Que
no daríamos los zulianos
para que Ricardo Cepeda no envejezca.
Como hacemos para que su humanidad
permanezca entre los nuestros y
las generaciones de zulianos por
venir puedan vivirlo. Como, Chinata,
para que se le den votos de eternidad
y con cada diciembre emerja coloso
regalándonos eso que en la
gaita llaman tradición. A
quién le pedimos nos acuñe
en monedas de oro sus cantos y podamos
llevarlo en nuestros bolsillos como
se lleva una estampita.
Seguramente podemos hablar largo
de su periplo vital henchido de
zulianidad, de su trayectoria artística
rumbo a los treinta y cinco años,
de su don de gente, talante familiar,
pero ello sólo daría
cuenta de un gaitero excepcional
y burlaría el anhelo de estas
letras: implorar que el último
de los zulianos de los siglos que
vienen conozcan de su existencia,
voz y vigor, ya no desde la ubicua
memoria regional de los tiempos
como desde la fracción de
sol de cada día. Puedan tenerlo
y disfrutarlo entonar Aquel Zuliano,
Sabor Añejo, Mi Nostalgia,
Alguien Canta o Sentir Zuliano.
Quienes celebramos haya nacido,
quedado y repartido entre nosotros
temporada tras otra, le vemos encumbrar
su figura mas allá de estos
días, rompiendo los límites
del olvido y guardándose
para otros que todavía no
conoce. Lo hace, además,
con la humildad del que no sabe
que lo hace.
De donde vienen su voz y su estirpe?
De cual madrugada lacustre atrapó
esos sortilegios con que nos embruja
y embriaga? Como hace para sobrevivir
a las chispas de incandescencia
del Catatumbo relampagueando en
sus cantos? Que gracia le permitió
atesorar tantos sentires zulianos
que luego fecundan en sus gaitas?
Será que además de
zuliano nació enmantillao?
O tiene acaso la sabiduría
primigenia de los primeros que habitaron
la cuenca del Coquivacoa, y la de
aquellos que han hecho de Maracaibo
un estado del alma, un sentimiento,
un latido? Como hizo para robarle
a Cabimas y Lagunillas la savia
telúrica que mana del subsuelo
y alimentar su vena gaitera? Y la
sensibilidad que le es inmanente,
como se la trajo de las nacientes
de los ríos que bajan de
la serranía alta del Guasare
y Perijá?
Tiempo hace que Cepeda dejo de
ser de unos pocos, digamos, de los
suyos. Tiempo hace que es patrimonio
regional, icono de la zulianidad,
propiedad y sentimiento colectivos.
Tampoco, por cierto, se pertenece.
Está llamado a cantar por
siempre las cosas nuestras, la jovialidad
y la trascendencia son sus signos.
Si algún día el Zulia
fuera una épica, Cepeda sería
Virgilio.
Noe González
es Sociólogo y columnista
del diario Panorama. Email: zulianalisis@icnet.com.ve.
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