos propios de esta forma musical extendida por toda Venezuela y buena parte del Caribe. Así como tenemos el diccionario del jazz, o el de la música en general, debemos contar con un tomo que recoja los vocablos que aparecen en la vasta lírica de la gaita, que nos ayude a entender sus leyendas, sus crónicas, las estampas de un ayer que aunque no vivimos, le cantamos y conocemos a través de la gaita. Me comprometo a trabajar en esta necesidad, para que pronto esté en nuestras escuelas, emisoras y sitios de investigación etnomusical.

El maestro Jorge Luis Borges dijo: “No puedo imaginar un mundo sin libros”. Yo creo que será imposible pensar en un mundo futuro sin los diccionarios.

 

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Ricardo Cepeda, un corazón valeroso para cantar por @leonmagnom

“La música ha de ser un
instrumento para el desarrollo del hombre,
y no una estética intrascendente”.
José Antonio Abreu (Valera, 1939)


Pocos seres tuvieron el privilegio de tener como maestro en su aula a Ricardo Aguirre, el cantor gaitero formado para la docencia en el Rubio del Táchira. El único individuo que la historia del Zulia ha registrado como alumno de Aguirre, en la Escuela  Panamericana,  y como fiel aprendiz de su canto, es Ricardo Cepeda. La vida le dio esa regalía, la oportunidad de ver en un salón de clases a ese vocalista gigante, que a la vez, era un maestro cálido,  humanista pedagogo.

Con nombre de origen germánico: Ricardo, que designa a un rey valiente, se ha paseado por los escenarios de Venezuela e Hispanoamérica, como dueño de una voz privilegiada, de gran brillo y excelsa melodía.

El 8 de noviembre de 1952 nació como el primer hijo de José Cepeda, un gaitero oriundo de Punta Iguana, en la Costa Oriental del Lago. Su madre, María Chiquinquirá Olivares, una piadosa devota de la Virgen, marcada con su nombre, de profunda tradición musical. Lo bautizaron en la barriada Santa Lucía como Ricardo José.

Exactamente el día que Ricardo celebraba su cumpleaños 17, se produjo el fatal accidente que segó la vida de Ricardo Aguirre. Su maestro moría en una calle de Veritas a los 30 años de edad, en pleno cenit de su carrera musical.  Ese día aciago se produjo un cambio, un gran viraje: se iba Ricardo José Aguirre y dejaba en su lugar a Ricardo José Cepeda. Fue como una carrera de relevos, donde el maestro pasó el testigo a su mejor alumno, su tocayo dos veces. Tenían cierto parecido físico, ambos de tez morena, usaban lentes de pasta, cabello ralo y crespo, con timbres vocales muy semejantes: sólo  diferenciados en los registros graves que poseía Aguirre González, que eran extraordinarios.

Ricardo José Cepeda Olivares comenzó a gaitear con grupos aficionados: Los Tauros, Ciclones, Armonía Gaitera. En 1969 debutó en la gaita profesional con Los Tucusones de Ana Stael Duque. Allí lo vio Douglas Soto, el gran mecenas y promotor, y lo llevó a las filas de Cardenales del Éxito al año siguiente, donde permaneció hasta 1979. Eso constituyó la primera etapa en la célebre agrupación, con ellos grabó temas que se han convertido en clásicos inmortales: “Aleluya” (1971), “Sentir zuliano” (1972), “La piragua” (1973), “Mi ruego” (1974), “El bambuco” (1975), “Alguien canta” (1977), “Celestina aurora” (1979) y “Viejo ilustre” (1979).

“Un bambuco y una serenata
le dieron vida a un amor
un mozuelo cantaba a una flor
que más tarde sería mi madre
le cantaba mi futuro padre
lleno de inmenso fervor”
(Renato Aguirre, 1975)

En esa temporada de 1975,  Ricardo resultó ganador con la composición “Sabor añejo” de Astolfo Romero del primer lugar en el Festival de Gaitas “Virgilio Carruyo”:

“Los alegres albores
del diciembre sin igual
los venimos a evocar
como en tiempos anteriores
cuando los gaiteros viejos
parranderos de excelencia
nos cantaban con esencia
gaitas de sabor añejo”
(Astolfo Romero, 1975)

Cardenales del Éxito era una agrupación muy completa, donde desplegaban su talento Astolfo Romero, Pedro Rossell, Ricardo Portillo, Ender Fuenmayor, Daniel Alvarado. Ricardo Cepeda representaba el cantar solemne, la devoción a la Virgen Morena.

