Soy
un hombre convencido que la gratitud
constituye un valor esencial en
el desarrollo humano y crecimiento
espiritual de las personas. Por
ello, quiero dar mis eternas gracias
a Dios por permitirme esta magnífica
oportunidad de sebastiana celebración
y como zuliano que soy, para relatarles
hechos históricos que conforman
la personalidad de nuestra capital
como consecuencia de su navegar
por los diversos periodos que ha
transitado y su vinculación
de fe religiosa que se tradujo en
el culto a San Sebastián,
su patrono, en la época colonial
y republicana. No sin antes agradecer
la existencia de sendas fuentes
documentales de consulta que se
resumen en las obras de Juan Besson
en su “Historia del Estado
Zulia”, Adolfo Romero Luengo
“En Maracaibo… Un poco
de historia”, Gustavo Ocando
Yamarte en “Historia del Zulia”,
el invalorable Diccionario General
del Zulia de Luis Guillermo Hernández
y Jesús Ángel Parra,
además de escritos de Alberto
Moreno Urribarrí y el informe
que presentara el doctor Domingo
José de Rus ante las cortes
del reino español en su rol
de diputado de la Provincia de Maracaibo.
Sirvan pues estas palabras, para
que el común interesado o
interesada pueda comprender las
individualidades y modo de ser del
marabino, maracaibero o simplemente
del maracucho.
Al iniciar mis palabras en ocasión
de celebrarse el día de San
Sebastián, santo patrono
de la ciudad de Maracaibo, quiero
invitarlos a que volvamos nuestras
miradas a las páginas de
la historia, a ese pasado que inexorablemente
por las diversas circunstancias
que motivan los seres humanos, trascienden
en el tiempo y el espacio para traducirse
en diversos fenómenos políticos,
económicos, sociales, culturales,
religiosos, geográficos,
ambientales y militares, los cuales
bajo la sombra del conflicto humano
se desplazan a través de
un eje que se dirige desde las más
sana convivencia de paz social hasta
la más grave situación
en el aspecto político: el
conflicto armado.
La historia de los pueblos es lo
que permite entender, comprender
e internalizar en su esencia de
donde venimos, quienes somos y hacia
donde queremos ir. El desinterés
por estos temas hace tarea compleja
para nuestras generaciones y quizás
para las futuras, contestar las
preguntas básicas, casi infantiles
que nos ponen a dudar, del por qué
Maracaibo se encuentra ubicada aquí
en esta planicie que pocos atractivos
ofrecía a la caprichosa administración
de los Welseres, grupo de origen
alemán que era utilizado
por la corona española para
fundar comarcas en estos lares por
ella descubierta; el por qué
de su economía; el por qué
del desarrollo de su sociedad; el
por qué del particular estilo
del zuliano, especialmente el marabino
que siente a su tierra con un orgullo
sui generis, y tal vez, el por qué
tenemos de patrono a un santo mártir
natural de Carbona, Francia, criado
en Milán, Italia, que se
rebeló contra el imperio
romano por una sencilla creencia
de amor al prójimo.
En estos escenarios caracterizados
por los factores ya citados, ha
sido el transitar y devenir, de
esta querida ciudad fundada a mi
juicio, por los verdaderos y primeros
pobladores descendientes de los
arawak: los onotos, aliles, zapara,
ambaes, sinamaicas, toas, tansares,
parautes y cocinas, en cualquier
fecha de nuestro pasado antiguo
histórico; de esta ciudad
de Alonso Pacheco llamada Nueva
Ciudad Rodrigo de la laguna de Maracaibo;
de esta misma ciudad Nueva Zamora
de la laguna de Maracaibo de Pedro
Maldonado y de esta ciudad nuestra
Maracaibo, la de los zulianos, la
de los marabinos, nuestra tierra
del sol amada.
Todo comenzó cuando Alonso
de Ojeda a finales del siglo XV
se consigue con el mayor reservorio
de agua dulce de tierra conocida
hasta entonces el 24 de agosto del
año 1499, explorando su magnífica
belleza y fundando la primera ciudad
del Zulia, al norte de la península
de la Goajira en lo que hoy se encuentra
el hito número 1, Santa Cruz
de Castilletes, así llamada
por las formaciones rocosas erosionadas
de sus costas que asemejan unas
torres de castillos, pero motivado
a lo hostil de la zona fue abandonada
cuatro meses después de su
fundación.
