¿Por
qué a Los Hermanos Zuleta
y no a Guaco? ¿Por qué
un hijo del viejo Mile sí
y Cepeda no?
Cuando saborgaitero.com emergió
con fuerza hacen tres años,
enarbolando la gaita como bandera
regional y producto globalizado
en el espacio digital por donde
discurre gran parte de la vida moderna
de nuestros días, esbozamos
una reflexión sobre la que
hoy volvemos a propósito
del premio Grammy recibido por uno
de los herederos de Francisco El
Hombre. Para ir al grano: ¿Cómo
hacemos para hacer de la gaita un
nicho de producción de riqueza
regional? ¿Es posible hacer
de ella algo más que un canto
pascuero y una de las formas de
la felicidad que tenemos los zulianos?
¿Será que puede ser
en los próximos años
una industria cultural, artística
y comercial exitosa, como hoy lo
es el ritmo hermano de acordeón,
caja y guacharaca? Seguramente no
aspiramos a estar por encima, pero
tampoco queremos ser menos.
Y es que, nuevamente al grano:
han de crearse las condiciones para
que la gaita como producto musical,
evento artístico y hecho
económico, pueda construir
un circuito de generación
de riqueza en todas sus acepciones,
un círculo virtuoso de agregados
cultural, comercial y profesional
que al unísono potencien
la creación gaitera, generen
un producto de calidad susceptible
de venta en latitudes vecinas y
sea un hecho rentable, más
de lo que pudiera ser en estos momentos
para algunos. Esto puede favorecer
enormemente la identidad regional
y evitar ser barridos por las fuerzas
homogenizadoras de la globalización
sin cerrarnos a ella.
El vallenato cuenta con adalides
y promotores que la han potenciado
– suficiente con citar la
carta de García Márquez
solicitando a la organización
del Grammy una categoría
especial para los premios que se
otorgan a la música latina,
diciendo entre otras cosas, “toda
la vida el vallenato me ha hecho
feliz”- pero no ha llegado
a donde está a fuerza de
lobby. Ha habido toda una evolución
temática, protección
institucional mediante diseño
de reglas de juego y estrategia
comercial, que han hecho de Valledupar
el epicentro de todo un movimiento
musical y el quehacer artístico
que gravita a su alrededor, y que
en toda la cuenca del Caribe ha
desplazado a la otrora poderosa
salsa. Obviamente, nadie en las
tierras del río Cesár
y las provincias vecinas se lamentan
de ello; antes bien, están
muy complacidos por lo que genera
en rentas y en carta de presentación
ante el mundo.
No es poco el avance en apoyo gubernamental
a la gaita y al gremio gaitero especialmente
en estos últimos años.
Pero llegados al estadio en el que
estamos, deberíamos revisar
si no deben las autoridades regionales
diseñar una política
institucional que trace unas reglas
de juego que auspicie temporada
tras temporada el quehacer gaitero
como manifestación de zulianidad,
género musical y hecho económico.
Decimos política institucional;
no otro premio. La actuación
de los poderes públicos hasta
ahora se reduce a la promoción
mediante el incentivo mercantil
que suponen los premios. Pero ya
no se trata solo de eso. La gaita,
desde nuestra perspectiva, demanda
un marco institucional de actuación
que regule y potencie su calidad
y enriquecimiento, la renovación
temática según sean
los espacios de imbricación
identificados de nuestra especificidad
como pueblo en estos tiempos modernos,
la experimentación aprovechando
las infinitas posibilidades alcanzadas
desde la tecnología musical,
y el aprovechamiento del aprendizaje
venido del encuentro con otras culturas
y géneros. Es obligación
de los gobiernos fortalecer todas
las ventajas y fortalezas regionales
que nos identifican como pueblo
ante la avalancha globalizadora,
siempre de cara al futuro y no amarrados
al pasado. El tema a nuestro juicio
no es de poca importancia y ya deberían,
entidades como la Universidad del
Zulia, por ejemplo, si se comparten
estos criterios y preocupaciones,
estudiar y plantear al gobierno
regional un conjunto de iniciativas
que confluyan en una política
de estado ante el hecho gaitero.
Reafirmamos, además, nuestra
convicción de que este espacio
abierto por León Magno y
su equipo de trabajo permanece como
una vanguardia en la búsqueda
y construcción de tales escenarios
cuyos mejores días están
por venir.
Noé González |