En 1980 se produce el deslinde de los Cardenales del Éxito de Pedro Suárez y nace la Universidad de la Gaita. Cepeda integra esa divisa y coloca temas en la cartelera nacional de éxitos: “Que viva la democracia”, “Cita con Ricardo” y  “Aquel Zuliano” del álbum titulado “100 años de gaita”:

“Fresca está la madrugada
y en la aurora maracucha
una inmensa voz se escucha
es el bardo que en parrandas
cantando sus gaitas anda
deleitando a quien lo escucha”
(Renato Aguirre, 1980)

Con el impacto generado por “Aquel zuliano” se consolidó la dupla artística  Aguirre-Cepeda, dueto creativo de alta factura. Renato como cuatrista y compositor, ocupa un sitial de honor en su ateneo de compositores más queridos. Volvieron a coincidir como binomio exitoso en Cardenales del Éxito reagrupado, cuando Chichilo Urribarrí adquirió el conjunto, en 1986. En esta segunda etapa con la divisa roja, logra éxitos nacionales como “Ceuta”, “Mis promesas”, “Como un extraño”, “Mi hermano”, éste último de su autoría, una gaita agradecimiento de Ricardo Aguirre a su hermano compositor:

"Mi hermano cómo estáis
con el permiso de Dios
vengo a agradecerte a vos
las gaitas que me cantáis.
De parte de mi Chinata
traigo mensaje de luz
de su bella excelsitud
en mi vida espiritual”
(Ricardo Cepeda, 1990)

Cardenales del Éxito - Mi hermano (En Vivo en Sábado Gaitero)

En 1989 participó en la fundación del conjunto VHG, divisa que tomó el nombre de la canción de Conny Méndez: “Venezuela habla cantando”, por una sugerencia  de Jesús Terán Chavín. Con el VHG grabó “La historia de la grey”, “Mi vida es cantar”. Allí de nuevo compartió la escena con Renato Alonso, Chavín, Ender Fuenmayor, y se anexaron los jóvenes talentos: Ozías Acosta y  Jaime Indriago.

En paralelo a su militancia con las agrupaciones gaiteras, Ricardo ha sido un “Fláneur”, es decir un incansable viajero. Ha cantado en muchas ciudades de América del Sur, España, Estados Unidos y el Caribe. No sólo ha destacado interpretando  gaitas, también cantando valses, danzas y boleros. El maestro Luis María Frómeta  le propuso ser bolerista de su orquesta Billo´s Caracas Boys, y no quiso irse a vivir en Caracas. En una demostración de gratitud y admiración al maestro dominicano, grabó el tema homenaje “Al cantor de Caracas” con La Universidad de la Gaita.

“Escuche mi amigo, mi gaita zuliana
alegre se ufana, poderle cantar
escuche maestro, cantor de Caracas
su musa me atrapa y la quiero obsequiar”
(Renato Aguirre, 1982)

Su vocación de cantor de décimas y coplas lo impulsó a grabar la colección “Zulianizando” con el conjunto “Los Marabinos”, propuesta que tuvo una gran aceptación entre sus seguidores. Eso está muy bien reflejado en el libro biográfico escrito por el doctor William Briceño, obra que ha recibido los mejores comentarios y ha tenido una gran difusión.

En 1990 regresó a cumplir una tercera etapa en Cardenales del Éxito, bajo la égida de Ricardo Portillo. En esta tercera etapa impuso los temas “Mi ranchito” (1993) y “Madre es madre” (1994), premiadas por unanimidad como “gaitas del año”. Entre lauros y aplausos vivió intensamente ese tercer ciclo cardenalero.

En 1998 fundó su agrupación Los Colosales, utilizando en plural el calificativo que le colocó en su programa radial el doctor Octavio Urdaneta: “El Colosal”.  Con su agrupación florecieron éxitos como “El vendedor de flores” (1998) y “De la vida real” (2000), y los temas del falconiano Elías Hernández “El barrio de mis andanzas” (1999) y “El cofre” (2001). Ha conseguido premios con las  gaitas “Campechano”, “Cántame” y “Como pompas de jabón”. Los Colosales de Ricardo Cepeda es una marca consolidada en el mercado musical Venezolano, su agenda de presentaciones y su demanda discográfica está garantizada, sustentada por la sólida imagen de Ricardo Cepeda,  la máxima figura  gaitera de la actualidad.