Teniendo en consideración
las referencias escritas del pionero
Alonso de Ojeda y en el afán
de fundar comarcas en tierras recién
descubiertas por la civilización
europea, se inicia una exploración
durante el año 1529 al mando
de Ambrosio de Alfinger, no con
la finalidad de iniciar un poblamiento
en esta área que evidentemente
ya existía por la gente del
Cacique Mara, sino con la intención
de buscar salidas hacia el Nuevo
Reino de Granada a través
del lago y el río Zulia hasta
Pamplona para garantizar vía
de comunicación estratégica
para la extracción de materia
prima de relevante valor hacia Europa
y facilidad de enlace con la gobernación
de Venezuela. Al no conseguir condiciones
favorables para su empresa, finalmente
se asienta en los alrededores de
lo que hoy conocemos como el sector
Los Haticos, un 8 de septiembre
y establece una suerte de base de
operaciones para no comprometer
la distancia de apoyo logístico
con Coro y continuar posteriormente
con las operaciones expedicionarias.
Alfinger fracasa en su misión
al morir en el año 1533 producto
de la arremetida de los indígenas
que habitaban en la sierra de Perijá,
quienes pudieron percibir las verdaderas
intenciones de los pioneros europeos
y no estuvieron dispuestos a entregar
sus tierras, sus mujeres ni sus
hijos. Es así como definitivamente
después de encarnizados combates
y las condiciones hostiles del terreno,
Maracaibo es abandonada en 1535.
El interés por repoblar
y consolidar el sitio de ocupación
original, lleva a Alonso Pacheco
cuatro décadas después,
a partir desde la ya asentada ciudad
de Trujillo para ocupar y refundar
la ciudad en el año 1569.
Las causas anteriores obstaculizan
las pretensiones de la corona española
y en 1573 se abandona nuevamente
la empresa expedicionaria.
Finalmente, al año siguiente,
1574, Pedro Maldonado logra ubicar
un sitio en los alrededores del
sector La Cotorrera y consolida
lo que se convertiría a la
postre en la ciudad de Maracaibo.
Ahora bien, la secuencia de eventos
y la insistencia en poblar esta
área, nos remite a formular
una primera interrogante ¿por
qué poblar esta zona a pesar
de no ofrecer los atractivos topográficos,
fuentes de agua potable y ríos
cercanos, oro y piedras preciosas?
A mi juicio y respetando a los analistas
e historiadores académicos,
en primer lugar, por el desconocimiento
de la existencia de importantes
recursos naturales como el petróleo
y el carbón, los cuales fueron
relatados en 1876 por el general
Wenceslao Briceño Méndez,
notable ingeniero, geólogo
y geógrafo venezolano en
un documento extraordinario haciendo
referencia a la riqueza de la cuenca
lacustre. En segundo lugar, estas
acciones se justificaban por la
percepción de los sucesores
de Alfinger, del valor estratégico
por la ubicación geográfica
de este punto, que permitía
iniciar operaciones portuarias y
facilitarían el comercio
de las poblaciones a ser fundadas
posteriormente en torno a la cuenca
del lago de Maracaibo. Pero fíjense
compatriotas zulianos bajo qué
costo se inició esto: posiblemente
con la sangre de centenas de los
pueblos de los caciques nigale y
mara.
Permítanme pues, hacer un
paréntesis para comentarles
aspectos de esta época de
insistente ocupación colonial,
donde se tiene conocimiento según
fuentes documentales, académicas
y literarias del culto a San Sebastián;
noble y particular militar romano
que es tocado por la doctrina del
cristianismo y en acto de heroicidad
dedica su vida a la protección
de los cristianos en tiempos del
emperador Dioclesiano. Como capitán
de la primera corte de la guardia
pretoriana se distingue por sus
cualidades personales, disciplinado
y con un alto sentido de bondad
que se traduce en su vida apostolar
al servicio de Cristo en forma encubierta
hasta que Maximiano, colaborador
del emperador, lo obliga a escoger
entre ser su soldado o mantener
su actitud bondadosa. La respuesta
no se hizo esperar al cambiar la
espada y la lanza, armas de la muerte,
por las armas de la vida, el amor
y la bondad. Decepcionado el emperador,
lo condena a morir asaeteado por
los arqueros de Mauritania, atado
a un árbol y creyéndolo
muerto sus verdugos lo abandonan
siendo recogido por sus hermanos
de culto quienes perciben signos
vitales en su cuerpo y en su rostro
una leve sonrisa que reflejaba su
paz espiritual, dejándolo
al cuidado de una noble cristiana
romana llamada Irene, hasta su total
recuperación.
