Lo
pensé muchísimo antes
de escribir lo presente, no quería
herir moralmente a nadie…
pero al final el repudio a la falta
de principios pudo más que
mi temor a ser cruel.
Creo en Alí Primera, porque
vivió y murió de acuerdo
a los principios que cantaba en
sus contestatarias creaciones. Hoy
estoy seguro que estaba equivocado
en sus pretensiones de justicia
vía comunismo; pero sigo
pensando que fue el único
ético: no cobraba conciertos,
no se presentaba en canales “manejados
por la oligarquía”,
se auto invitaba a las fiestas de
pobres, vivía en el valle,
no temía amenazas, en un
sola palabra “era auténtico”.
No creo en Wolfgang Romero, que
compone gaitas que expresan lo que
siente el equivocado pueblo venezolano
(equivocado por su votación
del 98 y el 2000) tales como La
Cubana y a la vez le canta al tirano
en el paseo Los Próceres
para hacer bailar ingenuos soldaditos.
No creo en Neguito Borjas, que
tomó un segundo aire profesional
con encendidas protestas y nunca
le regaló “un toque”
a la valiente Gente del Petróleo,
durante sus eternas jornadas de
diciembre y enero frente al edificio
PDVSA 5 de julio.
No creo en Luis Germán
Briceño, que creó
una maravillosa producción
llamada Canto Guerrero y ahora quiere
pararla, para competir por los millones
que da la Alcaldía (de DiMartino)
con otra que es más de lo
mismo.
Tampoco creo en Rubén Ríos,
que prefiere le coloquen La Fáfara
(otra gaita del montón) antes
que el valiente “Si va a Caer”;
supongo que por las mismas monetarias
razones del catire no tan afilado.
La misma falta de credibilidad la
extiendo a un Andrés Eloy
Carrizo, que ahora dice que ya está
bueno de protestar y a un Danelo
Badell que canta lo que le pongan.
Le pido perdón público
a los nombrados, si lo que he dicho
es falso. Soy humano y me equivoco.
Si no es así, les invito
a que no protesten sin convicción,
porque las posiciones políticas
en estos tiempos de evolución
de la sociedad civil deben ser consecuentes.
No subestimen a este pueblo cuyo
promedio de jóvenes poseen
carreras universitarias, acceden
a internet y ven televisión
por cable, la época del muñequito
de Juan Bimba que representaba al
pueblo bobo e ignorante se acabó.
Asúmanlo, no vaya a ser que
la sociedad civil los coloque al
lado de los “dinosaurios políticos”
que ponían en práctica
actitudes como las que denuncio
aquí.
A pesar de todo se les quiere
por alegrar nuestras Navidades.
Alejandro Fuenmayor.
C.I. 5.850.612. Licenciado en Comunicación
Social.
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