“El barrio de mis andanzas
donde viví a plenitud
donde transcurrió mi infancia
mi niñez, mi juventud
con inquietud y embriagado de añoranzas
regreso con la esperanza
de pasar mi senectud”
(Elías Hernández, 1999)

Ese sitial como artista popular lo ha ratificado su actuación en el magno concierto de los 30 años de Serenata Guayanesa en el Teatro “Teresa Carreño”, donde fue invitado de honor junto a Neguito Borjas; las producciones que ha realizado con Huáscar Barradas, los conciertos con la Orquesta Típica del Estado Zulia y con la agrupación mariana Los Chiquinquireños, conjunto que realiza música folclórica para transformar al hombre, su espiritualidad, y no como una propuesta armónica intrascendente; como nos enseñó el maestro Abreu.

Al igual que su mentor Ricardo Aguirre, a Cepeda la radio le tocó su alma, la ha hecho con gran solvencia, en distintas emisoras por casi dos décadas.

Su talante de líder, lo llevó a incursionar en la política sin acierto. Compitió por un curul como concejal del municipio Maracaibo, lo apoyaron las fuerzas progresistas, pero sufrió una aplastante derrota de las viejas huestes adecas. Pareciera que la ciudad le hubiese dicho: “Eres mi hijo predilecto en la gaita, más no te quiero en los potreros de la política”.

En el año 2010 se le agudizó una dolencia en los huesos de la cadera, que lo venía molestando desde hacía algún tiempo, producto de una artrosis. Por ello, fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas de las que salió bien librado. Después de realizar con rigurosidad la rutina de terapias, enfrentó su temporada más productiva como empresario independiente; la del año 2011.

Ricardo Cepeda Olivares comparte sus días con su tercera esposa Ángela Bozo, con sus siete hijos: Ricardo, Luis, Argenis, Nazarely, Daniela, Gerardo y Ricardo José. Está rodeado de sus compañeros del conjunto de arpa Los Marabinos, con quienes interpreta danzas y bambucos, siguiendo los pasos del gran payador de Isla de Toas: Víctor Alvarado. Sus días son plácidos junto a los integrantes de Los Colosales. La legión de venezolanos que le seguimos, coincidimos en que él es el mejor alumno del Monumental Aguirre, que ha superado su comprobación a través de los años, con notas sobresalientes.

Como él mismo lo compuso:

“Tengo la musa en bajada
mi alegría es un portento
y al cantar gaita presiento
que mi alma está emocionada”
(Ricardo Cepeda, 1974)

Tenemos un coloso de nuestro canto, con cinco décadas de carrera y sus musas siguen encendidas. Su voz está en las ensenadas y escenarios de nuestra patria, es un Ricardo, como el rey de corazón valiente, que ha sido confaloniero del mayor legado aguirreño. Él es voz identitaria y alma de nuestra eterna serenata a la ciudad.

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Gustavo Dudamel en Maracaibo

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Cuando estudié  solfeo en el Conservatorio “José Luis Paz”, a principios del decenio de los años ochenta, pensaba que la música sería mi oficio, mi único mundo laboral y creativo. Era un muchacho que entraba alucinado a un  mundo de sonidos perfectos bajo la égida del maestro Oscar Faccio (padre).  Nunca dudé de mi amor por la música, desde entonces la considero  la creación más importante del hombre, el único lenguaje que  comunica en un instante a toda la humanidad.

Sin embargo, nunca pensé que pudiera ver a un músico dirigiendo una orquesta constituida por 150 instrumentistas ejecutando obras de Gustav Mahler, de Beethoven y la obertura de 1812 de Tchaikovski en la Maracaibo cuna de la  gaita, de los vallenatos en autobuses  desbordados y de reguetoneros buscando “La Orquídea” en una plaza de  toros repleta de niñas histéricas. Y menos previsible aún, que lo realizara ante 12.000 espectadores, delirantes por la presencia del director de orquesta Gustavo Dudamel.

Ese  momento lo vivimos el 29 de enero  de 2010 en el estadio “Luis Aparicio”, viendo  hileras interminables de gente, bajo el sol severo de las 3 de la tarde, esperando entrar para colmar las tribunas del templo beisbolero. Gente de diversos  grupos etarios, con vestimentas variopintas,  unidos únicamente por el amor a la música, expresando  su apoyo  entusiasta a la Orquesta “Simón Bolívar”.