Profundamente convencido de la
palabra de Cristo, reinicia su labor
preconizadora cuando es descubierto
por las tropas romanas quienes lo
presentan ante el emperador Dioclesiano.
Sorprendido de su presencia por
creer que había muerto, lo
increpa nuevamente y Sebastián
lo desafía reprochándole
su política de persecución
a los hermanos cristianos, afirmación
esta que lo condena nuevamente a
muerte haciéndole apalear
hasta morir en el hipódromo.
Sus ejecutores lo lanzan a una cloaca,
pues temiase que los cristianos,
sabiendo el lugar donde estaba,
le rindieran honores por medio de
los milagros para convertirse en
fieles de Cristo. La matrona Lucina
logró rescatar el cuerpo
y sepultarlo en la Vía Apia
a los pies de los apóstoles
Pedro y Pablo en la célebre
catacumba que lleva el nombre de
San Sebastián.
El culto de San Sebastián
es muy antiguo, propagándose
por toda Europa a principios del
siglo séptimo, además
es llamado el Apolo cristiano ya
que es uno de los santos mas reproducidos
por el arte en general. La veneración
por sus hechos heroicos se extendió
rápidamente a toda la comunidad
cristiana y fue invocado de modo
especial contra epidemias y pestes.
Como las flechas eran símbolos
de epidemia y pestilencia, y Sebastián
había logrado vencerlas,
desde entonces fue el patrono de
los arqueros. Los primeros cristianos
de Roma perseguidos llegan a las
islas del Mediterráneo y
traen con fe cristiana su devoción
al mártir.
Además de existir las evidencias
sobre su culto y devoción
en el mundo cristiano antes del
primer intento de poblamiento de
esta zona por Alfinger, no sería
extraño suponer que la población
creyente proveniente de la península
y otros territorios insulares conocieran
del culto y devoción propagada
por la comunidad cristiana en la
Europa de entonces y en su afán
de conseguir la paz y sosiego ante
las arremetidas de las epidemias,
pestes y de las flechas de los indígenas
en sus continuos ataques, acudieran
al poder milagroso del santo mártir
en procura de protección.
Estas rogativas tienen su fruto
cuando en el año 1799 y 1844
la ciudad logra salvarse de la epidemia
de la peste negra. Igualmente existen
versiones de la existencia de una
cofradía formada por un grupo
de damas, las cuales se reunían
para elevar sus oraciones y solicitar
protección a los continuos
ataques de las flechas de los aborígenes.
Es de hacer notar que pudo tener
influencia en nuestras tierras los
acontecimientos entre los años
1522 y 1523 en la Ciudad de Palma,
que sufrió el azote de una
inclemente peste y específicamente
en el año 1523, cuando casualmente
el Arcediano de Rodas, Miguel Suriavischi,
lleva una parte del brazo de San
Sebastián, reliquia insigne
que queda en la Catedral de Palma
y por el incremento de su devoción,
la autoridad civil proclama a San
Sebastián como patrono de
la ciudad en gratitud por lo favores
recibidos.
Otras evidencias encontradas en
el Colegio Nacional que había
sido propiedad de los frailes franciscanos,
describen un cofre empotrado en
una pared conteniendo en su interior
una letra y música en caracteres
gregorianos de una gaita en honor
a San Sebastián que data
del año 1660.
La feliz coincidencia de fechas
entre la refundación de Maracaibo
como la Nueva Ciudad Rodrigo por
Alonso Pacheco un 20 de enero y
la consagrada por la iglesia para
honrar la memoria de San Sebastián,
fue motivo suficiente para que se
designara como patrono de Maracaibo,
y desde entonces hasta el año
1965 la municipalidad de Maracaibo
celebraba el día de la ciudad
y el de su santo patrono en la fecha
antes mencionada. El resultado de
la investigación del Centro
Histórico del Zulia para
determinar la fecha verdadera de
la fundación de la ciudad
y el nombre del fundador, hace que
a partir del 24 de agosto de 1965,
en ocasión de la celebración
de los 466 años del descubrimiento
del lago de Maracaibo, se celebre
por separado el día 8 de
septiembre para la ciudad y el día
20 de enero para el santo patrono.
Suficientes razones y hechos ocurridos
relacionados al culto de San Sebastián,
evidencian que nuestros antepasados
marabinos colocaron su fe y esperanza
en el santo mártir trascendiéndola
hasta épocas postrimeras
mientras la ciudad se viera asediada
de amenazas reales y potenciales
que comprometiera su protección.
Lo cierto es, que por lo expuesto
hasta ahora y quizás por
imposiciones religiosas e influencias
reales, nos podríamos responder
una segunda pregunta ¿el
por qué San Sebastián
se convirtió en el patrono
de la ciudad de Maracaibo?
Continúan la secuencia de
eventos, hechos que influyen en
el desarrollo de Maracaibo y en
el transcurso de los siglos siguientes
XVII y XVIII, época de la
colonia, entre el año 1600
y 1622, los indígenas kirikires,
eneales, aliles y barí expresaron
su rechazo destruyendo asentamientos
fundados en torno al lago y sublevándose
en contra el proceso colonizador.
Como parte de la misión
evangelizadora, se inicia en el
año 1669 la construcción
del Convento de San Francisco, ubicado
en la actual Plaza Baralt. Ya en
el año 1678, Maracaibo comienza
a tener relevancia y se convierte
en la capital de la provincia de
Mérida.
Como hecho religioso importante,
ocurre la aparición de la
Virgen de Chiquinquirá en
la casa de una anciana que habitaba
a orillas del lago, en las cercanías
de la actual avenida El Milagro.
Debe a ello su nombre; y se convierte
a la postre en paradigma de devoción
y fervor religioso para la ciudad.
Creada la Capitanía General
de Venezuela el 8 de septiembre
de 1777, y según disposición
de la autoridad metropolitana en
la real cédula del mismo
año, la provincia de Maracaibo
tiene límites propios que
la identifican geográficamente
con la cuenca del lago de Maracaibo.
A finales del siglo XVIII, los
antagonismos de la sociedad colonial
en la ciudad, así como el
esquema monopólico del absolutismo
español imperante generan
una depresión económica
en el circuito comercial en torno
al lago de Maracaibo, que a pesar
de la práctica del libre
comercio a las Antillas y la presencia
del real consulado no logran superarse.
Con este panorama se crean condiciones
favorables para recibir, por la
excelente ubicación estratégica
de Maracaibo y su conexión
con el mar Caribe, los aires liberales
que se gestaron en Francia, Estados
Unidos, Haití y secuelas
de las luchas raciales en las Antillas.
Se tiene conocimiento que en Maracaibo
se fraguó una conspiración
en el año 1799 orientada
a despojar a los blancos peninsulares
del poder económico-social
que poseían
Con todos estos hechos importantes,
la ciudad se introduce al siglo
XIX, época de luchas independentistas
del dominio español, que
tienen su máxima expresión
durante el año 1821, con
la gloriosa Batalla de Carabobo,
el 24 de junio, y consolidándose
dos años después aquí
mismo, al frente de este lugar espectacular
en la Vereda del Lago, con la Batalla
Naval del lago de Maracaibo el 24
de julio de 1823, donde los almirantes
José Prudencio Padilla, Manuel
Manrique y la actuación ejemplar
del teniente de navío Pedro
Lucas Urribarrí, derrotaron
a la flota realista.
Maracaibo no atiende el llamado
del grito de independencia del resto
del país que se inicia el
19 de abril de 1810 que se reafirma
con la declaración de la
misma el 5 de julio de 1811. En
1821, el Zulia se adhiere al proyecto
bolivariano de la Gran Colombia,
convirtiéndose en el departamento
Zulia, del cual nuestro general
en jefe Rafael Urdaneta fue senador,
pero los últimos vestigios
de las tropas realistas que permanecían
en la Venezuela después de
Carabobo, logran vencer a las fuerzas
republicanas en el año 1822
a la altura de Los Puertos de Altagracia,
actual municipio Miranda y obligan
a Maracaibo a reintegrarse a la
provincia de Venezuela, pero gracias
a las acciones militares posteriores
y la gran victoria de la Batalla
Naval, se logra la capitulación
del gobernador realista de Venezuela,
Francisco Tomás Morales,
el 3 de agosto de 1823, hecho acaecido
en la casa situada a la margen izquierda
de la actual sede de la Gobernación
del Estado Zulia.
Para consolidar la unión
de la Gran Colombia, Simón
Bolívar visita por segunda
vez a Maracaibo el 16 de diciembre
de 1826, la cual se encontraba amenazada
por el movimiento separatista La
Cosiata, liderado por José
Antonio Páez, y en 1831 se
materializa la disolución
de la Gran Colombia siendo Rafael
Urdaneta su último presidente.