Ese estadio encierra el recuerdo de Alí Primera. Allí el gran cantor falconiano  realizó “La Canción Bolivariana” en 1983 con un éxito atronador, a pesar del sabotaje que pretendieron hacerle  grupos de poder y medios dominantes de la época. En esa ocasión nos visitaron cantores de toda América y de muchos rincones de Venezuela para actuar ante una gradería repleta de la gente que amaba  la música de Alí Rafael, que eran sus seguidores genuinos. Allí conocí a Lilia Vera, hermosa cantora, voz de Venezuela.

La jornada musical de ese 29 de enero 2010 que rememoro ahora, comenzó con la actuación de los adolescentes que conforman la agrupación Los Zagalines del Padre Vílchez. Al presentarlos al lado de Andreína Socorro, destacamos  su carácter de escuela de gaiteros del municipio de San Francisco, que funciona como un granero de talentos desde 1971, una creación del Padre  Vílchez 18 años después de su arribo a esa parroquia.

Luego entraron a escena los laureados integrantes del Quinto Criollo que  celebraban 35 años de trayectoria, con Amada Campbell a la cabeza, y quienes interpretaron danzas  zulianas y la gaita de Renato Aguirre "Aquel Zuliano", obra que recientemente cumplió 31 años de su publicación en el álbum “100 años de gaita”, en 1980.

La  gente abarrotó las gradas del “Luis Aparicio El Grande”,  entregando  ayudas para la nación hermana  Haití a la entrada. Esos donativos fueron  el principal leitmotiv del evento. Se recolectaron cerca de diez toneladas de alimentos y vituallas que fueron enviadas a Puerto Príncipe, la capital haitiana arrasada por el terremoto de 7.1 grados de intensidad, el 12 de enero de ese año.

Llamamos al escenario al consejero de la Embajada de Haití en Venezuela, el señor Lesley David, quien con palabras  sencillas y en tono sereno agradeció la solidaridad y generosidad  de los marabinos.

Luego  comenzó su actuación Vocal Song, ganadores de un disco de platino. Los recibió el público con una gran ovación. Ellos se pasearon por temas éxitos de sus tres álbumes, todos ejecutados sin acompañamiento instrumental, sin pista, sólo con sus voces y talentos infinitos. La antesala zuliana la cerró Huáscar Barradas con su grupo Maracaibo. Simultáneamente, entraron los Servidores Marianos con la réplica de la Virgen de Chiquinquirá, mientras los asistentes entonaban su himno  "Gloria a ti casta Señora”. Minutos después, las notas de la canción “Venezuela”, llenaron el cielo zuliano y así todo quedó preparado para la entrada en escena del genio Dudamel.

Comenzaron a sentarse ante su atril los jóvenes músicos de la sección de cuerdas, luego los de  viento-madera, más tarde entró la sección de  viento-metal y finalmente la percusión; todos ataviados con la chaqueta de nuestro tricolor patrio. En las gradas los maracuchos eufóricos realizaban la ola, cual juego del día de La Chinita. Fue una noche de luna llena en la ciudad lacustre, donde la euforia explotó cuando se produjo la entrada del director de la Orquesta Juvenil de Venezuela: Gustavo Adolfo Dudamel,  joven barquisimetano que había cumplido  29 años de edad tres días antes, el director titular de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, que ha dirigido en las principales capitales de Europa y ha recibido los más prestigiosos galardones como batuta consagrado, catalogado como “el hombre que rejuvenece la música clásica”.

El concierto duró cerca de 90 minutos y culminó con el mosaico de mambos de Pérez Prado con coreografía de los músicos incluida. La ovación se convirtió en el coro de "otra... otra", y el joven maestro marcó el compás de 3 por 4 para dar inicio al “Alma Llanera”, para el cierre memorable.

Fuimos testigos de un gran gesto de solidaridad con una nación hermana en crisis, de una imponente exhibición de talento musical en una ciudad que hemos soñado muchas veces, afecta al hecho artístico trascendente, digna capital del arte. Ojalá los políticos que dirigen circunstancialmente el Zulia, aprendan que somos mucho más que un rebaño que delira por el vallenato y el reguetón, que definitivamente impulsen nuestras formas musicales en las escuelas, en los grandes eventos  y medios de comunicación.

Ojalá estas autoridades dejen atrás la falsa cultura de “La Orquídea de Venevisión”  suspendan los escandalosos patrocinios para ese espectáculo insustancial, un vodevil provinciano y burlesco, que como ciudad nos hace risibles y vacuos ante el mundo.

 

 


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