Tiene impacto en la zona la pérdida
de terreno venezolano tras ocurrir
en 1833 el hecho diplomático
relacionado con la frontera con
Colombia en la península
de la Goajira con el tratado Michelena-Pombo,
error imperdonable de rechazar dicho
acuerdo para aceptar otro que representó
mayor perdida de terreno para la
república.
Durante los años de la guerra
federal entre 1859 y 1862, Maracaibo
llega a controlar el comercio del
resto de los pueblos lacustres y
algunas localidades venezolanas
de Los Andes, Barinas, Carora, Apure
y Coro. Igualmente controla el comercio
de ciertos pueblos colombianos como
Cúcuta, Pamplona, Valledupar
y Riohacha.
Finalizada la Guerra Federal se
suceden eventos políticos
que inciden en el desarrollo de
Maracaibo: en 1863 Venancio Pulgar
y Jorge Sutherland declaran la independencia
de la provincia de Maracaibo, separándola
del gobierno central.
El gobierno central representado
por Antonio Guzmán Blanco
ejerce algunas acciones para controlar
el desarrollo del estado Zulia,
entre ellos, en 1875 se cierra durante
tres años la aduana de Maracaibo
y en 1881 elimina al Zulia como
estado independiente uniéndolo
a Falcón para crear el estado
Falcón-Zulia hasta el año
1890.
Con la llegada del siglo XX se
sucede el bloqueo a los principales
puertos de Venezuela por parte de
Inglaterra, quizás la no
posibilidad de entrada de los barcos
ingleses a la barra de Maracaibo
impidió un ataque a la ciudad,
igual suerte no ocurrió en
San Carlos, cuyo castillo fue bombardeado
sin piedad e incendiado el pueblo
en general por el acorazado alemán
Viñeta en 1903.
Mientras el mundo europeo se inmiscuía
en la primera guerra mundial, la
naturaleza quiso que de esta tierra
zuliana brotara desde sus entrañas
un recurso natural que dio inicio
a la actividad petrolera en 1914
con la exploración del pozo
Zumaque 1, convirtiéndose
posteriormente, con el reventón
en 1922 del pozo Barroso 2, en Cabimas,
en la principal actividad económica
del país con repercusión
mundial en la producción
petrolera. Dicha actividad va a
ser determinante en el devenir de
Maracaibo hasta nuestros días.
Son tiempos del general Juan Vicente
Gómez y Maracaibo sufre los
embates de la gripe española
y la naturaleza entre los años
1918 y 1919, impactando en la muerte
de centenas de zulianos a consecuencia
de ello.
Sobrevienen los momentos de cambios
políticos del país
y la modernidad abre sus puertas
para dar paso a la construcción
del Puente General “Rafael
Urdaneta”, que permite unirnos
vía terrestre con el resto
del país, y las principales
remodelaciones arquitectónicas
comienzan a aparecer en el área
urbana de la ciudad. Ya en los años
noventa, el estado Zulia por vez
primera supera en población
a la capital de la república.
Tal vez pudiéramos pasearnos
por la inquietud de conocer por
qué al final nuestra ciudad
se designó con el nombre
de Maracaibo. Versiones varias surgen
de la leyenda del audaz y valeroso
Cacique Mara, quien cae abatido
en recia batalla contra las tropas
de Ambrosio Alfinger y sus seguidores
consternados gritaban “Mara
cayó, Mara cayó”,
que por distorsión fonética
dio origen a la palabra Maracaibo.
Esta versión quizás
es una versión hermosa y
heroica en honor al intrépido
cacique. Lo mas acertado lo constituye
el hecho que ya existía un
poblado indígena con el nombre
de Maracaibo, tal cual como se encuentra
registrado en el mapa de Alonso
de Chávez de 1525 y fue tomado
como referencia por Alfinger quien
no reparó en cambiar su nombre.
Así mismo se pueden constatar
en los escritos de Fray Pedro Simón
titulado “Noticias historiales
de la conquista de tierra firme
de las Indias Occidentales”,
la cita de un cacique llamado Maracaibo
de quien quedó el nombre
de la nueva Zamora. En su informe
a las cortes del reino español
presentado por José Domingo
de Rus, refiérese también
a la pequeña ciudad de Maracaibo,
pero el léxico de los filibusteros
corrompió el nombre propio
en “Marecaye”. Ocurre
también que las voces “Maracayar”,
“Marcayarmbo”, en lengua
guaraní, predominante entonces
en estas tierras y dominios del
Cacique Mara y que se aproxima fonéticamente
a “Mara-cayó”
significan “mano de tigre”,
oportuno para que este poderoso
jefe acogiera este nombre por ser
costumbre de los indígenas
ponerse nombre de animales. En una
investigación adelantada
en entre los años 1930 al
1935, por el profesor Pérez
Piñango, director del Instituto
de Ciencias Naturales de Maracaibo,
se encuentra que el vocablo “Mara”
significa serpiente cascabel y la
voz “Iwo” traduce el
lugar o sitio donde abunda. Así
que “Mara-Iwo” al ser
pronunciado frecuentemente por el
indígena deja escuchar una
“k” intermedia por el
corte intersilábico propio
de las lenguas goajiras. De tal
forma que para identificar el sitio
o lugar donde abundan las serpientes
de cascabel por los aborígenes,
lo denominaban “Maracaibo”.
En conclusión, lo importante
es que el nombre que trascendió
y quedo firme en el sentimiento
de los zulianos y marabinos fue
el de Maracaibo.
Vivimos ahora el pujante presente
que forja la ciudad con su pintoresco
folclor, costumbres y cultura, con
una sociedad heterogénea
que se ha acuñado en esta
ciudad producto del contagio de
la singularidad del marabino. Ya
Maracaibo no está amenazada
por epidemias y pestes, ni por la
arremetida de los aborígenes
que defendían sus tierras,
tampoco por la acción de
los piratas de mar que asechaban
los puertos florecientes.
Sobre la ciudad se ciernen nuevas
y sofisticadas amenazas que imitan
o asemejan las acciones colonizadoras
de la antigua provincia de Maracaibo.
Tenemos el orgullo de haber consolidado
la independencia política
de Venezuela en la gloriosa Batalla
Naval del Lago de Maracaibo y haber
sorteado las diversas vicisitudes
ante los diferentes y cambiantes
escenarios políticos, económicos,
sociales y militares. Maracaibo
se encuentra insertada dentro de
un concierto de estado-nación,
donde su aporte al producto interno
bruto es de consideración,
su particular desarrollo humano
y económico influyeron en
la conformación de su definida
personalidad que nos hace un tanto
diferentes del resto del país
y lo expresamos en ese regionalismo
que en su mejor y sana comprensión,
no es otra cosa que la defensa de
lo nuestro, de nuestra cultura,
de nuestro folclor, de nuestra forma
de hablar, es el respeto a nuestros
indígenas y sus costumbres,
verdaderos fundadores de esta urbe
maravillosa y contagiante, es la
expresión de no permitir
inherencias de orden internacional
que socaven la soberanía
de un pueblo que vio su nacer en
esta topografía el nombre
de la Pequeña Venecia. Un
regionalismo aislado dentro de un
contexto y proyecto de país,
es una actitud contraria a un colectivo
nacional, es secesión, es
separatismo. La historia mundial
ha recogido las malas experiencias
de aislamiento y secesión
que obstaculizan los conceptos de
integración, cooperación
mutua y valores de los pueblos.
Somos cada uno de nosotros, los
dignos herederos del legado de nuestros
antepasados y de esa heterogeneidad
de razas, los que debemos entender
que el colectivo supera los intereses
particulares o de grupos minoritarios.
Somos los llamados, con nuestra
participación proactiva,
a abrir los caminos de luz, de esperanza,
en la búsqueda de soluciones
formuladas sobre las diferencias
existentes, en el desarrollo y consecución
del país que se encuentra
dibujado en la actual constitución
de la República Bolivariana
de Venezuela.
En ocasión de la inauguración
de esta útil y oportuna Estación
Central de la Fundación Tranvía
de Maracaibo que nos retrocede en
el tiempo para rememorar el sistema
de transporte de la antigua ciudad
y de gran valor turístico,
quiero invocar al espíritu
de los caciques Mara y Nigale; la
fidelidad, lealtad y patriotismo
del general en jefe Rafael Urdaneta;
la valentía y arrojo de los
almirantes José Prudencio
Padilla, Manuel Manrique y del Teniente
de Navío Pedro Lucas Urribarí,
al sentimiento regional sano de
los marabinos de bien que han aportado
sus vidas e intelecto en pro de
la ciudad, a la protección
divina y milagrosa de nuestro santo
patrono San Sebastián, y
lo más importante, a la voluntad
de todos nosotros, nacidos o no,
en esta planicie para unir esfuerzos
aunque disímiles para que
continuemos expresando a los cuatro
vientos y con orgullo zuliano que
Maracaibo es la primera ciudad de
Venezuela.
Muchas gracias a todos por su atención. |